Publicado el Deja un comentario

Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Accidentes de Tráfico

Ayer, día 18 de Noviembre, se celebró el Día Mundial en recuerdo de las víctimas de los accidentes de tráfico. Desde Octubre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas invitó a los Estados Miembros y a la comunidad internacional a que reconocieran cada tercer domingo de Noviembre como Día Mundial en recuerdo de las víctimas de los accidentes de tráfico.

Cada año se registran miles de accidentes de tráfico que conllevan un gran número de víctimas, una parte de éstas víctimas muere, otros acaban con daños físicos importantes que les cambian la vida por completo, y otros con daños físicos leves. En cualquiera de los casos es una experiencia que genera dolor a las víctimas y a sus familiares y amigos; y que en los casos en los que la persona sobrevive también conlleva para la víctima un proceso de recuperación física y/o mental largo.

Las causas de los accidentes de tráfico son muchas, pero entre las más importantes cabe destacar el uso de móviles y el consumo de alcohol y drogas. Ambas situaciones, aparte de elevar drásticamente la posibilidad de tener un accidente, están penadas con sanciones ecónomicas y retirada de puntos del carnet.

Conducir exige nuestra atención, ya que cuando lo hacemos tenemos que prestar atención a muchos elementos a la vez: controlar a través de los espejos hacia donde se mueven los coches que tenemos en los carriles contiguos al nuestro, comprobar y seguir las indicaciones de las señales verticales, del suelo y luminosas, controlar que la velocidad sea la adecuada, señalar los giros, etc. Por ello, si hemos consumido alcohol o drogas, o estamos escribiendo un mensaje en el móvil, no estamos prestando toda la atención que deberíamos a la carretera. La distracción puede ser breve, pero en unos pocos segundos el coche avanza muchos metros (más aún si vamos rápido) y en esos metros hay mucha probabilidad de saltarnos un semáforo, no ceder a un coche o atropellar a alguien.

Por eso, hoy desde nuestro Centro, queremos unirnos a este Día Mundial en recuerdo de las víctimas de los accidentes de tráfico pidiendo a todos aquellos que conduzcan que lo hagan con cabeza, que presten atención a conducir y que eviten todas las distracciones al volante ya que eso salva vidas, incluida la tuya.

Publicado el Deja un comentario

Día Mundial de la Salud Mental

Hoy día 10 de Octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental y quiero aprovechar para recordaros la importancia de encontrarnos bien psicológicamente. La salud mental no tiene que ver únicamente con padecer alguna enfermedad mental, como puede ser la esquizofrenia, el alzheimer o la depresión; sino el propio bienestar psicológico.

A veces, podemos no encontrarnos del todo bien, porque estamos estresados, estamos pasando por una situación complicada (en el ámbito familiar, personal o laboral) o porque no terminamos de estar a gusto con algún aspecto nuestro y nos genera angustia. Todo este tipo de situaciones no pueden catalogarse de enfermedades o trastornos ya que bien por la duración o por los síntomas que presentan no pueden encuadrarse en ningún diagnóstico. Sin embargo, eso no significa que no se le deba buscar una solución, ya que cualquiera de estas situaciones si se prolonga en el tiempo, nos puede llevar a padecer una enfermedad.

Por todo esto, me gustaría poner en valor el trabajo que realizamos los psicólogos. A veces, no nos planteamos que nuestra salud mental influye en nuestra salud física, y esta influencia puede ser positiva o negativa. La salud física es algo que tenemos claro que es importante y sabemos que cuando algo no va como debería debemos acudir a un profesional para solucionarlo. En cambio, la salud mental, quizás por no tener siempre un origen tan claro y tangible, a veces se menosprecia y se le quita importancia a los problemas que puedan estar relacionados con ella.

Así que me gustaría animaros a que si estáis en una situación difícil a la que no encontréis una solución o no sepáis cómo afrontarla, o si sentís algún tipo de malestar emocional, e incluso si queréis mejorar algún aspecto de vuestra vida, os pongáis en contacto con un psicólogo y consultéis por vuestra situación. Aunque os recomiendo que antes leáis la pequeña guía que escribí para cuando alguien se plantea acudir a terapia.

Publicado el Deja un comentario

Comunicación y redes sociales

social media

Hoy en día disponemos de una infinidad de vías por las que comunicarnos con los demás: teléfono, carta, e-mail, fax y todas las redes sociales. Sin embargo, ¿El papel que están cumpliendo estas redes sociales es realmente facilitar la comunicación?

En principio su misión era mantenernos conectados con nuestros seres queridos, poder compartir con ellos fotos, videos, comentar todo aquello que quisieran publicar formando parte del momento aunque no pudiéramos estar ahí. Pero en los últimos años, y cada vez más, parece que en vez de crear esa unión lo que hacen es distanciarnos de los demás.

Hay muchas personas, grupos de amigos o familias, que cuando están juntas en vez de hablar, disfrutar el momento y hacer cosas juntos, están cada uno con su móvil o tablet metidos en su pequeño mundo virtual. A veces, parece más importante ese mundo que la vida real, la vida que se están perdiendo. Personalmente soy una persona a la que no le gusta mucho hacerse fotos, aunque sí que me gusta tener alguna que otra de momentos que vivo con otras personas: una cena con amigos, una comida con la familia o un viaje con mi pareja. Sin embargo, hay personas que esto lo llevan al extremo y en vez de hacer alguna foto y dedicarse principalmente a disfrutar del momento, están la mayor parte del tiempo haciendo fotos y buscando la pose perfecta para poder luego publicarlo en sus redes sociales. En esas ocasiones me pregunto si realmente son conscientes y están disfrutando ese momento o simplemente están documentando su vida a la vez que la despojan de todo sentimiento.

redes sociales

Esto es algo que estoy viendo en mucha gente últimamente, veo mucha gente que no se dedica a disfrutar de lo que hacen sino que van como si estuvieran programados y luego publican todo como si cada día fuera el mejor día de sus vidas. Si esto fuera cierto, me parecería genial, porque cada uno publica lo que quiera si eso le hace feliz; el problema es que muchas veces detrás de todo eso se esconde una realidad que poco se acerca a lo que se refleja en las redes sociales. Hay muchas de estas personas que en realidad se sienten solas o vacías, que no tienen una meta que les motive a hacer cosas para sí mismas y que se refugian en las redes sociales para escaparse de la realidad que no les gusta en vez de enfrentarse a los problemas que ésta pueda presentarles.

En las redes sociales es muy fácil parecer una persona feliz, con muchos amigos y que disfruta cada momento, pero ¿hasta qué punto todo esto es real? Creo que a veces sería bueno, que nos distanciasemos del mundo digital y nos planteasemos qué estamos haciendo en nuestra vida y con nuestra vida, y si eso es lo que realmente queremos.

Está bien mantenernos en las redes sociales para poder estar en contacto con gente a la que quizá no podamos ver habitualmente, o para conocer nuevas personas con las compartamos aficiones y podamos hablar, pero deberíamos intentar que no fuera el centro de nuestra vida.

Ya os hablé en un post anterior sobre las adicciones a las nuevas tecnologías, y más adelante publicaré otro post relacionado con el de hoy y con el post anterior sobre adicciones. Si os interesa el tema o algún aspecto concreto podéis escribirme y os responderé.

Publicado el Deja un comentario

La forma de expresarnos y el poder de la mente

Hoy en día disponemos de multitud de formas de comunicarnos, tanto los medios tradicionales (cartas o llamadas telefónicas), como todo lo que las tecnologías nos ofrecen (e-mail, redes sociales, mensajería instantánea, etc.). Sin embargo, a pesar de haber tal cantidad de medios, muchas veces no nos paramos a pensar qué es lo que queremos decir o si lo que hemos escrito es realmente lo que estábamos pensando. En mi opinión, es tan importante el contenido que queremos expresar como la forma de hacerlo; ya que si no sabemos expresarlo adecuadamente probablemente no refleje lo que queremos decir o incluso pueda haber malentendidos.

Por otro lado, la forma que tenemos de expresarnos influye en quienes reciben el mensaje, y esta influencia puede ser positiva o negativa. Un mismo mensaje expresado con unas u otras palabras o en un tono u otro puede generar en la persona que lo recibe diferentes reacciones y sentimientos. Además, el vocabulario que usemos tanto al hablar con otras personas como al dirigirnos a nosotros mismos, también nos influye.

Pongamos un ejemplo: Si todas las mañanas nos levantamos y decimos: "vaya hoy tengo otro día horroroso por delante, tengo que trabajar mucho, encima no he dormido bien y seguramente esté lloviendo todo el día". Lo más probable es que empecemos el día de mal humor y con pocas ganas de hacer cosas. Sin embargo, aunque la situación sea la misma (que tengamos mucho trabajo, que hayamos dormido poco y que haga mal tiempo), si nos levantamos y buscamos la parte positiva (como pensar que el fin de semana tendremos tiempo para descansar, que podremos dormir un poco más y mejor, y que la lluvia no significa que al día siguiente no pueda hacer sol), nuestra actitud será mejor. Este es un ejemplo muy tonto, pero sirve para entender lo que quiero decir.

Esta misma influencia la vemos reflejada en nuestra autoestima, si nos lanzamos mensajes negativos a nosotros mismos, nuestra autoestima se verá dañada poco a poco cada vez más. De este modo, podemos ver que al igual que los mensajes con lenguaje negativo que nos dirigimos a nosotros mismos  nos "debilitan" de alguna manera, ocurre lo mismo con los mensajes que les mandamos a los demás. El lenguaje y las reacciones que nos provocan los mensajes recibidos son muy potentes y las consecuencias en referencia al bienestar psicológico están muy influenciadas por éste.

Pongamos otro ejemplo: Si a una persona que ha pasado por una situación traumática la llamamos víctima, de alguna manera le estamos diciendo que esa situación la supera, que es impotente ante esa situación, que no puede hacer nada para superarlo. Sin embargo, si a esta persona la llamamos superviviente, le enviamos el mensaje de que tiene la capacidad y la fuerza de sobreponerse a aquello que le ha ocurrido, que a pesar de todo, puede seguir adelante. Quizá parezca una tontería, pero la realidad es que de forma inconsciente nos acabamos adaptando (y comportando como las etiquetas que nos ponen).

Del mismo modo, y centrándome en mi propio ámbito de trabajo, a las personas que acuden a un psicólogo/a siempre se les ha llamado pacientes. Creo que no es una palabra adecuada por varias razones; en primer lugar paciente es alguien pasivo, es quien padece una acción externa, no es activo; sin embargo, en la consulta los psicólogos/as tratamos de dar herramientas y técnicas para que la persona tenga los recursos para superar la situación ella misma. Por lo tanto, la persona que acude a un psicólogo/a tiene que empezar a ser un agente activo para que la terapia funcione. Por otro lado, paciente siempre ha estado asociado a la medicina y esa asociación a su vez nos hace pensar en enfermedad. Es cierto que una parte de las personas que solicitan consulta en psicología pueden padecer enfermedades (trastornos de ansiedad, depresión, fobias, etc.), pero otra parte acuden debido a situaciones temporales que les impiden realizar su vida con normalidad (sin llegar al punto de ser un trastorno) o porque quieren mejorar algún aspecto de su vida o de ellos mismos (crecimiento personal). Por ello, no me gusta la palabra paciente para denominar a aquellas personas que acuden a mi consulta.

Como podéis ver, en mi opinión el lenguaje es muy importe para una comunicación adecuada, para expresar lo que realmente queremos, para hacernos entender y para que nuestras palabras generen en el otro la reacción que realmente buscamos. Es cierto que no podemos estar todo el día dándole vueltas a lo que vamos a decir o cómo lo vamos a decir, pero si que podemos hacer un cambio progresivo que no nos suponga reevaluar todo nuestro lenguaje de golpe. Por ejemplo, si usamos muchas palabras negativas (desastre, horror, terrible, etc.), podemos intentar reducir el número de veces que las decimos; también podemos intentar relativizar las cosas, palabras como "nunca", "siempre", "todo" o "nada" no suelen ser ciertas y podemos cambiarlas por "pocas veces", "a menudo", "bastante" o "apenas" dejando un margen a otras posibilidades. Estos pequeños cambios, pueden ir haciendo que poco a poco nuestra actitud sea más positiva, lo que a su vez, nos da fuerza para enfrentarnos a los retos diarios. Del mismo modo, podemos mandarnos a nosotros mismos mensajes positivos, que a largo plazo nos harán sentir mejor y aumentarán nuestra autoestima.

Así que te animo a intentarlo y comprobar si te funciona. En cualquier caso, si necesitas apoyo psicológico o quieres solicitar consulta conmigo para tratar algún problema no dudes en contactarme en el correo info@psicologiasmr.es o a través del Formulario de contacto de la web.

 

Publicado el Deja un comentario

La manipulación y el chantaje emocional

manipulacion

La manipulación y el chantaje emocional son una forma de comunicación en la que una de las partes, más o menos sutilmente, intenta convencer a la otra parte de hacer algo o de que la parte manipuladora es la que está en lo cierto mientras la otra está equivocada. Las personas que utilizan este tipo de comunicación suelen valerse de la relación afectiva que les une y usarla en su favor. Suelen utilizar frases que hacen sentir culpa a quien las recibe, del tipo "yo pensaba que eras mi amiga", "con lo que dices que me quieres no me esperaba esto de ti", etc. Suelen recurrir a sentimientos de decepción o de sentirse menos queridos por la otra persona para que ésta se sienta culpable y ceda, para conseguir su objetivo.

Hay personas que hacen esto de forma inconsciente y sin pensar realmente en lo que están haciendo, porque desde pequeños han aprendido a conseguir las cosas de esta forma. Para ellos es natural hacerlo así. Sin embargo, hay otras personas que lo han ido adquiriendo a lo largo de su vida debido a situaciones por las que ha podido pasar y que le han enseñado que, dependiendo de la persona con la que trates, es una forma fácil de conseguir lo que quieres sin tener que ceder en nada.

¿Por qué hay personas que manipulan de esta forma?

Como ya hemos dicho, hay quienes lo hacen de forma inconsciente porque desde niños han hecho las cosas de esta manera y otros porque las experiencias que han vivido les han enseñado que es una buena forma, incluso a veces fácil, de conseguir lo que quieren. Pero, ¿realmente qué hay detrás de todo esto? A veces, lo que nos encontramos detrás de esto puede ser una persona que no ha desarrollado la capacidad de defender sus ideas con argumentos lógicos y de peso que convenzan al otro. Otras veces, puede ser una disonancia cognitiva lo que mueve este tipo de funcionamiento.

La disonancia cognitiva es una incongruencia entre lo que pensamos y lo que sentimos. Por ejemplo, si estamos en una relación de pareja en la que nos encontramos a gusto pero nos empieza a llamar la atención otra persona. En este caso quizá queramos romper la relación actual y conocer a esa tercera persona, pero eso nos haría sentir mal. Pensamos que queremos estar con otra persona pero sentimos que no está bien. Una persona manipuladora en este caso haría y diría cosas que provocasen que su pareja actual fuese la que le dejase y no al revés. De esta forma se habría roto la relación "por culpa" de su pareja (y no por la suya propia) y sería libre para intentarlo con esa tercera persona.

Manipulación

¿Podemos evitar que nos manipulen?

Una vez sepamos que nos podemos encontrar este tipo de personas a lo largo de nuestra vida y en muchos ámbitos, nos podemos plantear qué podemos hacer nosotros para que no nos manipulen. Cómo podemos conseguir tener realmente capacidad de decisión y no tener que ceder siempre ante las exigencias de este tipo de personas para así llegar a un acuerdo que nos satisfaga a ambos.

Hay veces, que dependiendo de la situación no es posible llegar a un entendimiento con lo que las posibles opciones que nos quedan son o bien ceder y aceptar lo que el otro nos dice o pide, o negarnos por completo y que ninguno de los dos consiga lo que quiere. La primera opción no es muy buena para el que está siendo manipulado ya que queda a expensas de lo que quiera el otro, y la segunda opción puede traernos algún problema con la otra persona (una discusión, un distanciamiento o incluso la ruptura de la relación). En estos casos es importante valorar la situación y decidir si en ese caso concreto es mejor ceder o no, qué nos compensa más a largo plazo.

En la mayoría de las ocasiones sí podemos hacer algo. En mi opinión, la forma adecuada de abordar este tipo de situaciones es usando la asertividad. La asertividad es una forma de comunicación "intermedia", quiero decir que no es un comportamiento inhibido como sería el aceptar las condiciones que nos exigen ni una forma agresiva como lo sería la manipulación. La asertividad lo que pretende es que mediante la empatía y el ponernos en el lugar del otro, podamos expresar qué queremos, cómo nos sentimos respecto a la actitud de la otra persona y qué nos gustaría que hiciera o que no hiciera para sentirnos mejor. Esto dicho así suena un poco enrevesado así que os voy a poner un ejemplo para verlo más claro.

Qué podemos hacer para que no nos manipulen psicológicamente

Una persona quiere que le prestemos dinero y para ello recurre a nuestra amistad intentando hacernos sentir culpables, ante eso y dado que no queremos prestarle el dinero tendríamos que mostrarle la situación desde nuestro punto de vista. En primer lugar deberíamos realizar una escucha activa de su petición, sin interrumpirle ni cortarle y entendiendo qué es lo que nos pide. Luego al responderle debemos usar un lenguaje verbal claro y conciso, darle razones (y no excusas), ser positivo, usar la primera persona y no justificarnos (todo ello con un lenguaje no verbal adecuado, que no sea agresivo ni inhibido).

Otras opciones que tenemos para dar una negativa es pedirle algo de tiempo para pensarlo de modo que no nos pille desprevenidos y podamos darle una respuesta negativa con nuestras razones meditadas. Podemos también pedir más información acerca de la petición que nos hace, lo que puede hacer que cambiemos de opinión o que encontremos razones que fundamenten nuestra decisión. Por último, podemos ayudar a la persona a buscar otras soluciones diferentes con las que no tengamos que hacer lo que nos pide. En cualquier caso, nunca debemos justificarnos porque decir no es un derecho que tenemos.

Cambiar nuestra forma de responder ante estas personas lleva algo de tiempo, más o menos dependiendo de cómo sea nuestra forma actual de reacción. Pero con un poco de trabajo, podemos aprender a controlar nuestra reacción y con un poco más de tiempo también podemos ser capaces de identificar a estas personas antes de que lleguen a un punto en que nos resulte complicado ser asertivos y evitar la manipulación y/o el conflicto.

Más adelante publicaré algún otro post sobre la asertividad y alguna pauta para empezar a trabajarla. Hasta entonces podéis dejar vuestros comentarios, o contactar conmigo si tenéis alguna duda o queréis resolver algún problema.

Publicado el

Nuestro nuevo canal de Youtube

Tal y como os anticipamos en un post el mes pasado, estrenamos un canal en YouTube. La idea de este canal es crea una vía más inteactiva con todos vosotros; también queremos acercaros la psicología y conocer cuáles son vuestras inquietudes, dudas y qué temas os interesan.

Como ya mencionábamos en el post del mes pasado, publicaremos un video al mes, en el que abordaremos diferentes temáticas, bien ampliando temas que hayamos tratado en post anteriores, nuevos temas, dudas que nos planteeis, etc.

A continuación, os dejamos el link a nuestro primer vídeo y la dirección de nuestro canal. Así que animáos a verlo y comentadnos qué os ha parecido o sobre qué os gustaría que hicieramos un vídeo.

Nuestro vídeo de presentación y nuestro canal.

Publicado el

¿Qué implicaciones emocionales conlleva la situación laboral actual?

Hoy queremos continuar con un tema relacionado con el post anterior. La semana pasada analizábamos cómo ha influido el situación laboral actual en el desarrollo de nuestras vidas. Hoy, queremos abordar cómo vivimos esta situación y cómo nos afecta en cuanto a nuestras emociones y sentimientos.

El hecho de que las ofertas de trabajo sean escasas, temporales y cuyos salarios son bajos nos genera una serie de emociones negativas. Dependiendo de la situación en la que nos encontremos podemos sentir frustración, impotencia, ansiedad, desánimo e incluso una tristeza profunda. Esta forma de sentirnos responde a cuál es nuestra situación concreta y cómo nos vemos a nosotros mismos al enfrentarnos a ella. Por ejemplo, si la situación es que nos rechazan sistemáticamente en las ofertas de empleo a las que nos presentamos, pero pensamos que tenemos las cualidades necesarias podemos sentir frustración e impotencia. Sin embargo, si llevamos mucho tiempo buscando empleo y, aunque nos citen para entrevistas, no terminan de contratarnos hagamos lo que hagamos (probando diferentes estrategias tanto al presentar el currículum como durante las entrevistas) podemos sentir tristeza. En este caso, probablemente los constantes rechazos nos afecten al autoestima, haciéndonos creer que quizá realmente no tengamos las cualidades necesarias para ninguno de esos trabajos y que quizás solo podamos optar a empleos que realmente no nos satisfagan al no pedirnos muchas habilidades.

Esta falta de empleo también afecta a quienes sí tienen un trabajo. Quizá haya gente que piense que aquellos que tienen trabajo no tienen derecho a quejarse. La cuestión es que muchas de esas personas no están desempeñando el trabajo que les gustaría, o en caso de hacerlo, no con las condiciones laborales que desean, pero ¿por qué no intentan mejorar su situación o cambiar de trabajo? Muchas de estas personas pueden pensar que no tienen derecho a quejarse precisamente porque tienen un trabajo y eso hace que no reconozcamos nuestros derechos. Las empresas tienen derecho a elegir qué tipo de personas o perfiles profesionales son los que quieren para trabajar con ellos, pero el contrapunto es que nosotros también tenemos derecho a decidir dónde queremos (o no) trabajar. Sin embargo, cuando nos ofrecen un puesto de trabajo muchas veces no nos paramos a valorar si las condiciones son adecuadas al puesto o si las obligaciones y derechos son los que deberían ser, aceptamos el puesto tal cual nos lo ofrecen. Es importante que recordemos que tenemos derecho a mejorar nuestra situación, tengamos o no un trabajo, si no tenemos un trabajo podemos buscar algo temporal y que nos sea más accesible, pero una vez logrado no debemos acomodarnos sino buscar algo con lo que nos sintamos realizados.

Por último, creo que es importante que nos valoremos, que valoremos nuestras capacidades, que valoremos nuestras habilidades y que seamos capaces de ver el potencial que tenemos. Es importante tener expectativas realistas, pero eso no significa que tengamos que resignarnos a las opciones más fáciles (y normalmente menos gratificantes), sino que debemos luchar por conseguir trabajar en lo que nos gusta. Trabajar en algo que nos gusta y que tiene un significado para nosotros no sólo nos beneficia a nosotros, porque el sentirnos bien con lo que hacemos se refleja en nuestro trabajo y se transmite a quienes nos rodean. Así que cómo reflexión final, evaluad vuestras capacidades y habilidades, contrastadlas con vuestras expectativas, y si éstas son realistas, buscad el camino para alcanzar esas metas.

Publicado el

¿Cómo afecta la escasez de empleo a los jóvenes?

En los últimos años la crisis ha provocado una serie de cambios en la sociedad, el poder adquisitivo de la mayoría de las personas se ha visto reducido e incluso muchas de ellas han perdido sus empleos. Comprar una casa o cambiar un coche antiguo, se ha vuelto muy complicado y para la mayoría es casi imposible. La generación anterior tuvo que esforzarse mucho para lograr lo que consiguió y aun así parte de ellos lo ha perdido y la mayoría de los demás observan frustrados cómo todo su esfuerzo en que sus hijos tengan una buena educación, en proporcionarles un hogar adecuado y en usar todos los medios al alcance para que sus hijos logren el éxito han sido borrados de un plumazo.

La generación actual son personas con una buena formación académica y que se encuentran en una situación de desempleo o de trabajo precario. La mayor parte de ellos, para poder ejercer la profesión que han estudiado gracias al esfuerzo de sus padres, tienen que hacerlo como autónomos, lo que implica una inversión de dinero importante que muchos no pueden afrontar. Es una situación muy frustrante tanto para los jóvenes que buscan ganarse la vida con lo que les gusta y para lo que se han preparado como para sus padres, que ha procurado que lo consiguieran.

El panorama laboral, además está afectando a otros aspectos. En primer lugar, los hijos viven más años en casa de los padres, al no poder mantenerse de forma independiente. En la generación anterior la mayor parte de la gente se casaba alrededor de los 20 años y se iban a vivir por su cuenta; sin embargo, en este momento los jóvenes en muchas ocasiones retrasan 10 años o más esta salida del hogar, incluso el número de bodas se ha reducido por el gasto que supone. Todo esto afecta también al tener hijos, ya que si no puedes mantenerte de forma independiente o en caso de que puedas no puedes pagar los gastos puntuales que supone una boda, ¿cómo vas a poder pagar los gastos que supone un hijo? ¿cómo vas a poder mantenerlo hasta que cumpla 30 años? Por otro lado y con respecto a los hijos, los padres de estos jóvenes en muchas ocasiones quieren convertirse ya en abuelos, porque una gran parte de ellos tuvieron a sus propios hijos con unos 25 años y actualmente rondan los 50 por lo que sienten que ya es el momento. En estos casos, pueden presionar a sus hijos a este respecto, lo que provoca frustración en ambas partes debido a la imposibilidad de cumplirlo.

En cualquier caso es la situación que nos ha tocado vivir, y la mejor manera de afrontarla es buscando los aspectos positivos y poniendo empeño en conseguir lo que queremos. Es difícil no desanimarse cuando te rechazan en unas cuantas ofertas de empleo, pero no hay que tirar la toalla. Si has estudiado fotografía, peluquería, informática o cualquier otro nivel de estudios que tengas, no te rindas y persigue ese puesto de trabajo en el que te vas a sentir bien, valorado y que sientas que es donde debes estar. Es importante para nuestra salud tanto física como mental que nos sintamos satisfechos con lo que hacemos.

Publicado el

Voy a comenzar una terapia, ¿qué puedo esperar? II

La semana pasada os dejamos la primera parte de este post, que es la última parte de una pequeña guía para ayudar a quienes no tienen claro cuándo acudir a terapia, cómo elegir psicólogo, etc.

En el post anterior despejábamos algunas dudas que pueden surgir una vez que ya hemos decidido acudir a terapia y hemos elegido un psicólogo/a. Hoy continuamos con otras posibles dudas que pueden aparecer y crear inseguridad para tomar la decisión final de contactar con un psicólogo/a.

A veces, podemos plantearnos cuándo es adecuado contactar con nuestro psicólogo/a. Esto depende mucho de cada profesional, pero normalmente suelen atender dentro del horario laboral sin problema, y si no es posible responder a la llamada en el  momento en que le paciente la hace, le devolvería la llamada en otro momento. Algunos pueden cobrar por este servicio, aunque no es nuestro caso. También pueden ofrecer contacto a través del correo electrónico o (últimamente más a menudo) el WhatsApp. En cualquier caso, esta es una pregunta que puedes hacerle a tu psicólogo/a en la primera sesión para que te aclare cómo trabaja en su caso.

Otra duda que puede surgir es si puedes hacerle preguntas personales a tu psicólogo/a. La respuesta es sí que puedes, pero probablemente no las responda ya que la terapia y el terapeuta se centran en ti. Es importante trabajar sobre tus experiencias, sentimientos y dificultades. Puedes pensar que el psicólogo/a no puede entender tu situación si  no lo ha vivido y por ello querer hacerle preguntas. Sin embargo, el psicólogo/a como profesional que es, si no está formado o preparado para atender tu demanda y ayudarte a solucionar la situación que te ha hecho acudir a su consulta, te derivará a otro profesional que sí pueda.

Con respecto a la duración de la terapia, no hay una respuesta concreta. La duración depende del problema por el que se acude, tu personalidad, la frecuencia de las sesiones y el trabajo que hagas tú mismo tanto dentro como fuera de la consulta. En este aspecto es muy importante que trabajes por tu cuenta lo que te pida el psicólogo/a ya que influirá mucho en la duración de la terapia. En cualquier caso, siempre intentamos que las terapias sean lo más breves posibles, siempre que sean eficaces. No es adecuado alargar la terapia más de lo necesario ya que no es positivo para ninguna de las dos partes.

En relación al punto anterior y al compromiso con la terapia que comentábamos en el post anterior, en algunas sesiones el psicólogo/a puede pedirte tareas para casa. Estas tareas suelen ser pequeños ejercicios que servirán para desarrollar y reforzar las habilidades necesarias para que puedas enfrentarte al problema (y a futuros problemas similares). Por ello, es importante que las hagas siguiendo las indicaciones que te de tu psicólogo/a y (si te lo pide) lleves el registro a la siguiente sesión. Si dejas de hacer estas tareas, es muy probable que el tiempo de terapia se alargue porque no estás haciendo el trabajo necesario para solucionar la situación problemática.

En la terapia, la sinceridad es la clave tanto por tu parte como por la del psicólogo/a que te atienda. La sinceridad por tu parte hará que tu terapeuta te conozca y te entienda, lo que a su vez logrará que el apoyo y la ayude que te brinde se más eficaz. Y la sinceridad por parte del profesional (respondiendo a aquellas dudas que plantee, reconociendo los posibles errores que pueda cometer, etc.) hará que tú puedas confiar más en él/ella y de este modo la terapia se desarrollará correctamente hasta alcanzar las metas propuestas.

Por último, un aspecto que también genera duda es ¿qué ocurre tras la última sesión? Esto también depende de cada terapeuta y su forma de funcionar. En nuestro caso, hacemos un seguimiento de cada caso, para comprobar que los cambios logrados durante la terapia se mantienen. Además, este seguimiento sirve para dar apoyo y ofrecer ayuda en caso de que, una vez finalizada la terapia, encuentres problemas o dificultades. A veces, podemos volver a padecer el mismo problema porque no hemos afianzado lo suficiente las habilidades desarrolladas. En tal caso, es importante tener en cuenta que el psicólogo/s puede ayudarnos a reforzarlas. No hay que sentir miedo ni vergüenza por acudir debido al mismo problema, hay situaciones muy complicadas que pueden bloquearnos en un momento dado y necesitamos reafirmar las habilidades adquiridas.

Esto es todo por el momento, creemos que este post, junto con el anterior pueden despejar las dudas más importantes que pueden hacernos rechazar el pedir cita con un psicólogo/a. Esperamos que nuestra pequeña guía os ayude.

Publicado el

Voy a comenzar una terapia, ¿qué puedo esperar? I

Hasta el momento hemos publicado varios post que podrían formar una pequeña guía para quienes no sepan si es conveniente acudir a un psicólogo y qué valorar a la hora de elegir uno: Lo que un psicólogo/a puede hacer por ti, La decisión de ir al psicólogo/a y Consejos para elegir psicólogo/a.

En el post de hoy queremos completar esa pequeña guía ofreciendo algunas ideas y rompiendo con algunas creencias al acudir a terapia. Una vez hayas decidido acudir a terapia y ya tengas cita con el psicólogo/a que hayas elegido, seguramente te encuentres un poco nervioso/a ya que las ideas que nos pueden venir a la cabeza sobre qué podemos encontrarnos son muy variadas y muchas, al surgir de la ficción de las películas, no son reales.

Dependiendo de cada psicólogo/a y del tipo de terapia con la que trabaje, el funcionamiento será diferente. En este post vamos a exponer brevemente cómo lo hacemos en nuestro centro, aunque como decimos, hay muy diversas formas de funcionamiento.

En primer lugar se suele hacer una recogida de datos para poder abrir la ficha, los datos que se piden son los habituales (nombre completo, dirección, teléfono, e-mail, etc.). Una vez hecho esto, se explica cómo funciona la terapia (en nuestro caso puedes consultarlo previamente en el apartado ¿Qué tipo de terapia elegir? de nuestra sección Dudas habituales), las condiciones de confidencialidad y el compromiso que se pide al paciente con la terapia. Después se te pedirá que firmes una hoja en la que reconoces haber sido informado sobre todos estos aspectos y otra donde te comprometes a realizar las tareas y asistir a las sesiones para el buen funcionamiento de la terapia.

Una vez hecho esto, el psicólogo/a pasará a la gran pregunta ¿Por qué has decidido acudir a consulta? En la primera sesión seguramente te vengan varias cosas diferentes a la cabeza, o al contar cuál es el problema expliques los hechos de forma desordenada y acordándote después de otras situaciones problemáticas. No te preocupes, esto es normal ya que un problema se ve reflejado en diferentes ámbitos de nuestra vida y a veces no tenemos muy claro dónde ha empezado el problema. Esto es algo que se irá trabajando poco a poco en la consulta. Lo importante es que puedas ir explicando el problema, ordenar los hechos y encontrar el origen lo harás con ayuda del psicólogo/a.

Ahora bien, acudir a un psicólogo/a no significa que no puedas preguntar y tengas que escuchar todo lo que él/ella diga porque las preguntas son importantes tanto para que tú puedas sentirte cómodo/a en la terapia como para que el psicólogo/a pueda entenderte mejor. Es importante que preguntes todo aquello que no te quede claro sobre cualquier aspecto, no existen las preguntas tontas. Además, el psicólogo/a no va a juzgarte, sólo va a ayudarte a reforzar tus habilidades y a adquirir algunas técnicas para poder superar el problema que te ha hecho acudir a consulta.

Otro punto importante que a veces genera inseguridad sobre la confidencialidad es ¿qué hago si me encuentro a mi psicólogo/a por la calle? No tienes de qué preocuparte, debido a la confidencialidad y para dar una mayor seguridad sobre ello a los pacientes, la decisión de saludarlo o no está en tu mano. Si decides saludarle él/ella te devolverá el saludo, normalmente él/ella no te saludará si tú no lo haces antes para que (sobre todo si vas con otra persona) no tengas que dar explicaciones. Tú eres libre de contar lo que quieras a quien quieras y de saludar o no a tu psicólogo/a.

Esto es todo por el momento, pero sólo es la primera parte. La próxima semana os dejaremos un nuevo post con la continuación de éste.