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Verano: cómo organizarnos en vacaciones II

Siguiendo con el tema del post de la semana pasada hoy os hablaré sobre cómo organizarnos en vacaciones sin estresarnos, en esta ocasión centrándome en estudiantes y personas adultas, tengan o no pareja, que no tengan hijos. Si tienes hijos y quieres saber cómo puedes organizarte puedes leer el post anterior en el que me centraba en el caso de las personas con hijos.

En estas fechas, habrá muchos que ya tengáis las vacaciones reservadas para ir a la playa, de turismo cultural o cualquier otro tipo de vacaciones. Eso es bueno, ya que en esos días seguramente ya tengáis más o menos organizado lo que váis a hacer. Sería bueno también que los planes sean hasta cierto punto flexibles y que contéis con un segundo plan por si el tiempo no es como esperábamos o no podemos realizar alguno de los planes porque no haya plazas en esa actividad, por ejemplo.

En el caso de los estudiantes (desde los adolescentes hasta los estudiantes de estudios superiores), el verano supone un cambio bastante importante en sus rutinas. Por un lado, pueden disfrutar de un tiempo de descanso; pero por otro lado, a veces pueden aburrirse o frustrarse porque en verano se desestructura un poco su vida. En algunos casos, hay quienes aprovechan el verano para trabajar durante un par de meses en los trabajos temporales que surgen en esta época y así ganan un poco de dinero para algún capricho que tengan. Sea cual sea vuestra situación hoy os vamos a dar algunos consejos para poder disfrutar al máximo del verano, aprovechando el tiempo y sin agobiarnos.

Llega el verano, ¿qué podría hacer?

Como ya he dicho habrá muchos que tengáis reservadas vuestras vacaciones en algún hotel, camping o apartamento. Esos días probablemente ya los tengáis más o menos organizados, bien tengáis un plan de relax en el que no tengáis planificadas actividades concretas, bien sean unas vacaciones culturales con visitas a museos o aprendiendo sobre el lugar al que vayáis o cualquier otro tipo de vacaciones que os guste. Sí que os recomiendo tener un "plan B", por lo que pudiera pasar, aunque sin complicarnos mucho.

Sin embargo, esos días de vacaciones, para la mayoría suelen ser una semana o 10-15 días con lo que aún queda mucho verano y tiempo libre. Aquí el resto del verano tendréis que organizarlo un poco en función de vuestro caso concreto en cuanto al horario de trabajo, las obligaciones personales y, si vuestros planes implican a otras personas, de sus horarios.

  1. Si vuestro horario se mantiene durante el verano: Seguramente mantendréis vuestras rutinas habituales tanto de comidas, como de sueño y de actividades. En este caso os recomendaría que, ya que disponemos de más horas de luz y generalmente buen tiempo, aprovechéis para introducir en vuestras rutinas actividades deportivas (puede ser sencillo como ir a andar/correr o apuntarte a algún curso que hagan cerca de donde vives). Tanto el bueno tiempo como hacer deporte nos ayuda encontrarnos mejor a nivel psicológico, así que haced un esfuerzo porque os compensará. Además, es importante que nos os olvidéis de vosotros mismos y os dediquéis algo de tiempo cada día. Esto mismo aplicadlo a vuestras relaciones sociales, al menos una vez por semana (sé que a veces no es posible si tenéis mucho trabajo o no coincidís) intentad quedar con vuestros amigos o familiares aunque sea para tomar un café.
  2. Si tenéis un horario reducido o intensivo y sólo trabajáis de mañana o de tarde: Aprovechad vuestras mañanas o tardes libres para introducir las actividades que os decía. Además si tenéis más tiempo disponible podéis aprovechar para buscar nuevas actividades que os resulten interesantes, podéis retomar esos proyecto que quedaron de lado (del tipo que sean), dedicar tiempo a algún hobby que tengáis un poco abandonado o aprender algo nuevo (idiomas, manualidades, etc.). Igual que en el caso anterior no os olvidéis de vuestro tiempo personal y del tiempo con amigos y familiares.
  3. En cuanto a los estudiantes que no trabajéis en verano: Podéis aprovechar esta época para disfrutar más tiempo estando con los amigos (si no están de vacaciones), organizar algún viaje o excursiones de uno o dos días con vuestros amigos o también organizar alguna cena o actividad en vuestras casas si tenéis esa posibilidad. Igual que en los casos anteriores sería bueno reservar un tiempo para vosotros mismos y para hacer deporte, porque os ayudará a sentiros mejor. Además, sería bueno crear una rutina en cuanto a los horarios. Aunque la hora de levantaros sea más tarde (y más flexible) sería bueno levantaros más o menos todos los días a la misma hora, hacer las comidas aproximadamente a la misma hora y acostaros a la misma hora. Habrá días que obviamente haya excepciones porque salgáis por la noche o tengáis algún plan especial. Hay que ser un poco flexibles, pero si intentamos mantener esas rutinas, nos ayudarán a descansar mejor y también de cara al nuevo curso nos ayudarán a adaptarnos mejor.
  4. Los estudiantes que trabajéis en verano: Estaría bien organizar vuestros horarios, en algunos trabajos no es posible saber con mucha antelación los horarios y eso dificulta la organización, aunque os recomiendo organizaros en cuanto sea posible. Igual que los demás casos, lo ideal es tener un tiempo para nosotros mismos, otro tiempo para estar con amigos y otro para actividades deportivas. Dependiendo de los horarios de trabajo que tengáis tendréis que reorganizar un poco vuestras vidas durante el verano, pero es importante que descanséis bien y las horas necesarias.

¿Cómo afronto los problemas en verano?

En verano uno de los problemas que tenemos es el calor. Las altas temperaturas que se dan durante el verano nos afectan, por un lado el calor nos hace sudar, algo que normalmente nos incomoda. Esto todavía lo notamos más si nuestro trabajo o las actividades que realizamos nos suponen un esfuerzo físico. La consecuencia del sudor es que tenemos que ducharnos con mayor frecuencia y lavar la ropa más a menudo, ambas tareas nos quitan tiempo. Por otro lado, las noches calurosas nos impiden descansar bien, ya que es probable que nos despertemos o que nuestro sueño sea más inquieto durante la noche.

Quiero compartir con vosotros una serie de medidas que podemos tomar para combatir el calor. Para algunos resultará más fácil que para otros seguir estas pautas, ya que depende de vuestra propia situación (laboral, planes en el tiempo libre, etc.):

  1. Evitar las horas en las que el sol es más intenso y, salvo que estemos en la piscina o la playa tomando el sol y bañándonos en el agua, evitar en la medida de lo posible el sol directo (principalmente en la cabeza).
  2. Beber agua con frecuencia, de forma que repondremos la que perdamos con el sudor.
  3. En cuanto a la comida, lo mejor es evitar las comidas muy contundentes y decantarnos por comidas más frescas como verdura o ensaladas. La fruta también es muy buena, ya que gran parte de las frutas, aparte de ser un alimento más ligero nos aportan agua, que nos ayudará.
  4. Utilizar ropa fresca y ligera, usando siempre el protector solar en las zonas que quedan al descubierto (es importante no olvidarnos de la cara y las manos, que son las zonas que más expuestas al sol quedan).
  5. Ventilar la casa en el momento en que haga una temperatura más fresca (normalmente a primera hora de la mañana o por la noche). Durante el día, sería bueno mantener dentro de lo posible las persianas bajadas. Con estas dos pautas evitaremos que la casa se caliente en exceso y nos ayudará a dormir mejor.

Una vez aplicados estos consejos podremos encontrarnos mejor tanto física como psicológicamente. Sin embargo, otro problema que puede surgir en verano es un aumento de conflictos con la pareja o la familia ya que habitualmente disponemos de más tiempo para estar juntos. Lo que yo os aconsejo es que aprovechéis el verano para solucionar los problemas que haya, siempre dialogando e intentando empatizar con el otro.

El verano es un buen momento para abordar los problemas que tengamos, por ello pensad un poco en qué os causa malestar y dedicad algo de tiempo a buscar soluciones. Si es un problema personal como ansiedad o estrés, pensad en qué necesitáis que cambie y utilizad ejercicios de relajación. Si el problema es con la familia o la pareja: concretad el problema, aclarad vuestros pensamientos y sentimientos al respecto, y luego habladlo intentando hacerlo de forma calmada y reflexionando sobre lo que nos dice el otro, intentando llegar a un consenso (en el que normalmente ambas partes tendrán que ceder en algunos aspectos).

Tanto en el caso de que tengáis algún problema personal como si el problema es con otros, puede que necesitéis dedicarle un tiempo durante varios días para mejorarlo. Por ello, intentad no dedicarle demasiado tiempo cada día de forma que se convierta en una obsesión. Dadle una vuelta, intentad extraer algunas conclusiones y pensad un poco en ellas. Después dejad ese problema a un lado hasta el día siguiente dedicando vuestro tiempo a otras actividades. Ese tiempo de "descanso" os ayudará a ver las cosas con un poco más de perspectiva y cuando lo retoméis os resultará más fácil ver algunas cosas sobre el problema que antes no podíais ver. En cualquier caso, si tenéis varios problemas no intentéis solucionarlos todos a la vez, no va a funcionar y además nos va frustrar con lo que va a ser contraproducente.

Pautas y consejos para pasar un buen verano

Durante este post os he hablado de muchas cosas y de diferentes situaciones personales a la hora de abordar el verano. Así que voy a hacer un pequeño resumen con las principales pautas a seguir para poder disfrutar del verano.

  1. Intentad mantener unas rutinas en cuanto a horarios de comidas, hora de levantarse y acostarse, y de las actividades que vayáis a hacer.
  2. Reservad tiempo para diferentes tipos de actividad: un tiempo para deporte, un tiempo para vuestras relaciones sociales y un tiempo para vosotros mismos.
  3. Los días de vacaciones tened en mente un plan B, por si no fuera posible realizar el plan original.
  4. Intentad dormir la cantidad de horas necesarias, y si vuestra habitación suele tener una temperatura alta adaptad las sábanas y ropa para dormir para no pasar un calor excesivo.
  5. En cuanto al calor podemos combatirlo evitando las horas de sol más intenso y el sol directo, bebiendo agua a menudo, tomando alimentos frescos y ligeros, ventilando la casa en las horas menos calurosas y bajando las persianas, utilizando ropa más fresca y protector solar.
  6. Si aprovecháis el tiempo extra que tenéis para solucionar problemas id uno a uno, abordándolos con calma y sin obsesionaros.
  7. Por último, lo más importante de todo es que aprovechéis el verano para desconectar, descansar y hacer aquello que durante el resto del año no podéis (por no tener tiempo o porque el clima no acompaña).

¡Que disfrutéis del verano!

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Verano: cómo organizarnos en vacaciones

Fin de curso y buen tiempo

Mayo es un mes complicado en cuanto al clima, ya que no solemos saber muy bien qué ponernos cada día. Por la mañana puede hacer frío, pero según pasan las horas puede llegar a subir mucho la temperatura y quizás, llover al final de la tarde. Además, Mayo suele se un mes bastante ajetreado: las familias con niños están ya en el último mes que éstos tienen clases por la tarde, además de que están con los últimos exámenes del curso, igual que los estudiantes universitarios que estos días ya están con exámenes. También en Mayo suele haber muchas comuniones y bodas, y muchas graduaciones de estudiantes. Por todo esto es un mes que nos indica la proximidad del verano, que muchos ya ansían.

Sin embargo, el verano también conlleva una serie de problemas. En el caso de las familias con niños, al no tener éstos clases puede generar un problema en cuanto a quién puede quedarse con ellos, si los padres tienen que seguir trabajando en su jornada laboral habitual. En caso de que en verano tengan una jornada más reducida o intensiva el problema a veces es qué hacer con ellos, ya que tienen libres las 24 horas del día y muchos se aburren rápidamente de las actividades.

Hoy quiero compartir algunos consejos con vosotros para que el verano sea un tiempo en el que podáis disfrutar, descansar y desconectar, evitando los posibles agobios o momentos más estresantes que puede generar la llegada del verano. En el post de hoy me voy a centrar en las familias con niños y en el próximo post en los casos de estudiantes o personas, con o sin pareja, y sin hijos.

Lo primero que tenéis que ver es qué disponibilidad tenéis para poder estar con vuestros hijos. Como hay muchos tipos de familias y cada una tiene un estilo de vida distinto hay que ver las posibilidades si ambos padres trabajan, si es un padre/madre soltero, si los padres están separados, si uno de los padres trabaja pero el otro no, etc. En cada situación aparecerán una serie de problemas y tendrá algunas ventajas. Yo os voy a hablar un poco a nivel general y dando opciones para todos los casos.

¿Con quién se quedan los niños?

Si por la razón que sea no podéis organizar los horarios para que vuestros hijos estén siempre con uno de vosotros hay que buscar quién pueda cuidarlos en esos ratos en los que se quedarían solos. Aquí hay diferentes opciones según vuestra situación familiar y la edad de los niños.

  1. Dejarles con los abuelos: Los abuelos normalmente están deseando pasar tiempo con sus nietos, aquí el aspecto más importante a tener en cuenta es el estado de salud de los abuelos para valorar si pueden quedarse con los nietos unas horas y ver cuánto tiempo es el adecuado tanto para los abuelos como para los niños.
  2. Contratar a alguien: Otra opción es contratar a una persona para que cuide a los niños en casa. En caso de elegir esta opción es importante buscar a alguien que pueda trabajar en los horarios y días que necesitamos, pero también que los niños estén a gusto con esa persona. Para esto cuando hayamos elegido podemos hacer un día de prueba (obviamente pagando por esas horas a la persona), de forma que tanto los niños como la persona cuidadora puedan comprobar si están a gusto y si encajan.
  3. Campamentos de verano y campamentos urbanos: Por un lado (y dependiendo de la edad de los niños) tenemos los campamentos de verano, suelen ser de diferentes duraciones y temáticas. Aquí lo importante es buscar uno en el que los niños encajen por edad y si es de algún tema que a ellos les interese mejor. Por otro lado tenemos los campamentos urbanos, hoy en día hay muchas ciudades que ofrecen este tipo de actividades. Suelen ser habitualmente de menos días de duración y en horario de mañanas. Los tipos de actividad que realizan suelen ser de aprendizaje, deportivos o culturales, y las edad varían en función de cada uno. Ambas opciones son interesantes ya que por un lado nos ayudan a compatibilizar el cuidado de los hijos con el trabajo, y además ellos se divierten y conocen a más niños de su edad.

¿Y el tiempo en el que estoy con los niños?

Es bueno que durante el verano los niños sigan una serie de rutinas a la hora de levantarse y acostarse, las comidas, las siestas (si las hacen), etc. Esto nos ayuda a nosotros a poder organizarnos y a ellos les facilita dormir mejor y sentirse más seguros y tranquilos porque saben lo que toca hacer en los diferentes momentos del día. En el caso de que se queden durante unas horas a cargo de otras personas habría que prepararle a quien vaya a cuidarlos un horario con las rutinas que debe seguir. Habrá días que no se pueda cumplir del todo por lo que hay que tener un poco de flexibilidad en este sentido, ya que siempre nos pueden surgir imprevistos, pero sería importante seguir las rutinas en la medida de lo posible.

Una vez estructuradas las rutinas, y quitando los tiempos de las comidas y de descanso, hay que ver qué se puede hacer en el tiempo libre que queda. Lo ideal es realizar diferentes tipos de actividades, aquí también va a influir mucho la edad de los niños y sus gustos pero hay mucho donde elegir:

  1. Actividades deportivas: Es bueno que los niños hagan ejercicio ya que les ayuda a eliminar esa energía extra que algunos parecen tener en cantidades ilimitadas, les divierte y en muchas actividades deportivas están con otros niños aprendiendo cosas nuevas. El tipo de actividad que hagan depende de nuevo de sus edades, de sus gustos y a veces también de si otros niños pueden quedar con ellos. En cualquier caso, es bueno que salgan a la calle o a la piscina y se muevan en vez de estar en casa tumbados en el sofá.
  2. Actividades culturales: Si los niños tienen la edad adecuada se pueden hacer excursiones y visitar museos. También en algunas ciudades, y uno de los ejemplos es Pamplona, podemos hacer una pequeña investigación y visitar lugares históricos como ciudadelas o puede que castillos u otros edificios interesantes.
  3. Actividades de aprendizaje: Aunque en verano puede que haya menos oferta existen empresas y asociaciones que ofrecen talleres educativos, y si los niños tienen las edades adecuadas también podemos encontrar algunos cursos para hacer en verano por parte de las casas de juventud, piscinas y polideportivos (que suelen ofrecer servicio de ludoteca).

Por último, y que en realidad es lo primero que debemos hacer, sería bueno establecer unas normas para el verano como lavarse las manos o los dientes, salir a horas concretas cuando haya una actividad programada o cualquier cosa que consideremos importante. Además, la mayoría suele salir un tiempo fuera de vacaciones a la playa, al pueblo o cualquier otro lugar, en ese momento es bueno volver a recordar a los niños que esas normas se siguen aplicando en las vacaciones.

Así que ya sabéis investigad si en vuestra ciudad tienen este tipo de ofertas, planificad cómo os vais a organizar y disfrutad del verano y las vacaciones.

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¿Por qué acudir al psicólogo/a?

Durante muchos años se ha visto a la figura del psicólogo/a como alguien a quien acudían sólo aquellos que estaban "locos" o que tenían problemas graves como cualquiera de las enfermedades mentales o trastornos psicológicos que la mayoría conocéis. Sin embargo, poco a poco ese concepto ha ido cambiando. Aunque aún queda mucho camino por recorrer, pero hoy en día hay mucha gente que acude para mejorar algunos aspectos de su vida o solucionar problemas más cotidianos o que se consideran menos graves.

Por eso hoy quiero hablaros de esos temas en los que puede sernos de utilidad un psicólogo/a. En ocasiones podemos llegar a experimentar síntomas, que aunque no se puedan catalogar como trastorno, sí que afectan a nuestras vidas. Entre ellos los más comunes son los relacionados con la ansiedad y el estrés. El origen de estos síntomas puede ser muy variado, pero cuando se mantienen durante un período y nada de lo que hayamos intentado ha servido para mejorar la situación, puede ser un buen momento para acudir a un psicólogo/a que nos ayude a remediarlo.

Otros síntomas comunes son los relacionados con la depresión, como una tristeza profunda que se prolonga en el tiempo, un sentimiento de soledad, de apatía o desmotivación ante cosas que antes nos resultaban gratificantes. Todo esto, si no trabajamos para solucionarlo, nos puede llevar realmente a padecer una depresión. Puede resultar complicado salir de este tipo de situaciones por uno mismo ya que nos faltan la fuerza y las ganas para hacer ese esfuerzo. Por eso es otra buena razón por la que acudir a un profesional de la psicología.

Sin embargo, no hace falta padecer ningún síntoma de este tipo para acudir a un psicólogo/a. Puede que nos encontremos relativamente bien con todos los ámbitos de nuestra vida, pero quizá nos gustaría poder sentirnos más cómodos en ambientes sociales. O quizá queramos mejorar nuestra relación de pareja, ya que de vez en cuando aparecen conflictos que no sabemos muy bien cómo solucionar. Quizá seamos un poco indecisos a la hora de tomar ciertas decisiones y nos gustaría mejorar este aspecto. O Puede que no estemos del todo satisfechos con algunos aspectos de nuestra personalidad y nos gustaría cambiarlos.

Como podéis ver, hay muchos aspectos diferentes en los que un psicólogo/a nos puede ayudar. Algunos pueden tener relación con situaciones que realmente nos generan un malestar en nuestra vida, pero otros están relacionados con ese término que se ha puesto de moda: el crecimiento personal.

En resumen, sea cual sea nuestro motivo podemos recurrir a un psicólogo si consideramos que puede beneficiarnos en la situación en la que nos encontramos. Aquel que en un momento dado no se ve capaz de salir de una situación que le genera malestar o simplemente quiere mejorar ciertos aspectos de vida, tiene una actitud muy valiente al acudir a un psicólogo ya que no es fácil reconocer nuestras limitaciones. Por ello, os animo a parar un momento un pensar si estáis satisfechos con vuestra vida actual; si la respuesta es no, es el momento de moverse para cambiarlo.

Si quieres más información sobre este tema o has decidido que es el momento de acudir a un psicólogo/a, puedes contactar con nosotros a través de nuestro formulario de contacto o del e-mail: info@psicologiasmr.es. Estaremos encantados de ofrecerte toda la información que precises sin ningún compromiso.

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Nuestras elecciones y sus consecuencias

Decisiones. Continuamente estamos tomando decisiones, desde que suena el despertador por la mañana (¿me levanto? ¿me quedo 5 minutos más?) hasta que nos acostamos por la noche (¿a qué hora me voy a la cama? ¿veo un poco más la tele?) . Y todas y cada una de las decisiones que tomamos influyen en mayor o menor medida en nuestras vidas. Sin embargo, la mayor parte de ellas pasan desapercibidas ya que son decisiones cotidianas a las que no les damos demasiada importancia.

Por ejemplo, el caso del despertador que he comentado en principio es una decisión bastante sencilla y aparentemente sin importancia. Pero si la analizamos veremos que tiene implicaciones: si decido levantarme quizá me ponga de mal humor porque me gustaría quedarme un poco más en la cama pero iría muy justa de tiempo aunque levantándome me dará tiempo a hacer todo antes de salir; si decido quedarme 5 minutos más, seguramente tendré que vestirme y prepararme más rápido y quizá tenga que saltarme el desayuno pero habré disfrutado esos 5 minutos más.

Como podemos ver, en un ejemplo tan tonto como éste vemos que ambas decisiones tienen su parte buena y su parte mala; y en función de la importancia que tengan estas consecuencias elegiremos una opción u otra. Esto es así en todas las decisiones que hacemos aunque realmente no nos paramos a analizarlo en cada decisión que tomamos. Algunas decisiones las tomamos por un impulso momentáneo, otras las meditamos más. Esta diferencia tiene que ver con la importancia que percibamos tanto de la propia decisión que debemos tomar como de las consecuencias de la misma.

¿Y si no tomo una decisión?

Si no tomamos una decisión, realmente ya estamos tomando una: no elegir (o posponer la decisión). Hay casos en los que podremos decidir no decidir, y puede que otros decidan por nosotros; otras veces podemos no decidir algo pero a medio o largo plazo tenemos que tomar esa decisión. Con lo que al final en cualquiera de los casos no tomar una decisión tiene sus consecuencias: bien tener que aceptar lo que otros decidan o tomar una decisión definitiva más adelante. A veces, puede ser que pospongamos tanto una decisión que acabemos "no teniendo elección"; por ejemplo, si nos estamos planteando matricularnos en algún curso y lo posponemos demasiado por no querer decidir es posible que acabe pasandose el plaza de inscripción y no podamos realizar ese curso. Aparentemente en este caso no hemos podido elegir, pero en realidad hemos elegido no hacer ese curso, hemos pospuesto la decisión hasta que ya no podíamos matricularnos (aunque quizá haya sido una elección incosciente).

¿Es tan importante tomar decisiones?

Algunas decisiones serán importantes y otras no, depende de muchos factores. En primer lugar depende de la importancia que tenga para ti el tema sobre el que debes tomar una decisión. Si ese tema es importante para ti, seguramente pensarás más en qué decisión tomar buscando los pros y los contras. Por otro lado, también pueden influir las consecuencias que pueda tener para ti o para alguien que te importe el que tomes una u otra decisión. A veces, también puede ser que sea una decisión realmente difícil porque ambas opciones te parecen igual de buenas pero son incompatibles; en este caso sería bueno recurrir a las técnicas de toma de decisiones.

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Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Accidentes de Tráfico

Ayer, día 18 de Noviembre, se celebró el Día Mundial en recuerdo de las víctimas de los accidentes de tráfico. Desde Octubre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas invitó a los Estados Miembros y a la comunidad internacional a que reconocieran cada tercer domingo de Noviembre como Día Mundial en recuerdo de las víctimas de los accidentes de tráfico.

Cada año se registran miles de accidentes de tráfico que conllevan un gran número de víctimas, una parte de éstas víctimas muere, otros acaban con daños físicos importantes que les cambian la vida por completo, y otros con daños físicos leves. En cualquiera de los casos es una experiencia que genera dolor a las víctimas y a sus familiares y amigos; y que en los casos en los que la persona sobrevive también conlleva para la víctima un proceso de recuperación física y/o mental largo.

Las causas de los accidentes de tráfico son muchas, pero entre las más importantes cabe destacar el uso de móviles y el consumo de alcohol y drogas. Ambas situaciones, aparte de elevar drásticamente la posibilidad de tener un accidente, están penadas con sanciones ecónomicas y retirada de puntos del carnet.

Conducir exige nuestra atención, ya que cuando lo hacemos tenemos que prestar atención a muchos elementos a la vez: controlar a través de los espejos hacia donde se mueven los coches que tenemos en los carriles contiguos al nuestro, comprobar y seguir las indicaciones de las señales verticales, del suelo y luminosas, controlar que la velocidad sea la adecuada, señalar los giros, etc. Por ello, si hemos consumido alcohol o drogas, o estamos escribiendo un mensaje en el móvil, no estamos prestando toda la atención que deberíamos a la carretera. La distracción puede ser breve, pero en unos pocos segundos el coche avanza muchos metros (más aún si vamos rápido) y en esos metros hay mucha probabilidad de saltarnos un semáforo, no ceder a un coche o atropellar a alguien.

Por eso, hoy desde nuestro Centro, queremos unirnos a este Día Mundial en recuerdo de las víctimas de los accidentes de tráfico pidiendo a todos aquellos que conduzcan que lo hagan con cabeza, que presten atención a conducir y que eviten todas las distracciones al volante ya que eso salva vidas, incluida la tuya.

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Día Mundial de la Salud Mental

Hoy día 10 de Octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental y quiero aprovechar para recordaros la importancia de encontrarnos bien psicológicamente. La salud mental no tiene que ver únicamente con padecer alguna enfermedad mental, como puede ser la esquizofrenia, el alzheimer o la depresión; sino el propio bienestar psicológico.

A veces, podemos no encontrarnos del todo bien, porque estamos estresados, estamos pasando por una situación complicada (en el ámbito familiar, personal o laboral) o porque no terminamos de estar a gusto con algún aspecto nuestro y nos genera angustia. Todo este tipo de situaciones no pueden catalogarse de enfermedades o trastornos ya que bien por la duración o por los síntomas que presentan no pueden encuadrarse en ningún diagnóstico. Sin embargo, eso no significa que no se le deba buscar una solución, ya que cualquiera de estas situaciones si se prolonga en el tiempo, nos puede llevar a padecer una enfermedad.

Por todo esto, me gustaría poner en valor el trabajo que realizamos los psicólogos. A veces, no nos planteamos que nuestra salud mental influye en nuestra salud física, y esta influencia puede ser positiva o negativa. La salud física es algo que tenemos claro que es importante y sabemos que cuando algo no va como debería debemos acudir a un profesional para solucionarlo. En cambio, la salud mental, quizás por no tener siempre un origen tan claro y tangible, a veces se menosprecia y se le quita importancia a los problemas que puedan estar relacionados con ella.

Así que me gustaría animaros a que si estáis en una situación difícil a la que no encontréis una solución o no sepáis cómo afrontarla, o si sentís algún tipo de malestar emocional, e incluso si queréis mejorar algún aspecto de vuestra vida, os pongáis en contacto con un psicólogo y consultéis por vuestra situación. Aunque os recomiendo que antes leáis la pequeña guía que escribí para cuando alguien se plantea acudir a terapia.

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Comunicación y redes sociales

social media

Hoy en día disponemos de una infinidad de vías por las que comunicarnos con los demás: teléfono, carta, e-mail, fax y todas las redes sociales. Sin embargo, ¿El papel que están cumpliendo estas redes sociales es realmente facilitar la comunicación?

En principio su misión era mantenernos conectados con nuestros seres queridos, poder compartir con ellos fotos, videos, comentar todo aquello que quisieran publicar formando parte del momento aunque no pudiéramos estar ahí. Pero en los últimos años, y cada vez más, parece que en vez de crear esa unión lo que hacen es distanciarnos de los demás.

Hay muchas personas, grupos de amigos o familias, que cuando están juntas en vez de hablar, disfrutar el momento y hacer cosas juntos, están cada uno con su móvil o tablet metidos en su pequeño mundo virtual. A veces, parece más importante ese mundo que la vida real, la vida que se están perdiendo. Personalmente soy una persona a la que no le gusta mucho hacerse fotos, aunque sí que me gusta tener alguna que otra de momentos que vivo con otras personas: una cena con amigos, una comida con la familia o un viaje con mi pareja. Sin embargo, hay personas que esto lo llevan al extremo y en vez de hacer alguna foto y dedicarse principalmente a disfrutar del momento, están la mayor parte del tiempo haciendo fotos y buscando la pose perfecta para poder luego publicarlo en sus redes sociales. En esas ocasiones me pregunto si realmente son conscientes y están disfrutando ese momento o simplemente están documentando su vida a la vez que la despojan de todo sentimiento.

redes sociales

Esto es algo que estoy viendo en mucha gente últimamente, veo mucha gente que no se dedica a disfrutar de lo que hacen sino que van como si estuvieran programados y luego publican todo como si cada día fuera el mejor día de sus vidas. Si esto fuera cierto, me parecería genial, porque cada uno publica lo que quiera si eso le hace feliz; el problema es que muchas veces detrás de todo eso se esconde una realidad que poco se acerca a lo que se refleja en las redes sociales. Hay muchas de estas personas que en realidad se sienten solas o vacías, que no tienen una meta que les motive a hacer cosas para sí mismas y que se refugian en las redes sociales para escaparse de la realidad que no les gusta en vez de enfrentarse a los problemas que ésta pueda presentarles.

En las redes sociales es muy fácil parecer una persona feliz, con muchos amigos y que disfruta cada momento, pero ¿hasta qué punto todo esto es real? Creo que a veces sería bueno, que nos distanciasemos del mundo digital y nos planteasemos qué estamos haciendo en nuestra vida y con nuestra vida, y si eso es lo que realmente queremos.

Está bien mantenernos en las redes sociales para poder estar en contacto con gente a la que quizá no podamos ver habitualmente, o para conocer nuevas personas con las compartamos aficiones y podamos hablar, pero deberíamos intentar que no fuera el centro de nuestra vida.

Ya os hablé en un post anterior sobre las adicciones a las nuevas tecnologías, y más adelante publicaré otro post relacionado con el de hoy y con el post anterior sobre adicciones. Si os interesa el tema o algún aspecto concreto podéis escribirme y os responderé.

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La forma de expresarnos y el poder de la mente

Hoy en día disponemos de multitud de formas de comunicarnos, tanto los medios tradicionales (cartas o llamadas telefónicas), como todo lo que las tecnologías nos ofrecen (e-mail, redes sociales, mensajería instantánea, etc.). Sin embargo, a pesar de haber tal cantidad de medios, muchas veces no nos paramos a pensar qué es lo que queremos decir o si lo que hemos escrito es realmente lo que estábamos pensando. En mi opinión, es tan importante el contenido que queremos expresar como la forma de hacerlo; ya que si no sabemos expresarlo adecuadamente probablemente no refleje lo que queremos decir o incluso pueda haber malentendidos.

Por otro lado, la forma que tenemos de expresarnos influye en quienes reciben el mensaje, y esta influencia puede ser positiva o negativa. Un mismo mensaje expresado con unas u otras palabras o en un tono u otro puede generar en la persona que lo recibe diferentes reacciones y sentimientos. Además, el vocabulario que usemos tanto al hablar con otras personas como al dirigirnos a nosotros mismos, también nos influye.

Pongamos un ejemplo: Si todas las mañanas nos levantamos y decimos: "vaya hoy tengo otro día horroroso por delante, tengo que trabajar mucho, encima no he dormido bien y seguramente esté lloviendo todo el día". Lo más probable es que empecemos el día de mal humor y con pocas ganas de hacer cosas. Sin embargo, aunque la situación sea la misma (que tengamos mucho trabajo, que hayamos dormido poco y que haga mal tiempo), si nos levantamos y buscamos la parte positiva (como pensar que el fin de semana tendremos tiempo para descansar, que podremos dormir un poco más y mejor, y que la lluvia no significa que al día siguiente no pueda hacer sol), nuestra actitud será mejor. Este es un ejemplo muy tonto, pero sirve para entender lo que quiero decir.

Esta misma influencia la vemos reflejada en nuestra autoestima, si nos lanzamos mensajes negativos a nosotros mismos, nuestra autoestima se verá dañada poco a poco cada vez más. De este modo, podemos ver que al igual que los mensajes con lenguaje negativo que nos dirigimos a nosotros mismos  nos "debilitan" de alguna manera, ocurre lo mismo con los mensajes que les mandamos a los demás. El lenguaje y las reacciones que nos provocan los mensajes recibidos son muy potentes y las consecuencias en referencia al bienestar psicológico están muy influenciadas por éste.

Pongamos otro ejemplo: Si a una persona que ha pasado por una situación traumática la llamamos víctima, de alguna manera le estamos diciendo que esa situación la supera, que es impotente ante esa situación, que no puede hacer nada para superarlo. Sin embargo, si a esta persona la llamamos superviviente, le enviamos el mensaje de que tiene la capacidad y la fuerza de sobreponerse a aquello que le ha ocurrido, que a pesar de todo, puede seguir adelante. Quizá parezca una tontería, pero la realidad es que de forma inconsciente nos acabamos adaptando (y comportando como las etiquetas que nos ponen).

Del mismo modo, y centrándome en mi propio ámbito de trabajo, a las personas que acuden a un psicólogo/a siempre se les ha llamado pacientes. Creo que no es una palabra adecuada por varias razones; en primer lugar paciente es alguien pasivo, es quien padece una acción externa, no es activo; sin embargo, en la consulta los psicólogos/as tratamos de dar herramientas y técnicas para que la persona tenga los recursos para superar la situación ella misma. Por lo tanto, la persona que acude a un psicólogo/a tiene que empezar a ser un agente activo para que la terapia funcione. Por otro lado, paciente siempre ha estado asociado a la medicina y esa asociación a su vez nos hace pensar en enfermedad. Es cierto que una parte de las personas que solicitan consulta en psicología pueden padecer enfermedades (trastornos de ansiedad, depresión, fobias, etc.), pero otra parte acuden debido a situaciones temporales que les impiden realizar su vida con normalidad (sin llegar al punto de ser un trastorno) o porque quieren mejorar algún aspecto de su vida o de ellos mismos (crecimiento personal). Por ello, no me gusta la palabra paciente para denominar a aquellas personas que acuden a mi consulta.

Como podéis ver, en mi opinión el lenguaje es muy importe para una comunicación adecuada, para expresar lo que realmente queremos, para hacernos entender y para que nuestras palabras generen en el otro la reacción que realmente buscamos. Es cierto que no podemos estar todo el día dándole vueltas a lo que vamos a decir o cómo lo vamos a decir, pero si que podemos hacer un cambio progresivo que no nos suponga reevaluar todo nuestro lenguaje de golpe. Por ejemplo, si usamos muchas palabras negativas (desastre, horror, terrible, etc.), podemos intentar reducir el número de veces que las decimos; también podemos intentar relativizar las cosas, palabras como "nunca", "siempre", "todo" o "nada" no suelen ser ciertas y podemos cambiarlas por "pocas veces", "a menudo", "bastante" o "apenas" dejando un margen a otras posibilidades. Estos pequeños cambios, pueden ir haciendo que poco a poco nuestra actitud sea más positiva, lo que a su vez, nos da fuerza para enfrentarnos a los retos diarios. Del mismo modo, podemos mandarnos a nosotros mismos mensajes positivos, que a largo plazo nos harán sentir mejor y aumentarán nuestra autoestima.

Así que te animo a intentarlo y comprobar si te funciona. En cualquier caso, si necesitas apoyo psicológico o quieres solicitar consulta conmigo para tratar algún problema no dudes en contactarme en el correo info@psicologiasmr.es o a través del Formulario de contacto de la web.

 

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La manipulación y el chantaje emocional

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La manipulación y el chantaje emocional son una forma de comunicación en la que una de las partes, más o menos sutilmente, intenta convencer a la otra parte de hacer algo o de que la parte manipuladora es la que está en lo cierto mientras la otra está equivocada. Las personas que utilizan este tipo de comunicación suelen valerse de la relación afectiva que les une y usarla en su favor. Suelen utilizar frases que hacen sentir culpa a quien las recibe, del tipo "yo pensaba que eras mi amiga", "con lo que dices que me quieres no me esperaba esto de ti", etc. Suelen recurrir a sentimientos de decepción o de sentirse menos queridos por la otra persona para que ésta se sienta culpable y ceda, para conseguir su objetivo.

Hay personas que hacen esto de forma inconsciente y sin pensar realmente en lo que están haciendo, porque desde pequeños han aprendido a conseguir las cosas de esta forma. Para ellos es natural hacerlo así. Sin embargo, hay otras personas que lo han ido adquiriendo a lo largo de su vida debido a situaciones por las que ha podido pasar y que le han enseñado que, dependiendo de la persona con la que trates, es una forma fácil de conseguir lo que quieres sin tener que ceder en nada.

¿Por qué hay personas que manipulan de esta forma?

Como ya hemos dicho, hay quienes lo hacen de forma inconsciente porque desde niños han hecho las cosas de esta manera y otros porque las experiencias que han vivido les han enseñado que es una buena forma, incluso a veces fácil, de conseguir lo que quieren. Pero, ¿realmente qué hay detrás de todo esto? A veces, lo que nos encontramos detrás de esto puede ser una persona que no ha desarrollado la capacidad de defender sus ideas con argumentos lógicos y de peso que convenzan al otro. Otras veces, puede ser una disonancia cognitiva lo que mueve este tipo de funcionamiento.

La disonancia cognitiva es una incongruencia entre lo que pensamos y lo que sentimos. Por ejemplo, si estamos en una relación de pareja en la que nos encontramos a gusto pero nos empieza a llamar la atención otra persona. En este caso quizá queramos romper la relación actual y conocer a esa tercera persona, pero eso nos haría sentir mal. Pensamos que queremos estar con otra persona pero sentimos que no está bien. Una persona manipuladora en este caso haría y diría cosas que provocasen que su pareja actual fuese la que le dejase y no al revés. De esta forma se habría roto la relación "por culpa" de su pareja (y no por la suya propia) y sería libre para intentarlo con esa tercera persona.

Manipulación

¿Podemos evitar que nos manipulen?

Una vez sepamos que nos podemos encontrar este tipo de personas a lo largo de nuestra vida y en muchos ámbitos, nos podemos plantear qué podemos hacer nosotros para que no nos manipulen. Cómo podemos conseguir tener realmente capacidad de decisión y no tener que ceder siempre ante las exigencias de este tipo de personas para así llegar a un acuerdo que nos satisfaga a ambos.

Hay veces, que dependiendo de la situación no es posible llegar a un entendimiento con lo que las posibles opciones que nos quedan son o bien ceder y aceptar lo que el otro nos dice o pide, o negarnos por completo y que ninguno de los dos consiga lo que quiere. La primera opción no es muy buena para el que está siendo manipulado ya que queda a expensas de lo que quiera el otro, y la segunda opción puede traernos algún problema con la otra persona (una discusión, un distanciamiento o incluso la ruptura de la relación). En estos casos es importante valorar la situación y decidir si en ese caso concreto es mejor ceder o no, qué nos compensa más a largo plazo.

En la mayoría de las ocasiones sí podemos hacer algo. En mi opinión, la forma adecuada de abordar este tipo de situaciones es usando la asertividad. La asertividad es una forma de comunicación "intermedia", quiero decir que no es un comportamiento inhibido como sería el aceptar las condiciones que nos exigen ni una forma agresiva como lo sería la manipulación. La asertividad lo que pretende es que mediante la empatía y el ponernos en el lugar del otro, podamos expresar qué queremos, cómo nos sentimos respecto a la actitud de la otra persona y qué nos gustaría que hiciera o que no hiciera para sentirnos mejor. Esto dicho así suena un poco enrevesado así que os voy a poner un ejemplo para verlo más claro.

Qué podemos hacer para que no nos manipulen psicológicamente

Una persona quiere que le prestemos dinero y para ello recurre a nuestra amistad intentando hacernos sentir culpables, ante eso y dado que no queremos prestarle el dinero tendríamos que mostrarle la situación desde nuestro punto de vista. En primer lugar deberíamos realizar una escucha activa de su petición, sin interrumpirle ni cortarle y entendiendo qué es lo que nos pide. Luego al responderle debemos usar un lenguaje verbal claro y conciso, darle razones (y no excusas), ser positivo, usar la primera persona y no justificarnos (todo ello con un lenguaje no verbal adecuado, que no sea agresivo ni inhibido).

Otras opciones que tenemos para dar una negativa es pedirle algo de tiempo para pensarlo de modo que no nos pille desprevenidos y podamos darle una respuesta negativa con nuestras razones meditadas. Podemos también pedir más información acerca de la petición que nos hace, lo que puede hacer que cambiemos de opinión o que encontremos razones que fundamenten nuestra decisión. Por último, podemos ayudar a la persona a buscar otras soluciones diferentes con las que no tengamos que hacer lo que nos pide. En cualquier caso, nunca debemos justificarnos porque decir no es un derecho que tenemos.

Cambiar nuestra forma de responder ante estas personas lleva algo de tiempo, más o menos dependiendo de cómo sea nuestra forma actual de reacción. Pero con un poco de trabajo, podemos aprender a controlar nuestra reacción y con un poco más de tiempo también podemos ser capaces de identificar a estas personas antes de que lleguen a un punto en que nos resulte complicado ser asertivos y evitar la manipulación y/o el conflicto.

Más adelante publicaré algún otro post sobre la asertividad y alguna pauta para empezar a trabajarla. Hasta entonces podéis dejar vuestros comentarios, o contactar conmigo si tenéis alguna duda o queréis resolver algún problema.

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