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¿Qué es la ansiedad y por qué la sufrimos?

Ya hemos hablado en ocasiones anteriores sobre la ansiedad y hoy queremos retomar un poco el tema. En los últimos post que hemos publicado sobre este tema nos centramos en la ansiedad que podemos sufrir dentro del ámbito laboral o a causa de nuestro trabajo. Sin embargo, podemos sufrir ansiedad que no esté vinculada a nuestro trabajo y es de lo que queremos hablar hoy.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una reacción automática normal que nos prepara para una amenaza, aumentando nuestras facultades de percepción. Por lo tanto, no tiene porque ser un problema. El problema aparece cuando esta reacción aparece ante situaciones que no son realmente una amenaza, pero que por diferentes motivos nuestro cerebro sí las percibe como peligrosas. Es decir, por un lado tenemos la ansiedad que nos ayuda a la preservación de nuestra vida, que es necesaria y está relacionada con situaciones o aspectos que bien, por herencia genética o aprendizaje percibimos como peligrosas (y que además lo son). Por otro lado, tenemos la ansiedad desadaptativa que es aquella cuyas reacciones nos entorpecen en nuestro día a día, en las relaciones con los demás, etc.

Dentro de la ansiedad desadaptativa hay diferentes tipos de problemas de ansiedad: ansiedad generalizada, de pánico, estrés postraumático, fobia social, fobias específicas y trastorno obsesivo-compulsivo. Cada una de ellas responde a un tipo de estímulo o situación estresora diferente aunque los síntomas suelen ser similares, pudiendo variar de una persona a otra.

¿Cuáles son los síntomas?

En primer lugar hay diferentes tipos de síntomas; a nivel de pensamientos hay un preocupación excesiva por algún tema concreto (economía familiar, salud, trabajo, etc.) sin que realmente haya signos de un problema al respecto. También suele haber una negatividad que genera unas expectativas irreales con resultados muy negativos e incluso catastróficos. Además, es muy difícil conseguir estar relajado, lo que puede derivar en problemas de insomnio cuyas consecuencias pueden ser la irritabilidad, fatiga o dolores de cabeza. Y finalmente, pueden aparecer también problemas para concentrarse o para recordar algunas cosas.

Por otro lado también hay síntomas a nivel físico como una sensación de nerviosismo y tensión constantes, un aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada (que pude generar hiperventilación y mareo), sudoración excesiva, temblores, sensación de debilidad o problemas gastrointestinales (además de una disminución o un aumento del apetito).

Habitualmente no se dan todos los síntomas a la vez, pero suele haber una combinación de los síntomas relacionados con los pensamientos y de los síntomas físicos. La aparición de estos síntomas genera un malestar e incomodidad que pueden afectar negativamente a diferentes áreas de nuestra vida. La interferencias o dificultades que pueden aparecer son muy variadas en función del origen del problema, de los recursos personales y de las habilidades de afrontamiento de cada persona, y pueden darse en un único área de nuestra vida, en varios o en todos.

¿Por qué sufro ansiedad?

Las causas pueden ser muy variadas y no son excluyentes, es decir, que puede haber varios factores que influyan en que padezcamos ansiedad. En primer lugar tendríamos el origen genético, puede que exista cierta herencia genética que nos haga ser más nerviosos o más sensibles a los acontecimientos estresantes. Luego están las causas circunstanciales, que suele ser el origen más habitual, puede ser una mala racha económica, estar pasando por un mal momento con la pareja o en la familia, etc. En tercer lugar encontramos las experiencias vitales significativas, son aquellas situaciones que suponen un cambio como un embarazo o una situación trumática que hayamos vivido (como un accidente de tráfico). Por último, estarían las drogas; hay ciertos tipos de droga como el éxtasis o el LSD que generan ansiedad, del mismo modo que para algunas personas la cafeína o la teína les puede afectar en este sentido (en ambos casos se debe a las reacciones químicas que provocan estos componentes en el cerebro).

¿Qué puedo hacer para afrontarla?

En primer lugar habría que evitar en la medida de lo posible todo aquello que aumente nuestro nerviosismo (reducir el consumo de cafeína o si se consumen drogas dejarlas), además habría que hacer una revisión de nuestros hábitos de vida para intentar mejorar aquellos que no sean saludables (alimentación y horas de sueño estables, ejercicio periódico, etc.). Si conocemos el origen principal, podríamos intentar modificar esa situación o la manera en que nosotros la vemos para que no nos genere tanto estrés. Y por último, intentar modificar nuestra actitud buscando los aspectos positivos o la forma de darle la vuelta a la situación para que no nos afecte (o al menos el impacto no sea tan importante).

Si la situación de ansiedad se prolonga en el tiempo y vemos que no conseguimos mejorar, sería recomendable acudir a un psicólogo para poder trabajar el problema ya que de lo contrario, además de las dificultades que experimentamos cada día la ansiedad puede derivar en una depresión.

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Síntomas de estrés laboral

Continuando con el post 4 factores de estrés laboral que publicamos anteriormente en el blog, hoy os hablamos de los síntomas que pueden aparecer cuando padecemos estrés en el trabajo. A grandes rasgos, los síntomas pueden ser de tipo emocional/psicológico o de tipo físico, y habitualmente se da una mezcla de factores de ambos tipos.

En cuanto a los síntomas de tipo emocional podemos encontrar cambios de humor, mayor irritabilidad, ansiedad, miedo o temor, inseguridad, incapacidad o dificultad para concentrarnos o para desempeñar nuestro trabajo adecuadamente, incapacidad o dificultad para tomar decisiones (especialmente si éstas son importantes), estado de ánimo bajo o deprimido, problemas de memoria (como olvidos o dificultad para recordar).

Todos estos síntomas, además, pueden llevar a conductas más agresivas debido a la irritabilidad, aunque también a comportamientos más inhibidos cuando los síntomas están relacionados con el estado de ánimo bajo o la inseguridad. Algunos de estos síntomas pueden ser percibidos fácilmente por parte del entorno (los cambios de humor, la irritabilidad o la dificultad para concentrarse cuando eso provoca un peor rendimiento en general), sin embargo, otros son más difíciles de detectar (los problemas de memoria o la depresión, por ejemplo).

Por otro lado están los síntomas físicos, que suelen estar provocados por nuestros pensamientos o nuestras emociones ante la situación. Son bastante habituales los dolores de cabeza, malestar intestinal o estomacal, náuseas y mareos, sudoración excesiva, fatiga, alteración del sueño y/o de la alimentación, hiperventilación, taquicardia, tensión muscular y contracturas.

Además, si estos síntomas físicos se prolongan en el tiempo pueden llegar a generar que nuestras defensas bajen, teniendo como consecuencia que nos pongamos enfermos con gastroenteritis o simplemente que nos resfriemos más fácil o con síntomas más duraderos o más fuertes.

En cuanto al resto de ámbitos de nuestra vida, el estrés laboral y sus síntomas tienen unas consecuencias. En el entorno social pueden provocar que tengamos relaciones más conflictivas con familiares y amigos o que nos alejemos de ellos porque no tengamos ganas de hacer nada. En el entorno laboral pueden llevar a absentismo en el trabajo, a desmotivarnos en su desempeño o incluso a generar un rechazo muy fuerte que pueda provocarnos sentimientos de angustia cuando tenemos que ir a trabajar. En el plano personal suelen aumentar las conductas nocivas o negativas como un aumento del consumo de sustancias (cafeína, alcohol, drogas), aumento de conductas violentas con el peligro de sufrir lesiones físicas.

Como podéis ver, sufrir estrés en el trabajo puede tener síntomas muy diversos pero creo que es importante estar atento si padecemos varios de ellos a la vez y teniendo en cuenta también los factores de estrés laboral que os comenté en el otro post, ya que sufrir estrés laboral puede tener consecuencias importantes en nuestra vida.

Más adelante, os contaré algunas acciones que podemos realizar para prevenir el estrés laboral y también algunas soluciones que podemos aplicar en caso de que ya estemos padeciendo estrés en el trabajo. Mientras tanto, si queréis consultar alguna duda al respecto o padecéis estos síntomas y queréis superarlos, podéis contactar conmigo a través de la página de contacto o del correo info@psicologiasmr.es

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4 Factores de estrés laboral

El estrés laboral es un problema que últimamente está aumentando, cada vez estamos más estresados con nuestro trabajo. Y ese estrés afecta a otros aspectos de nuestra vida como las relaciones con la familia, los amigos y la pareja, a nuestro bienestar psicológico, etc. Pero, ¿cómo podemos saber si padecemos estrés laboral?

En estos momentos, el tema del trabajo sigue estando en un punto complicado, ya que la crisis económica ha provocado la destrucción de muchos puestos de trabajo y a generar otros que son precarios (pocas horas, poco sueldo, trabajo temporal). Por esto, ha habido una búsqueda de trabajo fuera del país por parte de algunas personas; las que se han quedado a trabajar y estaban desempleadas o perdieron su trabajo lo que se han encontrado han sido trabajos que no responden a lo que buscaban. Mucha gente está en un puesto de trabajo que no es áquel para el que han estudiado o en el que le gustaría estar, éste es uno de los factores que puede influir en nuestro estrés laboral: tener un puesto de trabajo que no nos gusta o que no nos satisface.

El hecho de que exista este factor puede generar estrés porque sentimos la necesidad de tener otro trabajo y aunque lo intentamos, no lo encontramos. Esto nos genera frustración, porque es igual si tienes formación de un tipo o de otro, o mucha experiencia trabajando, lo que importa es que cuando acudas a una entrevista de trabajo le gustes a la persona que está ahí y que piense que puedes desempeñar bien el trabajo. El problema de esto es que realmente no se tiene claro qué es lo que buscan por lo que esas entrevistas nos generan ansiedad también, y si somos rechazados añaden frustración.

Por otro lado, hay otro factor que a mí me parece muy importante en cuanto al estrés laboral se refiere, son las condiciones laborales. Quiero decir, ya tienes un trabajo que puede gustarte más o menos, pero las condiciones laborales son incómodas o malas. Por ejemplo: en el sector servicios hay muchos empleos como los de hostelería o peluquería y estética, que tienen unas condiciones complicadas. En estos tipos de empleo aparecen una serie de condiciones que nos generan malestar; suelen ser empleos en los que los festivos se tiene que trabajar, que se trabajan muchas horas, los horarios pueden ser de muchas horas seguidas o se termina muy tarde por la noche. Hay muchos tipos de empleo en los que las condiciones laborales son desfavorables (y que no son sólo del tipo que he descrito aquí) pero creo que estos dos ejemplos lo ilustran bastante bien.

Todas estas condiciones surgen en muchos casos de que las empresas saben lo que el mercado laboral nos ofrece y usan a su favor nuestros puntos débiles; si saben que nos cuesta encontrar trabajo tienen bastante seguro que aceptaremos algunas condiciones negativas por poder trabajar, si tenemos un hijo o alguna obligación económica saben que necesitamos ese dinero para poder seguir adelante, etc. Todo eso son situaciones normales que las empresas pueden ver como puntos de referencia para mantenerte en el trabajo.

Y hablando de la empresa, tenemos otro factor que puede influir en nuestro estrés laboral: el ambiente de trabajo. Con ambiente de trabajo me refiero tanto a la relación que tengamos con nuestros compañeros como con los jefes. Si nos llevamos bien con los compañeros, el trabajo y las responsabilidades se reparten de forma equitativa, se trabaja en equipo, el jefe sabe liderar (en vez de dar órdenes), si el jefe es sensible a las necesidades de los trabajadores y acepta sugerencias de mejora, etc. Si estas pequeñas cosas son positivas el trabajo es más agradable, pero si son negativas afectan a cómo nos sentimos con lo que aumentan nuestro malestar y estrés laboral.

Por último, y si ponemos en una balanza estos factores en un lado y el sueldo en el otro, podemos valorar si nos compensa ese sueldo y ese trabajo o no. Por lo que también el sueldo puede ser un factor de estrés laboral si consideramos que nuestra aportación a la empresa por medio de nuestro trabajo vale más de lo que recibimos como sueldo.

En conclusión, haciendo una valoración de todos estos factores, si pesa más lo negativo que lo positivo nos puede estar generando un estrés laboral del que no seamos conscientes. Quizá podamos llegar a darnos cuenta si hay un cambio, generalmente a peor, que sea la "gota que colme el vaso" y en ese momento es cuando podremos ver algunas (o muchas) de estas situaciones que os he explicado. Y como siempre, si quieres puede enviarnos un comentario, consultar dudas o solicitar información sobre nuestros servicios a través del Formulario de contacto de la web o del correo electrónico info@psicologiasmr.es

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La forma de expresarnos y el poder de la mente

Hoy en día disponemos de multitud de formas de comunicarnos, tanto los medios tradicionales (cartas o llamadas telefónicas), como todo lo que las tecnologías nos ofrecen (e-mail, redes sociales, mensajería instantánea, etc.). Sin embargo, a pesar de haber tal cantidad de medios, muchas veces no nos paramos a pensar qué es lo que queremos decir o si lo que hemos escrito es realmente lo que estábamos pensando. En mi opinión, es tan importante el contenido que queremos expresar como la forma de hacerlo; ya que si no sabemos expresarlo adecuadamente probablemente no refleje lo que queremos decir o incluso pueda haber malentendidos.

Por otro lado, la forma que tenemos de expresarnos influye en quienes reciben el mensaje, y esta influencia puede ser positiva o negativa. Un mismo mensaje expresado con unas u otras palabras o en un tono u otro puede generar en la persona que lo recibe diferentes reacciones y sentimientos. Además, el vocabulario que usemos tanto al hablar con otras personas como al dirigirnos a nosotros mismos, también nos influye.

Pongamos un ejemplo: Si todas las mañanas nos levantamos y decimos: "vaya hoy tengo otro día horroroso por delante, tengo que trabajar mucho, encima no he dormido bien y seguramente esté lloviendo todo el día". Lo más probable es que empecemos el día de mal humor y con pocas ganas de hacer cosas. Sin embargo, aunque la situación sea la misma (que tengamos mucho trabajo, que hayamos dormido poco y que haga mal tiempo), si nos levantamos y buscamos la parte positiva (como pensar que el fin de semana tendremos tiempo para descansar, que podremos dormir un poco más y mejor, y que la lluvia no significa que al día siguiente no pueda hacer sol), nuestra actitud será mejor. Este es un ejemplo muy tonto, pero sirve para entender lo que quiero decir.

Esta misma influencia la vemos reflejada en nuestra autoestima, si nos lanzamos mensajes negativos a nosotros mismos, nuestra autoestima se verá dañada poco a poco cada vez más. De este modo, podemos ver que al igual que los mensajes con lenguaje negativo que nos dirigimos a nosotros mismos  nos "debilitan" de alguna manera, ocurre lo mismo con los mensajes que les mandamos a los demás. El lenguaje y las reacciones que nos provocan los mensajes recibidos son muy potentes y las consecuencias en referencia al bienestar psicológico están muy influenciadas por éste.

Pongamos otro ejemplo: Si a una persona que ha pasado por una situación traumática la llamamos víctima, de alguna manera le estamos diciendo que esa situación la supera, que es impotente ante esa situación, que no puede hacer nada para superarlo. Sin embargo, si a esta persona la llamamos superviviente, le enviamos el mensaje de que tiene la capacidad y la fuerza de sobreponerse a aquello que le ha ocurrido, que a pesar de todo, puede seguir adelante. Quizá parezca una tontería, pero la realidad es que de forma inconsciente nos acabamos adaptando (y comportando como las etiquetas que nos ponen).

Del mismo modo, y centrándome en mi propio ámbito de trabajo, a las personas que acuden a un psicólogo/a siempre se les ha llamado pacientes. Creo que no es una palabra adecuada por varias razones; en primer lugar paciente es alguien pasivo, es quien padece una acción externa, no es activo; sin embargo, en la consulta los psicólogos/as tratamos de dar herramientas y técnicas para que la persona tenga los recursos para superar la situación ella misma. Por lo tanto, la persona que acude a un psicólogo/a tiene que empezar a ser un agente activo para que la terapia funcione. Por otro lado, paciente siempre ha estado asociado a la medicina y esa asociación a su vez nos hace pensar en enfermedad. Es cierto que una parte de las personas que solicitan consulta en psicología pueden padecer enfermedades (trastornos de ansiedad, depresión, fobias, etc.), pero otra parte acuden debido a situaciones temporales que les impiden realizar su vida con normalidad (sin llegar al punto de ser un trastorno) o porque quieren mejorar algún aspecto de su vida o de ellos mismos (crecimiento personal). Por ello, no me gusta la palabra paciente para denominar a aquellas personas que acuden a mi consulta.

Como podéis ver, en mi opinión el lenguaje es muy importe para una comunicación adecuada, para expresar lo que realmente queremos, para hacernos entender y para que nuestras palabras generen en el otro la reacción que realmente buscamos. Es cierto que no podemos estar todo el día dándole vueltas a lo que vamos a decir o cómo lo vamos a decir, pero si que podemos hacer un cambio progresivo que no nos suponga reevaluar todo nuestro lenguaje de golpe. Por ejemplo, si usamos muchas palabras negativas (desastre, horror, terrible, etc.), podemos intentar reducir el número de veces que las decimos; también podemos intentar relativizar las cosas, palabras como "nunca", "siempre", "todo" o "nada" no suelen ser ciertas y podemos cambiarlas por "pocas veces", "a menudo", "bastante" o "apenas" dejando un margen a otras posibilidades. Estos pequeños cambios, pueden ir haciendo que poco a poco nuestra actitud sea más positiva, lo que a su vez, nos da fuerza para enfrentarnos a los retos diarios. Del mismo modo, podemos mandarnos a nosotros mismos mensajes positivos, que a largo plazo nos harán sentir mejor y aumentarán nuestra autoestima.

Así que te animo a intentarlo y comprobar si te funciona. En cualquier caso, si necesitas apoyo psicológico o quieres solicitar consulta conmigo para tratar algún problema no dudes en contactarme en el correo info@psicologiasmr.es o a través del Formulario de contacto de la web.

 

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La manipulación y el chantaje emocional

manipulacion

La manipulación y el chantaje emocional son una forma de comunicación en la que una de las partes, más o menos sutilmente, intenta convencer a la otra parte de hacer algo o de que la parte manipuladora es la que está en lo cierto mientras la otra está equivocada. Las personas que utilizan este tipo de comunicación suelen valerse de la relación afectiva que les une y usarla en su favor. Suelen utilizar frases que hacen sentir culpa a quien las recibe, del tipo "yo pensaba que eras mi amiga", "con lo que dices que me quieres no me esperaba esto de ti", etc. Suelen recurrir a sentimientos de decepción o de sentirse menos queridos por la otra persona para que ésta se sienta culpable y ceda, para conseguir su objetivo.

Hay personas que hacen esto de forma inconsciente y sin pensar realmente en lo que están haciendo, porque desde pequeños han aprendido a conseguir las cosas de esta forma. Para ellos es natural hacerlo así. Sin embargo, hay otras personas que lo han ido adquiriendo a lo largo de su vida debido a situaciones por las que ha podido pasar y que le han enseñado que, dependiendo de la persona con la que trates, es una forma fácil de conseguir lo que quieres sin tener que ceder en nada.

¿Por qué hay personas que manipulan de esta forma?

Como ya hemos dicho, hay quienes lo hacen de forma inconsciente porque desde niños han hecho las cosas de esta manera y otros porque las experiencias que han vivido les han enseñado que es una buena forma, incluso a veces fácil, de conseguir lo que quieren. Pero, ¿realmente qué hay detrás de todo esto? A veces, lo que nos encontramos detrás de esto puede ser una persona que no ha desarrollado la capacidad de defender sus ideas con argumentos lógicos y de peso que convenzan al otro. Otras veces, puede ser una disonancia cognitiva lo que mueve este tipo de funcionamiento.

La disonancia cognitiva es una incongruencia entre lo que pensamos y lo que sentimos. Por ejemplo, si estamos en una relación de pareja en la que nos encontramos a gusto pero nos empieza a llamar la atención otra persona. En este caso quizá queramos romper la relación actual y conocer a esa tercera persona, pero eso nos haría sentir mal. Pensamos que queremos estar con otra persona pero sentimos que no está bien. Una persona manipuladora en este caso haría y diría cosas que provocasen que su pareja actual fuese la que le dejase y no al revés. De esta forma se habría roto la relación "por culpa" de su pareja (y no por la suya propia) y sería libre para intentarlo con esa tercera persona.

Manipulación

¿Podemos evitar que nos manipulen?

Una vez sepamos que nos podemos encontrar este tipo de personas a lo largo de nuestra vida y en muchos ámbitos, nos podemos plantear qué podemos hacer nosotros para que no nos manipulen. Cómo podemos conseguir tener realmente capacidad de decisión y no tener que ceder siempre ante las exigencias de este tipo de personas para así llegar a un acuerdo que nos satisfaga a ambos.

Hay veces, que dependiendo de la situación no es posible llegar a un entendimiento con lo que las posibles opciones que nos quedan son o bien ceder y aceptar lo que el otro nos dice o pide, o negarnos por completo y que ninguno de los dos consiga lo que quiere. La primera opción no es muy buena para el que está siendo manipulado ya que queda a expensas de lo que quiera el otro, y la segunda opción puede traernos algún problema con la otra persona (una discusión, un distanciamiento o incluso la ruptura de la relación). En estos casos es importante valorar la situación y decidir si en ese caso concreto es mejor ceder o no, qué nos compensa más a largo plazo.

En la mayoría de las ocasiones sí podemos hacer algo. En mi opinión, la forma adecuada de abordar este tipo de situaciones es usando la asertividad. La asertividad es una forma de comunicación "intermedia", quiero decir que no es un comportamiento inhibido como sería el aceptar las condiciones que nos exigen ni una forma agresiva como lo sería la manipulación. La asertividad lo que pretende es que mediante la empatía y el ponernos en el lugar del otro, podamos expresar qué queremos, cómo nos sentimos respecto a la actitud de la otra persona y qué nos gustaría que hiciera o que no hiciera para sentirnos mejor. Esto dicho así suena un poco enrevesado así que os voy a poner un ejemplo para verlo más claro.

Qué podemos hacer para que no nos manipulen psicológicamente

Una persona quiere que le prestemos dinero y para ello recurre a nuestra amistad intentando hacernos sentir culpables, ante eso y dado que no queremos prestarle el dinero tendríamos que mostrarle la situación desde nuestro punto de vista. En primer lugar deberíamos realizar una escucha activa de su petición, sin interrumpirle ni cortarle y entendiendo qué es lo que nos pide. Luego al responderle debemos usar un lenguaje verbal claro y conciso, darle razones (y no excusas), ser positivo, usar la primera persona y no justificarnos (todo ello con un lenguaje no verbal adecuado, que no sea agresivo ni inhibido).

Otras opciones que tenemos para dar una negativa es pedirle algo de tiempo para pensarlo de modo que no nos pille desprevenidos y podamos darle una respuesta negativa con nuestras razones meditadas. Podemos también pedir más información acerca de la petición que nos hace, lo que puede hacer que cambiemos de opinión o que encontremos razones que fundamenten nuestra decisión. Por último, podemos ayudar a la persona a buscar otras soluciones diferentes con las que no tengamos que hacer lo que nos pide. En cualquier caso, nunca debemos justificarnos porque decir no es un derecho que tenemos.

Cambiar nuestra forma de responder ante estas personas lleva algo de tiempo, más o menos dependiendo de cómo sea nuestra forma actual de reacción. Pero con un poco de trabajo, podemos aprender a controlar nuestra reacción y con un poco más de tiempo también podemos ser capaces de identificar a estas personas antes de que lleguen a un punto en que nos resulte complicado ser asertivos y evitar la manipulación y/o el conflicto.

Más adelante publicaré algún otro post sobre la asertividad y alguna pauta para empezar a trabajarla. Hasta entonces podéis dejar vuestros comentarios, o contactar conmigo si tenéis alguna duda o queréis resolver algún problema.

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¿Qué implicaciones emocionales conlleva la situación laboral actual?

Hoy queremos continuar con un tema relacionado con el post anterior. La semana pasada analizábamos cómo ha influido el situación laboral actual en el desarrollo de nuestras vidas. Hoy, queremos abordar cómo vivimos esta situación y cómo nos afecta en cuanto a nuestras emociones y sentimientos.

El hecho de que las ofertas de trabajo sean escasas, temporales y cuyos salarios son bajos nos genera una serie de emociones negativas. Dependiendo de la situación en la que nos encontremos podemos sentir frustración, impotencia, ansiedad, desánimo e incluso una tristeza profunda. Esta forma de sentirnos responde a cuál es nuestra situación concreta y cómo nos vemos a nosotros mismos al enfrentarnos a ella. Por ejemplo, si la situación es que nos rechazan sistemáticamente en las ofertas de empleo a las que nos presentamos, pero pensamos que tenemos las cualidades necesarias podemos sentir frustración e impotencia. Sin embargo, si llevamos mucho tiempo buscando empleo y, aunque nos citen para entrevistas, no terminan de contratarnos hagamos lo que hagamos (probando diferentes estrategias tanto al presentar el currículum como durante las entrevistas) podemos sentir tristeza. En este caso, probablemente los constantes rechazos nos afecten al autoestima, haciéndonos creer que quizá realmente no tengamos las cualidades necesarias para ninguno de esos trabajos y que quizás solo podamos optar a empleos que realmente no nos satisfagan al no pedirnos muchas habilidades.

Esta falta de empleo también afecta a quienes sí tienen un trabajo. Quizá haya gente que piense que aquellos que tienen trabajo no tienen derecho a quejarse. La cuestión es que muchas de esas personas no están desempeñando el trabajo que les gustaría, o en caso de hacerlo, no con las condiciones laborales que desean, pero ¿por qué no intentan mejorar su situación o cambiar de trabajo? Muchas de estas personas pueden pensar que no tienen derecho a quejarse precisamente porque tienen un trabajo y eso hace que no reconozcamos nuestros derechos. Las empresas tienen derecho a elegir qué tipo de personas o perfiles profesionales son los que quieren para trabajar con ellos, pero el contrapunto es que nosotros también tenemos derecho a decidir dónde queremos (o no) trabajar. Sin embargo, cuando nos ofrecen un puesto de trabajo muchas veces no nos paramos a valorar si las condiciones son adecuadas al puesto o si las obligaciones y derechos son los que deberían ser, aceptamos el puesto tal cual nos lo ofrecen. Es importante que recordemos que tenemos derecho a mejorar nuestra situación, tengamos o no un trabajo, si no tenemos un trabajo podemos buscar algo temporal y que nos sea más accesible, pero una vez logrado no debemos acomodarnos sino buscar algo con lo que nos sintamos realizados.

Por último, creo que es importante que nos valoremos, que valoremos nuestras capacidades, que valoremos nuestras habilidades y que seamos capaces de ver el potencial que tenemos. Es importante tener expectativas realistas, pero eso no significa que tengamos que resignarnos a las opciones más fáciles (y normalmente menos gratificantes), sino que debemos luchar por conseguir trabajar en lo que nos gusta. Trabajar en algo que nos gusta y que tiene un significado para nosotros no sólo nos beneficia a nosotros, porque el sentirnos bien con lo que hacemos se refleja en nuestro trabajo y se transmite a quienes nos rodean. Así que cómo reflexión final, evaluad vuestras capacidades y habilidades, contrastadlas con vuestras expectativas, y si éstas son realistas, buscad el camino para alcanzar esas metas.

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¿Cómo afecta la escasez de empleo a los jóvenes?

En los últimos años la crisis ha provocado una serie de cambios en la sociedad, el poder adquisitivo de la mayoría de las personas se ha visto reducido e incluso muchas de ellas han perdido sus empleos. Comprar una casa o cambiar un coche antiguo, se ha vuelto muy complicado y para la mayoría es casi imposible. La generación anterior tuvo que esforzarse mucho para lograr lo que consiguió y aun así parte de ellos lo ha perdido y la mayoría de los demás observan frustrados cómo todo su esfuerzo en que sus hijos tengan una buena educación, en proporcionarles un hogar adecuado y en usar todos los medios al alcance para que sus hijos logren el éxito han sido borrados de un plumazo.

La generación actual son personas con una buena formación académica y que se encuentran en una situación de desempleo o de trabajo precario. La mayor parte de ellos, para poder ejercer la profesión que han estudiado gracias al esfuerzo de sus padres, tienen que hacerlo como autónomos, lo que implica una inversión de dinero importante que muchos no pueden afrontar. Es una situación muy frustrante tanto para los jóvenes que buscan ganarse la vida con lo que les gusta y para lo que se han preparado como para sus padres, que ha procurado que lo consiguieran.

El panorama laboral, además está afectando a otros aspectos. En primer lugar, los hijos viven más años en casa de los padres, al no poder mantenerse de forma independiente. En la generación anterior la mayor parte de la gente se casaba alrededor de los 20 años y se iban a vivir por su cuenta; sin embargo, en este momento los jóvenes en muchas ocasiones retrasan 10 años o más esta salida del hogar, incluso el número de bodas se ha reducido por el gasto que supone. Todo esto afecta también al tener hijos, ya que si no puedes mantenerte de forma independiente o en caso de que puedas no puedes pagar los gastos puntuales que supone una boda, ¿cómo vas a poder pagar los gastos que supone un hijo? ¿cómo vas a poder mantenerlo hasta que cumpla 30 años? Por otro lado y con respecto a los hijos, los padres de estos jóvenes en muchas ocasiones quieren convertirse ya en abuelos, porque una gran parte de ellos tuvieron a sus propios hijos con unos 25 años y actualmente rondan los 50 por lo que sienten que ya es el momento. En estos casos, pueden presionar a sus hijos a este respecto, lo que provoca frustración en ambas partes debido a la imposibilidad de cumplirlo.

En cualquier caso es la situación que nos ha tocado vivir, y la mejor manera de afrontarla es buscando los aspectos positivos y poniendo empeño en conseguir lo que queremos. Es difícil no desanimarse cuando te rechazan en unas cuantas ofertas de empleo, pero no hay que tirar la toalla. Si has estudiado fotografía, peluquería, informática o cualquier otro nivel de estudios que tengas, no te rindas y persigue ese puesto de trabajo en el que te vas a sentir bien, valorado y que sientas que es donde debes estar. Es importante para nuestra salud tanto física como mental que nos sintamos satisfechos con lo que hacemos.

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La vuelta a la rutina II

La semana pasada publicamos el primer post sobre el «síndrome postvacacional» para dar una breve explicación sobre ello. Hoy, queremos cerrar este tema continuando y finalizando los aspectos que no abordamos en el anterior. La semana pasada hicimos una pequeña introducción y hablamos sobre su valoración, quiénes o qué situaciones hacen más probable que lo padezcan y cómo afecta a las personas adultas.

Sin embargo, no solo los adultos (trabajadores o no) sufren este tipo de síntomas, también los estudiantes y especialmente los niños. Ellos/as han disfrutado de casi 3 meses de no tener que ir a clase, poder jugar con los amigos, ir de vacaciones a la playa, a la piscina, etc. Todo esto ha alterado considerablemente sus rutinas durante el curso. Normalmente se levantarán y se acostarán más tarde, no tienen el mismo nivel de carga académica (incluso aunque hagan cuadernillos de verano) y los horarios de comidas tampoco son los mismos. Por esto, la «vuelta al cole» para ellos/as también es difícil (y para los padres que tienen que volver a establecer las rutinas de sus hijos/as).

Otro aspecto del que se habla en estas fechas son las rupturas de pareja, que aumentan al finalizar el verano. Pero, ¿tiene algo que ver con este «síndrome postvacacional»? ¿Qué puede provocar un mayor número de rupturas de pareja en esta época? Lo cierto es que los síntomas que asociamos al «síndrome postvacacional» no son lo que provocan las rupturas. Normalmente esta situación viene dada porque la pareja tiene previamente una serie de problemas que no ha abordado (problemas de comunicación, de convivencia, etc.), y que, durante el verano, que disponemos de más tiempo para compartirlo con nuestra pareja salen a la luz. Habitualmente durante el resto del año los horarios en los que coincide una pareja son más reducidos, y por lo tanto podemos pasar por alto problemas que durante unas vacaciones, en las que estamos las 24 horas de día juntos o al menos el número de horas aumenta significativamente, esos problemas parecen hacerse más grandes, simplemente por hacerse evidentes. Por ello, es importante cuidar de nuestra relación durante todo el año, hablar sobre los problemas para intentar encontrar una solución antes de que se agrave, ser flexibles en cuanto a lo que pedimos y ser generosos en cuanto a lo que damos.

Por último y para finalizar con este tema, queremos daros unos pequeños consejos que os permitan no padecer estos síntomas, o como mínimo, que os afecten lo menos posible.

Lo ideal para abordar esta situación es retomar las rutinas de forma gradual; unos días antes de volver a los horarios habituales hay que ir modificando los que tenemos durante el verano. Si cada día nos acostamos y levantamos antes, y vamos aproximando nuestros horarios de comidas y actividades a los que tenemos durante el período normal, nos resultará más fácil. Esto se aplica también a los niños, lo mejor es ir poco a poco ajustando los horarios a los que tendrán durante el periodo escolar para que cuando vuelvan al colegio no les resulte tan difícil. Otro punto importante es seguir realizando actividades de ocio, aunque dispongamos de menos tiempo para ello, el tiempo que dedicamos a nosotros mismos, a las personas que son importantes para nosotros y a nuestras aficiones es importante para nuestra salud. Además, si repartimos nuestras vacaciones a lo largo del año, aunque en periodos más cortos, nos servirá de respiro y no nos complicará tanto la vuelta a la rutina.

Por último y como pauta general de salud, es importante dormir las horas necesarias (aproximadamente 8 horas), comer regularmente y de forma equilibrada y hacer deporte. El descanso es importante aunque el número de personas puede variar de unas a otras; en cuanto a la comida, no deberíamos saltarnos ninguna comida ya que puede afectar a nuestro rendimiento (no solo laboral) y a cómo nos sentimos (cansancio, apatía). Y respecto al deporte, no es necesario hacer ejercicio de forma muy exigente, principalmente cuando no estamos acostumbrados; pasear durante una hora a buen ritmo, andar en bici, ir a correr o hacer algún tipo de baile o deporte concreto nos puede ayudar a sentirnos mejor.

Todo esto es lo que resume este tema del «síndrome postvacacional», esperamos que os haya resultado interesante y útil para esta vuelta a la rutina y al cole de los más pequeños.

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La vuelta a la rutina I

En las últimas publicaciones hemos hecho referencia al «síndrome o depresión postvacacional», y es que en estas fechas es un tema por el que mucha gente se interesa. Muchas personas tienen dudas al respecto; si existe o no, algunas personas experimentan síntomas que podrían indicar que lo padecen y les gustaría saber cómo recuperarse. Por ello, y para finalizar con este tema queremos hacer este post, que debido a su extensión dividiremos en dos, y en los que haremos un breve resumen sobre todo esto.

En primer lugar, es importante decir que desde el punto de vista psicológico el «síndrome postvacacional» no se considera un cuadro clínico. Esto se debe a que no existen unos criterios estándar que lo definan y por tanto no se puede valorar como tal. Sin embargo, sí que es cierto que un cierto número de personas, una vez que finaliza el verano (y con  él las vacaciones), padecen ciertos síntomas como cansancio, irritabilidad, tristeza, etc. Esto se debe a una mala adaptación a la vida diaria y la rutina de nuevo; y es lo que se ha denominado «síndrome postvacacional».

Ahora bien, ¿por qué aparecen estos síntomas? y ¿de qué depende que los padezcamos o no? Estos síntomas se dan normalmente porque hemos tenido un período vacacional largo, en el que hemos cambiado nuestros horarios (descanso, comidas, horas de trabajo, horas de ocio). Además, en muchos negocios durante el verano reducen el horario de apertura lo que hace que sus trabajadores tengan menos horas de trabajo y más de ocio. También es importante tener en cuenta el trabajo en el que se encuentra la persona; es decir, si es un trabajo que le resulta agradable, con un buen ambiente de trabajo, las relaciones con los compañeros son buenas y se siente valorado/a lo más probable es que no padezca estos síntomas. Seguramente no estará deseando volver a la rutina, pero eso es síntoma de que sus relaciones con su pareja, familia y amigos son buenas. En el otro lado, aquellas personas que realicen un trabajo que no les agrade, con un mal ambiente de trabajo, malas relaciones con los compañeros y en el que no se sienten valorados; tienen muchas más probabilidades de padecer este tipo de síntomas y cuanto peor sea la situación, más importantes serán los síntomas.

Ante esta situación habrá personas que se enfaden pensando que «ojalá yo tuviera síndrome postvacacional», y tienen su razón para sentirse así, hablamos de las personas que se encuentran en el paro. Quizá no se hable de su caso, pero también sufren un cambio en esta época del año. Habitualmente el turismo, el buen tiempo y las vacaciones hacen que se creen unos puestos de trabajo temporales que ocupan este tipo de personas, y por ello normalmente durante el verano tienen un respiro tanto económico como emocional. Durante este tiempo, pueden relajarse un poco porque tienen un trabajo, pero al finalizar la temporada este puesto en el que están no es necesario y vuelven a encontrarse en el paro. Esto los lleva a la situación de tener que buscar de nuevo un trabajo, lo que conlleva el estrés y la ansiedad de intentar encontrar algún trabajo que les permita vivir. Por ello, también pueden sufrir síntomas similares aunque sus razones sean justo las contrarias.

En el post de la semana que viene continuaremos con este tema abordando temas como: cómo afecta a los estudiantes y a los niños, el aumento de las rupturas de pareja en estas fechas y unos breves consejos para eliminar o minimizar los síntomas.

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El «síndrome postvacacional» II

En el post de hoy queremos compartir con vosotros la entrevista que le hicieron a nuestra psicóloga Sandra Monreal Romero en el programa «Me importas tú» emitido este lunes en el canal de televisión Navarra Televisión.

A continuación podéis ver el vídeo haciendo clic en el siguiente link Entrevista para Navarra Televisión.