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¿Por qué acudir al psicólogo/a?

Durante muchos años se ha visto a la figura del psicólogo/a como alguien a quien acudían sólo aquellos que estaban "locos" o que tenían problemas graves como cualquiera de las enfermedades mentales o trastornos psicológicos que la mayoría conocéis. Sin embargo, poco a poco ese concepto ha ido cambiando. Aunque aún queda mucho camino por recorrer, pero hoy en día hay mucha gente que acude para mejorar algunos aspectos de su vida o solucionar problemas más cotidianos o que se consideran menos graves.

Por eso hoy quiero hablaros de esos temas en los que puede sernos de utilidad un psicólogo/a. En ocasiones podemos llegar a experimentar síntomas, que aunque no se puedan catalogar como trastorno, sí que afectan a nuestras vidas. Entre ellos los más comunes son los relacionados con la ansiedad y el estrés. El origen de estos síntomas puede ser muy variado, pero cuando se mantienen durante un período y nada de lo que hayamos intentado ha servido para mejorar la situación, puede ser un buen momento para acudir a un psicólogo/a que nos ayude a remediarlo.

Otros síntomas comunes son los relacionados con la depresión, como una tristeza profunda que se prolonga en el tiempo, un sentimiento de soledad, de apatía o desmotivación ante cosas que antes nos resultaban gratificantes. Todo esto, si no trabajamos para solucionarlo, nos puede llevar realmente a padecer una depresión. Puede resultar complicado salir de este tipo de situaciones por uno mismo ya que nos faltan la fuerza y las ganas para hacer ese esfuerzo. Por eso es otra buena razón por la que acudir a un profesional de la psicología.

Sin embargo, no hace falta padecer ningún síntoma de este tipo para acudir a un psicólogo/a. Puede que nos encontremos relativamente bien con todos los ámbitos de nuestra vida, pero quizá nos gustaría poder sentirnos más cómodos en ambientes sociales. O quizá queramos mejorar nuestra relación de pareja, ya que de vez en cuando aparecen conflictos que no sabemos muy bien cómo solucionar. Quizá seamos un poco indecisos a la hora de tomar ciertas decisiones y nos gustaría mejorar este aspecto. O Puede que no estemos del todo satisfechos con algunos aspectos de nuestra personalidad y nos gustaría cambiarlos.

Como podéis ver, hay muchos aspectos diferentes en los que un psicólogo/a nos puede ayudar. Algunos pueden tener relación con situaciones que realmente nos generan un malestar en nuestra vida, pero otros están relacionados con ese término que se ha puesto de moda: el crecimiento personal.

En resumen, sea cual sea nuestro motivo podemos recurrir a un psicólogo si consideramos que puede beneficiarnos en la situación en la que nos encontramos. Aquel que en un momento dado no se ve capaz de salir de una situación que le genera malestar o simplemente quiere mejorar ciertos aspectos de vida, tiene una actitud muy valiente al acudir a un psicólogo ya que no es fácil reconocer nuestras limitaciones. Por ello, os animo a parar un momento un pensar si estáis satisfechos con vuestra vida actual; si la respuesta es no, es el momento de moverse para cambiarlo.

Si quieres más información sobre este tema o has decidido que es el momento de acudir a un psicólogo/a, puedes contactar con nosotros a través de nuestro formulario de contacto o del e-mail: info@psicologiasmr.es. Estaremos encantados de ofrecerte toda la información que precises sin ningún compromiso.

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Cómo conseguir una buena salud psicológica

Conseguir una buena salud psicológica es muy importante ya que nos permitirá poder desarrollar nuestra vida sin mayores dificultades y sin quedarnos bloqueados o estancados debido a problemas de ansiedad, inseguridad, emocionales, etc. Pero lo primero que tenemos que saber es en qué consiste la salud psicológica.

¿Qué es una buena salud psicológica?

La salud psicológica es encontrarnos bien a nivel mental, a gusto con nosotros mismos y con los demás, satisfechos con cómo estamos viviendo nuestra vida y con las decisiones que tomamos en nuestro día a día. Básicamente es un equilibrio y un bienestar en todos los ámbitos de nuestra vida. No es ser perfectos y no equivocarnos nunca, ya que los errores van a suceder, habrá ocasiones en las que nos equivoquemos y es algo normal. La cuestión es intentar darle la vuelta a aquellas situaciones que sean negativas o nos generen malestar, ahí está la clave para una buena salud psicológica.

Entonces, ¿qué tengo que hacer para lograrlo?

En primer lugar habría que hacer una evaluación de los aspectos de nuestra vida que nos hacen sentir mal, aquí podemos incluir todo tipo de cosas como pensamientos negativos que tengamos, problemas en nuestras relaciones con los demás, malestar en el trabajo o con nuestros estudios, etc. Se trata de buscar todas aquellas cosas de nuestra vida que son negativas o que nosotros las sentimos de ese modo. La mayoría de estas situaciones podremos vivirlas como algo malo o buscarle el lado positivo, se trata principalmente de nuestra manera de pensar.

Una vez que hayamos identificado todos los aspectos negativos que percibimos en nuestra vida será el momento de trabajar con ello. Tenemos que cuestionar todos estos aspectos uno a uno, empezando por analizar por qué eso en concreto es negativo para nosotros y a partir de ahí ver qué pensamos al respecto, evaluando los posibles sesgos del pensamiento que estén apareciendo y trabajando con ellos.

Chico paseando

Pero, ¿qué son los sesgos del pensamiento?

Los sesgos del pensamiento son distorsiones que creamos de forma inconsciente (y que están muy relacionadas con nuestras experiencias previas), al emitir una evaluación de una situación concreta. Dicho así, suena muy complejo pero creo que un ejemplo puede ayudar a aclararlo. Por ejemplo, hoy es nuestro primer día en un trabajo nuevo (en un puesto en el que no tenemos experiencia), como vendedor en una tienda. Al atender al primer cliente nos olvidamos de explicarle algunas características del producto en el que está interesado y al marcharse nos damos cuenta de que hay otro producto que podría haber sido más idóneo para esa persona.

Ante esta situación podemos verlo de dos maneras; la primera sería hacer una evaluación negativa generando pensamientos como "ya lo he hecho mal, como siempre". En este pensamiento se incluye un sesgo que sería la generalización, usar términos absolutos como "siempre" o "nunca". Este sesgo lo que genera es una sensación de impotencia y frustración, que está relacionada con el locus de control del que ya os hablé en un post anterior. Además hay otros muchos sesgos que pueden aparecer en nuestros pensamientos como la ilusión de control, que nos hace creer que podemos controlar o influir en algo aunque todas las evidencias nos indiquen lo contrario o el sesgo de atención a lo negativo, que nos hace centrarnos y dar más importancia a los acontecimientos negativos que a los positivos.

Entonces, ¿sólo modificando estos pensamientos conseguiré estar sano psicológicamente?

No. La salud psicológica incluye muchos aspectos y no todos tienen que ver con el funcionamiento de nuestro cerebro. Al igual que cuando queremos cuidar nuestra salud física, que implica evitar aquellas cosas que nos puedan hacer enfermar también hay que cuidar ciertos hábitos para estar sanos. Estos hábitos también influyen en nuestro bienestar psicológico; algunas de estas cosas hoy en día ya nos resultan evidentes por la cantidad de mensajes que encontramos en relación a ello.

Por ello, aparte de trabajar con nuestros pensamientos tendremos que establecer unos hábitos de alimentación y de sueño adecuados en cuanto a que sean saludables y constantes. El ejercicio también es algo que nos beneficia tanto a nivel físico como psicológico, y no tiene que ser necesariamente ir al gimnasio o hacer pesas sino que podemos hacer actividades como ir a caminar, andar en bici o practicar yoga. Lo importante es buscar una actividad que nos ayude a mantenernos activos y que nos guste, ya que de lo contrario acabaremos abandonándola.

Además de estos hábitos que son bastante obvios, es importante que dediquemos parte de nuestro tiempo a las relaciones sociales (fuera del ámbito laboral o de estudios) y a hacer actividades gratificantes con nuestros amigos y familiares. También habría que reservar un tiempo para nosotros mismos, puede ser mayor o menor, pero es necesario. En el tiempo que nos dediquemos a nosotros podemos hacer actividades que nos gusten como leer o hacer manualidades o simplemente podemos relajarnos con una ducha más larga o tomando un rato el sol (ahora que tenemos ya algunos días que nos permiten hacerlo).

También es importante la independencia emocional, partiendo del punto de aprender a reconocer, conocer y aceptar nuestras propias emociones. Ser independiente emocionalmente no significa distanciarnos de los demás, sino no depender de ellos (de lo que hagan, nos digan o cómo nos valoren) para ser felices. Este aspecto está muy relacionado con nuestra autoestima, por lo que es otro punto que sería bueno trabajar y reforzar.

Otro aspecto importante como ya he comentado antes es no buscar la perfección ser conscientes y aceptar que las cosas ni son perfectas ni podemos controlar todos los aspectos para que salga como queremos. A veces, independientemente de lo que hagamos, las cosas no van a salir como esperamos y tenemos que trabajar nuestra capacidad de tolerar y aceptar este hecho. Esto no significa que nos vayamos al otro extremo y no pongamos interés y esfuerzo en conseguir lo que queremos, sino en aceptar aquellos fracasos que puedan darse.

Por lo tanto, como podéis ver la salud psicológica implica muchos aspectos y requiere de un cierto esfuerzo por nuestra parte alcanzarla. Sin embargo, los beneficios que obtendremos a cambio nos van a recompensar con creces este esfuerzo. Así que os animo a que trabajéis un poco en ello e intentéis mejorar aquellos aspectos de vuestras vidas que no sean positivos.

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Nuestras elecciones y sus consecuencias

Decisiones. Continuamente estamos tomando decisiones, desde que suena el despertador por la mañana (¿me levanto? ¿me quedo 5 minutos más?) hasta que nos acostamos por la noche (¿a qué hora me voy a la cama? ¿veo un poco más la tele?) . Y todas y cada una de las decisiones que tomamos influyen en mayor o menor medida en nuestras vidas. Sin embargo, la mayor parte de ellas pasan desapercibidas ya que son decisiones cotidianas a las que no les damos demasiada importancia.

Por ejemplo, el caso del despertador que he comentado en principio es una decisión bastante sencilla y aparentemente sin importancia. Pero si la analizamos veremos que tiene implicaciones: si decido levantarme quizá me ponga de mal humor porque me gustaría quedarme un poco más en la cama pero iría muy justa de tiempo aunque levantándome me dará tiempo a hacer todo antes de salir; si decido quedarme 5 minutos más, seguramente tendré que vestirme y prepararme más rápido y quizá tenga que saltarme el desayuno pero habré disfrutado esos 5 minutos más.

Como podemos ver, en un ejemplo tan tonto como éste vemos que ambas decisiones tienen su parte buena y su parte mala; y en función de la importancia que tengan estas consecuencias elegiremos una opción u otra. Esto es así en todas las decisiones que hacemos aunque realmente no nos paramos a analizarlo en cada decisión que tomamos. Algunas decisiones las tomamos por un impulso momentáneo, otras las meditamos más. Esta diferencia tiene que ver con la importancia que percibamos tanto de la propia decisión que debemos tomar como de las consecuencias de la misma.

¿Y si no tomo una decisión?

Si no tomamos una decisión, realmente ya estamos tomando una: no elegir (o posponer la decisión). Hay casos en los que podremos decidir no decidir, y puede que otros decidan por nosotros; otras veces podemos no decidir algo pero a medio o largo plazo tenemos que tomar esa decisión. Con lo que al final en cualquiera de los casos no tomar una decisión tiene sus consecuencias: bien tener que aceptar lo que otros decidan o tomar una decisión definitiva más adelante. A veces, puede ser que pospongamos tanto una decisión que acabemos "no teniendo elección"; por ejemplo, si nos estamos planteando matricularnos en algún curso y lo posponemos demasiado por no querer decidir es posible que acabe pasandose el plaza de inscripción y no podamos realizar ese curso. Aparentemente en este caso no hemos podido elegir, pero en realidad hemos elegido no hacer ese curso, hemos pospuesto la decisión hasta que ya no podíamos matricularnos (aunque quizá haya sido una elección incosciente).

¿Es tan importante tomar decisiones?

Algunas decisiones serán importantes y otras no, depende de muchos factores. En primer lugar depende de la importancia que tenga para ti el tema sobre el que debes tomar una decisión. Si ese tema es importante para ti, seguramente pensarás más en qué decisión tomar buscando los pros y los contras. Por otro lado, también pueden influir las consecuencias que pueda tener para ti o para alguien que te importe el que tomes una u otra decisión. A veces, también puede ser que sea una decisión realmente difícil porque ambas opciones te parecen igual de buenas pero son incompatibles; en este caso sería bueno recurrir a las técnicas de toma de decisiones.

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¿Qué es la ansiedad y por qué la sufrimos?

Ya hemos hablado en ocasiones anteriores sobre la ansiedad y hoy queremos retomar un poco el tema. En los últimos post que hemos publicado sobre este tema nos centramos en la ansiedad que podemos sufrir dentro del ámbito laboral o a causa de nuestro trabajo. Sin embargo, podemos sufrir ansiedad que no esté vinculada a nuestro trabajo y es de lo que queremos hablar hoy.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una reacción automática normal que nos prepara para una amenaza, aumentando nuestras facultades de percepción. Por lo tanto, no tiene porque ser un problema. El problema aparece cuando esta reacción aparece ante situaciones que no son realmente una amenaza, pero que por diferentes motivos nuestro cerebro sí las percibe como peligrosas. Es decir, por un lado tenemos la ansiedad que nos ayuda a la preservación de nuestra vida, que es necesaria y está relacionada con situaciones o aspectos que bien, por herencia genética o aprendizaje percibimos como peligrosas (y que además lo son). Por otro lado, tenemos la ansiedad desadaptativa que es aquella cuyas reacciones nos entorpecen en nuestro día a día, en las relaciones con los demás, etc.

Dentro de la ansiedad desadaptativa hay diferentes tipos de problemas de ansiedad: ansiedad generalizada, de pánico, estrés postraumático, fobia social, fobias específicas y trastorno obsesivo-compulsivo. Cada una de ellas responde a un tipo de estímulo o situación estresora diferente aunque los síntomas suelen ser similares, pudiendo variar de una persona a otra.

¿Cuáles son los síntomas?

En primer lugar hay diferentes tipos de síntomas; a nivel de pensamientos hay un preocupación excesiva por algún tema concreto (economía familiar, salud, trabajo, etc.) sin que realmente haya signos de un problema al respecto. También suele haber una negatividad que genera unas expectativas irreales con resultados muy negativos e incluso catastróficos. Además, es muy difícil conseguir estar relajado, lo que puede derivar en problemas de insomnio cuyas consecuencias pueden ser la irritabilidad, fatiga o dolores de cabeza. Y finalmente, pueden aparecer también problemas para concentrarse o para recordar algunas cosas.

Por otro lado también hay síntomas a nivel físico como una sensación de nerviosismo y tensión constantes, un aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada (que pude generar hiperventilación y mareo), sudoración excesiva, temblores, sensación de debilidad o problemas gastrointestinales (además de una disminución o un aumento del apetito).

Habitualmente no se dan todos los síntomas a la vez, pero suele haber una combinación de los síntomas relacionados con los pensamientos y de los síntomas físicos. La aparición de estos síntomas genera un malestar e incomodidad que pueden afectar negativamente a diferentes áreas de nuestra vida. La interferencias o dificultades que pueden aparecer son muy variadas en función del origen del problema, de los recursos personales y de las habilidades de afrontamiento de cada persona, y pueden darse en un único área de nuestra vida, en varios o en todos.

¿Por qué sufro ansiedad?

Las causas pueden ser muy variadas y no son excluyentes, es decir, que puede haber varios factores que influyan en que padezcamos ansiedad. En primer lugar tendríamos el origen genético, puede que exista cierta herencia genética que nos haga ser más nerviosos o más sensibles a los acontecimientos estresantes. Luego están las causas circunstanciales, que suele ser el origen más habitual, puede ser una mala racha económica, estar pasando por un mal momento con la pareja o en la familia, etc. En tercer lugar encontramos las experiencias vitales significativas, son aquellas situaciones que suponen un cambio como un embarazo o una situación trumática que hayamos vivido (como un accidente de tráfico). Por último, estarían las drogas; hay ciertos tipos de droga como el éxtasis o el LSD que generan ansiedad, del mismo modo que para algunas personas la cafeína o la teína les puede afectar en este sentido (en ambos casos se debe a las reacciones químicas que provocan estos componentes en el cerebro).

¿Qué puedo hacer para afrontarla?

En primer lugar habría que evitar en la medida de lo posible todo aquello que aumente nuestro nerviosismo (reducir el consumo de cafeína o si se consumen drogas dejarlas), además habría que hacer una revisión de nuestros hábitos de vida para intentar mejorar aquellos que no sean saludables (alimentación y horas de sueño estables, ejercicio periódico, etc.). Si conocemos el origen principal, podríamos intentar modificar esa situación o la manera en que nosotros la vemos para que no nos genere tanto estrés. Y por último, intentar modificar nuestra actitud buscando los aspectos positivos o la forma de darle la vuelta a la situación para que no nos afecte (o al menos el impacto no sea tan importante).

Si la situación de ansiedad se prolonga en el tiempo y vemos que no conseguimos mejorar, sería recomendable acudir a un psicólogo para poder trabajar el problema ya que de lo contrario, además de las dificultades que experimentamos cada día la ansiedad puede derivar en una depresión.

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Atención en psicología de emergencias

En psicología existen muchos ámbitos para trabajar, algunos son bastante conocidos por la mayoría de la gente como la psicología clínica o el trabajo en Recursos Humanos (que es un área de la psicología del trabajo). Sin embargo, hay otros que no son tan conocidos como es la atención psicológica en emergencias o psicología de emergencias.

Y esto es precisamente de lo que os quiero hablar hoy. Si habéis ido leyendo mi blog sabréis que trabajo como voluntaria dentro del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes (GIPEC) del Colegio de Psicología de Navarra. En este grupo en primer lugar nos formamos con cursos y jornadas por parte de profesionales que trabajan en diferentes áreas de este ámbito para tener los conocimientos y habilidades necesarias para intervenir en una situación de este tipo. Es una formación continua ya que hay múltiples problemáticas que se pueden dar y nuevas técnicas que aprender. A continuación, os explicaré brevemente en qué consiste el trabajo que realizamos una vez formadas/os y con quiénes intervenimos.

¿Qué hace un psicólogo de emergencias?

Por un lado el grupo hace una labor de formación: a otras entidades sobre la intervención psicológica en crisis (primeros auxilios básicos, formación específica con diferentes colectivos (cuerpos de seguridad, bomberos, etc.), formación específica sobre situaciones que pueden surgir en situaciones de crisis (abordaje del duelo por ejemplo), actividades preventivas para promover una adecuada gestión de las catástrofes.

También, para completar la formación que nosotras/os recibimos de personas externas, realizamos formaciones internas por parte de personas del grupo con experiencia en este tipo de situaciones y participamos en simulacros tanto internos como organizados por otros grupos.

Y por último, actuamos en las situaciones de emergencia en las que hay múltiples víctimas, atendiendo tanto a las víctimas directas como a los familiares y allegados de estas. Estas intervenciones dependiendo de cada caso podemos realizarlas en el lugar del accidente, en tanatorios, hospitales, colegio, etc.

¿Con quiénes interviene un psicólogo/a de emergencias?

Como ya he comentado la intervención se realiza con las víctimas directas y sus familiares y allegados. El objetivo en estas intervenciones es minimizar el impacto emocional de la situación, facilitar el adecuado afrontamiento de ésta y fortalecer las capacidades propias de cada uno. Es una primera intervención en la que principalmente tratamos de apoyar a las víctimas escuchando sus demandas y necesidades, escuchando lo que necesiten contarnos y reforzando tanto sus capacidades como los recursos (familia, amigos e incluso recursos psicológicos) para afrontar la situación vivida.

Además, también intervenimos con los propios intervinientes (policías, bomberos, sanitarios o psicólogos) que hayan estado atendiendo a las víctimas. Nuestra labor en este caso es, previamente a que suceda una situación de emergencias, es la formación de estos colectivos en cuanto a recursos de autoprotección y autocuidado e incrementar sus capacidades y habilidades para afrontar este tipo de situaciones. Durante y después de que haya habido una intervención volvemos a reforzar todo lo aprendido previamente y ayudamos a disminuir el nivel de estrés derivado de la intervención.

 

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Jornadas GIPEC 2018: Intervención con intervinientes

El pasado sábado 22 de Septiembre el Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes (GIPEC) al que pertenezco, realizó unas jornadas muy interesantes en relación a la intervención con intervinientes en el Civican de Pamplona. En estas jornadas han participado más de 150 personas de diferentes perfiles profesionales que actúan en las emergencias: policías, bomberos, enfermeros, etc.

Las las Jornadas fueron inauguradas por Rosa Ramos, decana del Colegio de Psicología de Navarra; Dolores Escalante, coordinadora del Área de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes del Consejo General de la Psicología de España; e Izaskun Cibiriain, directora de la Escuela de Seguridad y Emergencias de Navarra. Posteriormente Javier Torres, decano del Colegio Oficial de Baleares y Coordinador del área de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes del Consejo General de Psicología de España, explicó el papel del propio Consejo en la Gestión de las Emergencias.

A continuación varias psicólogas, Lidia Rupérez, Marta Díaz de Rada, Sara Mendizabal y Ana Ruiz;  miembros del GIPEC de Navarra presentaron al grupo y explicaron su labor: cómo es la organización cuando hay que intervenir en una emergencia y cuál es la labor del grupo, cómo se maneja el estrés en el personal interviniente, qué son y cómo se realizan los primeros auxilios psicológicos en estas situaciones y las aportaciones de la psicología en emergencias a los propios equipos de emergencias.

Además, la psicóloga Experta en Emergencias y miembro del GIPEC de Asturias, Natalia Lorenzo, realizó una ponencia referente a la resistencia y resiliencia en el personal interviniente, donde explicó la importancia de la formación previa en materia de estrés ante las emergencias, dirigida a estos profesionales y en la posibilidad de solicitar apoyo psicológico tras haber intervenido en una situación de este tipo.

Por la tarde se realizó una mesa de experiencias en la que se abordó la importan de la intervención con los equipos de emergencias y las necesidades de éstos. Se trabajó desde una experiencia personal de las personas participantes. Los perfiles profesionales que intervinieron fueron desde: la psicología, Maite Armiño; la labor policial, Roberto Valencia; la labor de enfermería, Elena Yangua; la labor del bombero (Help-na), Diego Mariezcurrena y Protección Civil Milagro, José María Cambra.

Para cerrar las jornadas Natalia Lorenzo, habló sobre las herramientas de trabajo en intervinientes para su propio cuidado. Y la clausura corrió a cargo de la decana del Colegio Oficial de Psicología de Navarra, Rosa Ramos.

Esperamos que las del próximo año os resulten interesantes y acudáis también, estaremos encantadas/os de recibiros y compartir con vosotros la experiencia. ¡Nos vemos en las próximas Jornadas!

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Jornadas GIPEC 2018

Hoy os quiero presentar las II Jornadas de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes – Intervención con Personal Interviniente en Emergencias que organiza el Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes (GIPEC) de Navarra, del que formo parte. Las jornadas se celebrarán el 22 de Septiembre en Civican.

Este año el tema que hemos elegido es la intervención con intervinientes, creemos que es importante dar a conocer la importancia y destacar el valor del trabajo psicológico que se hace también con este tipo de personas. Al fin y al cabo, toda persona que se ve involucrada de una otra forma en una situación traumática recibe un impacto provocado por ésta.

En estas jornadas queremos invitar a todo tipo de personal interviniente: Policía, militares, psicólogos, médicos, enfermeros, bomberos, y todas las demás profesiones del ámbito sanitario y de emergencias que puedan verse implicados de alguna manera en estas situaciones. A continuación os dejo el enlace a la página del Colegio Oficial de Psicología de Navarra, donde podréis encontrar toda la información de la jornada y el link de inscripción gratuita.

¡Os esperamos!

II Jornadas GIPEC 2018: Información e inscripción gratuita

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Voy a comenzar una terapia, ¿qué puedo esperar? II

La semana pasada os dejamos la primera parte de este post, que es la última parte de una pequeña guía para ayudar a quienes no tienen claro cuándo acudir a terapia, cómo elegir psicólogo, etc.

En el post anterior despejábamos algunas dudas que pueden surgir una vez que ya hemos decidido acudir a terapia y hemos elegido un psicólogo/a. Hoy continuamos con otras posibles dudas que pueden aparecer y crear inseguridad para tomar la decisión final de contactar con un psicólogo/a.

A veces, podemos plantearnos cuándo es adecuado contactar con nuestro psicólogo/a. Esto depende mucho de cada profesional, pero normalmente suelen atender dentro del horario laboral sin problema, y si no es posible responder a la llamada en el  momento en que le paciente la hace, le devolvería la llamada en otro momento. Algunos pueden cobrar por este servicio, aunque no es nuestro caso. También pueden ofrecer contacto a través del correo electrónico o (últimamente más a menudo) el WhatsApp. En cualquier caso, esta es una pregunta que puedes hacerle a tu psicólogo/a en la primera sesión para que te aclare cómo trabaja en su caso.

Otra duda que puede surgir es si puedes hacerle preguntas personales a tu psicólogo/a. La respuesta es sí que puedes, pero probablemente no las responda ya que la terapia y el terapeuta se centran en ti. Es importante trabajar sobre tus experiencias, sentimientos y dificultades. Puedes pensar que el psicólogo/a no puede entender tu situación si  no lo ha vivido y por ello querer hacerle preguntas. Sin embargo, el psicólogo/a como profesional que es, si no está formado o preparado para atender tu demanda y ayudarte a solucionar la situación que te ha hecho acudir a su consulta, te derivará a otro profesional que sí pueda.

Con respecto a la duración de la terapia, no hay una respuesta concreta. La duración depende del problema por el que se acude, tu personalidad, la frecuencia de las sesiones y el trabajo que hagas tú mismo tanto dentro como fuera de la consulta. En este aspecto es muy importante que trabajes por tu cuenta lo que te pida el psicólogo/a ya que influirá mucho en la duración de la terapia. En cualquier caso, siempre intentamos que las terapias sean lo más breves posibles, siempre que sean eficaces. No es adecuado alargar la terapia más de lo necesario ya que no es positivo para ninguna de las dos partes.

En relación al punto anterior y al compromiso con la terapia que comentábamos en el post anterior, en algunas sesiones el psicólogo/a puede pedirte tareas para casa. Estas tareas suelen ser pequeños ejercicios que servirán para desarrollar y reforzar las habilidades necesarias para que puedas enfrentarte al problema (y a futuros problemas similares). Por ello, es importante que las hagas siguiendo las indicaciones que te de tu psicólogo/a y (si te lo pide) lleves el registro a la siguiente sesión. Si dejas de hacer estas tareas, es muy probable que el tiempo de terapia se alargue porque no estás haciendo el trabajo necesario para solucionar la situación problemática.

En la terapia, la sinceridad es la clave tanto por tu parte como por la del psicólogo/a que te atienda. La sinceridad por tu parte hará que tu terapeuta te conozca y te entienda, lo que a su vez logrará que el apoyo y la ayude que te brinde se más eficaz. Y la sinceridad por parte del profesional (respondiendo a aquellas dudas que plantee, reconociendo los posibles errores que pueda cometer, etc.) hará que tú puedas confiar más en él/ella y de este modo la terapia se desarrollará correctamente hasta alcanzar las metas propuestas.

Por último, un aspecto que también genera duda es ¿qué ocurre tras la última sesión? Esto también depende de cada terapeuta y su forma de funcionar. En nuestro caso, hacemos un seguimiento de cada caso, para comprobar que los cambios logrados durante la terapia se mantienen. Además, este seguimiento sirve para dar apoyo y ofrecer ayuda en caso de que, una vez finalizada la terapia, encuentres problemas o dificultades. A veces, podemos volver a padecer el mismo problema porque no hemos afianzado lo suficiente las habilidades desarrolladas. En tal caso, es importante tener en cuenta que el psicólogo/s puede ayudarnos a reforzarlas. No hay que sentir miedo ni vergüenza por acudir debido al mismo problema, hay situaciones muy complicadas que pueden bloquearnos en un momento dado y necesitamos reafirmar las habilidades adquiridas.

Esto es todo por el momento, creemos que este post, junto con el anterior pueden despejar las dudas más importantes que pueden hacernos rechazar el pedir cita con un psicólogo/a. Esperamos que nuestra pequeña guía os ayude.

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Voy a comenzar una terapia, ¿qué puedo esperar? I

Hasta el momento hemos publicado varios post que podrían formar una pequeña guía para quienes no sepan si es conveniente acudir a un psicólogo y qué valorar a la hora de elegir uno: Lo que un psicólogo/a puede hacer por ti, La decisión de ir al psicólogo/a y Consejos para elegir psicólogo/a.

En el post de hoy queremos completar esa pequeña guía ofreciendo algunas ideas y rompiendo con algunas creencias al acudir a terapia. Una vez hayas decidido acudir a terapia y ya tengas cita con el psicólogo/a que hayas elegido, seguramente te encuentres un poco nervioso/a ya que las ideas que nos pueden venir a la cabeza sobre qué podemos encontrarnos son muy variadas y muchas, al surgir de la ficción de las películas, no son reales.

Dependiendo de cada psicólogo/a y del tipo de terapia con la que trabaje, el funcionamiento será diferente. En este post vamos a exponer brevemente cómo lo hacemos en nuestro centro, aunque como decimos, hay muy diversas formas de funcionamiento.

En primer lugar se suele hacer una recogida de datos para poder abrir la ficha, los datos que se piden son los habituales (nombre completo, dirección, teléfono, e-mail, etc.). Una vez hecho esto, se explica cómo funciona la terapia (en nuestro caso puedes consultarlo previamente en el apartado ¿Qué tipo de terapia elegir? de nuestra sección Dudas habituales), las condiciones de confidencialidad y el compromiso que se pide al paciente con la terapia. Después se te pedirá que firmes una hoja en la que reconoces haber sido informado sobre todos estos aspectos y otra donde te comprometes a realizar las tareas y asistir a las sesiones para el buen funcionamiento de la terapia.

Una vez hecho esto, el psicólogo/a pasará a la gran pregunta ¿Por qué has decidido acudir a consulta? En la primera sesión seguramente te vengan varias cosas diferentes a la cabeza, o al contar cuál es el problema expliques los hechos de forma desordenada y acordándote después de otras situaciones problemáticas. No te preocupes, esto es normal ya que un problema se ve reflejado en diferentes ámbitos de nuestra vida y a veces no tenemos muy claro dónde ha empezado el problema. Esto es algo que se irá trabajando poco a poco en la consulta. Lo importante es que puedas ir explicando el problema, ordenar los hechos y encontrar el origen lo harás con ayuda del psicólogo/a.

Ahora bien, acudir a un psicólogo/a no significa que no puedas preguntar y tengas que escuchar todo lo que él/ella diga porque las preguntas son importantes tanto para que tú puedas sentirte cómodo/a en la terapia como para que el psicólogo/a pueda entenderte mejor. Es importante que preguntes todo aquello que no te quede claro sobre cualquier aspecto, no existen las preguntas tontas. Además, el psicólogo/a no va a juzgarte, sólo va a ayudarte a reforzar tus habilidades y a adquirir algunas técnicas para poder superar el problema que te ha hecho acudir a consulta.

Otro punto importante que a veces genera inseguridad sobre la confidencialidad es ¿qué hago si me encuentro a mi psicólogo/a por la calle? No tienes de qué preocuparte, debido a la confidencialidad y para dar una mayor seguridad sobre ello a los pacientes, la decisión de saludarlo o no está en tu mano. Si decides saludarle él/ella te devolverá el saludo, normalmente él/ella no te saludará si tú no lo haces antes para que (sobre todo si vas con otra persona) no tengas que dar explicaciones. Tú eres libre de contar lo que quieras a quien quieras y de saludar o no a tu psicólogo/a.

Esto es todo por el momento, pero sólo es la primera parte. La próxima semana os dejaremos un nuevo post con la continuación de éste.

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I Jornada de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes

Hoy queremos recordaros que todavía quedan plazas libres para la I Jornada de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes que organiza el próximo 4 de Junio en CIVICAN el Colegio Oficial de Psicólogos de Navarra.

La entrada es gratuita, previa inscripción. Podéis enviar vuestras solicitudes de inscripción indicando vuestro nombre completo y profesión al correo electrónico comunicacionemergencias@gmail.com o en el teléfono 600 150 123.

En el cartel que aparece a continuación os presentamos la información completa sobre la jornada.