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Cómo nos afectan el tiempo y las estaciones

Los cambios de estación pueden afectar a nuestro estado de  ánimo, tanto cuando hace excesivo calor como cuando tenemos días mucho frío o lluvia. Las olas de calor que hemos tenido este verano y el cambio ahora hacia el frío y las lluvias pueden afectarnos; por ello hoy quiero hablaros de ello. Con este post retomamos un tema que ya comentamos en post anteriores sobre la vuelta a la rutina y el síndrome postvacacional.

Para empezar es importante recordar que no a todos nos afecta de la misma manera ni con la misma intensidad estas temperaturas y los cambios en el tiempo y en las estaciones, pero probablemente de una u otra manera habéis notado algunos cambios cuando nos encontramos en estas circunstancias. Os voy a ir contando a lo largo de este post las posibles situaciones que nos pueden ocurrir tanto con el tiempo como con el cambio de estación.

Ahora mismo estamos dejando atrás el verano, los días de calor, sol y luz durante muchas horas para pasar a días con temperaturas más bajas, lluvia y menos horas de luz. La temperatura nos puede llevar a evitar algunas actividades en el exterior (tanto por exceso de calor como por frío) ya que debido a ella nos sentimos mejor en nuestras casas. Por otro lado, y dado que en verano muchas personas tienen reducción de jornada o se van de vacaciones, el sol nos invita a estar más activos en todos los aspectos de nuestra vida. Sin embargo, cuando vemos un tiempo inestable con nubes o probabilidad de lluvias tenemos una mayor tendencia a posponer o cancelar planes. Además, las horas de luz también pueden influirnos ya que nuestro cuerpo tiene unos ritmos biológicos (los ritmos circadianos) que hacen que mental y físicamente reaccionemos a la luz; cuando hay luz del día tenemos el mensaje "hay que estar despierto" y cuando oscurece el mensaje cambia a "hay que dormir". Esto sería una simplificación bastante general del funcionamiento, pero nos lleva a ver que el estar cansados a horas que quizá en verano no lo estuviéramos tiene un componente biológico.

Como os decía, además de todo lo relativo al clima de cada estación, creamos asociaciones mentales para ellas. Si pensamos en "verano" lo que suele venirnos a la cabeza son las vacaciones, buen tiempo, actividades al aire libre o más tiempo para nosotros; si por otro lado pensamos en "invierno" esta relación se establece con el frío, estar en casa, más horas de trabajo, lluvia, etc. Y como todas las imágenes mentales nos evocan diferentes pensamientos y emociones, que pueden ser agradables o desagradables, que es lo que al final acabamos relacionando con la estación del año.

Por eso, hoy queremos invitaros a todos los que estéis con el ánimo más bajo debido a este cambio de estación a buscar actividades y momentos agradables: ir a tomar un chocolate con churros con los amigos, pasear por la ciudad viendo los cambios que se producen, ir a los puestos de castañas, etc. Esperamos que de esta forma podáis cambiar poco a poco vuestra forma de percibir las estaciones y no las asociéis tanto a buenas y malas.

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La sencillez y la paz mental

La sociedad en la que vivimos en ocasiones nos crea falsas necesidades,  la idea de que necesitamos un producto o servicio que en realidad no necesitamos. Esta sensación que nos genera, nos hace adquirir estos servicios o productos que luego no usamos o después de un par de ocasiones quedan olvidados. Además, esto puede ser en cualquier sentido como suscripciones, compras de productos o ropa, inscribirnos en un gimnasio o curso, etc.

¿Qué consecuencias pueden tener estas falsas necesidades?

Estas falsas necesidades nos generan un deseo de adquirir aquello que creemos necesitar, lo que en muchas ocasiones nos lleva comprarlo. Si nos ocurre con cierta frecuencia además de acumular productos que no utilizamos o servicios que realmente no estamos aprovechando puede aparecer una sensación de que necesitamos algo más, y podemos llegar a desarrollar algo muy cercano a una adicción. Además,  si acumulamos productos o servicios que desaprovechamos podemos sentirnos mal por ello porque, al pasar el momento de euforia que nos ha llevado a comprar, nos damos cuenta de que hemos malgastado dinero.

En el post de hoy queremos hablaros de este tema; muchos hemos sido conscientes de que tenemos muchas cosas que ni usamos ni necesitamos debido a que en estos últimos meses hemos estado confinados y muchos no han podido trabajar por a la situación actual. Esta situación de pandemia nos ha obligado a pasar muchas horas en casa, y eso ha supuesto tener que buscar cómo ocupar ese tiempo con diferentes actividades (entre ellas limpiar la casa o comenzar con alguna actividad nueva). También estar todas esas horas en casa y dedicar más tiempo a la limpieza nos ha hecho ver que era necesario hacer "limpia", organizar y deshacernos de cosas que estaban en nuestras casas sin darles uso.

Durante estos meses, muchas personas han hecho limpiezas a fondo que de no ser por tener todo ese tiempo libre no se hubieran hecho. Al realizar esta tarea, muchos hemos sido conscientes de que tenemos muchas cosas que no usamos o que usamos en muy pocas ocasiones (y que además podemos sustituirlas por otras que sí usamos más). Esta limpieza y deshacernos de trastos, en general, nos provoca una sensación de "paz mental". No estoy hablando del minimalismo y de seguir pautas como las de Marie Kondo, ya que eso creo que depende mucho del tipo de vida y de la forma de ser de cada uno. Hablo de tener lo que necesitamos y no acumular por acumular.

Acumular, en este caso productos de cualquier tipo, hace que nos sea más difícil saber qué tenemos y a su vez hace que usemos menos cada cosa. Por ejemplo, si tenemos 10 pantalones, a lo mejor usamos habitualmente 3 o 4 y el resto ocasionalmente, y quizás alguno está tan al fondo de nuestro armario que todavía tiene las etiquetas puestas (o tenemos alguno que ya no nos queda bien porque nuestro cuerpo ha cambiado). Esto se puede aplicar a cualquier cosa que tengamos en casa: utensilios de cocina, ropa y calzado, herramientas, productos de cuidado personal e incluso decoración de la casa. A nivel psicológico, esta acumulación puede generarnos ansiedad o frustración por ver demasiadas cosas o no poder encontrar lo que necesitamos en un momento dado. Además, si nuestro entorno en casa esta sobrecargado de cosas nos puede hacer sentir mal. No digo que la casa deba estar perfectamente ordenada porque eso depende de cada uno y su propia personalidad, pero todos tenemos un límite personal y un equilibrio entre orden y caos y es en este límite personal donde tenemos que fijarnos. Si no nos sentimos bien en nuestra propia casa, nos resultará más difícil y duro realizar las tareas del día a día.

¿Qué podemos hacer para evitar o remediar esta situación?

En nuestras manos está el poder mejorar esta situación. Por un lado tendríamos lo que es la prevención y por otro el remedio. En el momento de adquirir un producto o servicio sería bueno que nos planteemos para qué vamos a usarlo, cuánto uso pensamos que le vamos a dar, si ya tenemos algo similar que pueda hacer esa misma función y si nos compensa el uso que hemos previsto con el precio al que lo compraríamos. Con estas preguntas seguramente descartaremos algunas (o muchas) de las compras que vayamos a hacer. Pero todavía podemos cribarlo un poco más. Si en principio las respuestas a estas preguntas nos llevan a la decisión de comprarlo lo mejor es esperar un poco antes de hacer la compra: si es una compra online deja guardado en el carrito el producto y si es en una tienda física hazle una foto en la que también se vea el precio y espera 48 horas antes de hacer la compra. Tras esas 48 horas vuelve a hacerte las preguntas y si todavía quieres comprarlo hazlo, si tu respuesta ha cambiado y ya no lo quieres elimina el producto de tu carrito o móvil.

Esto a veces es difícil de hacer porque se trata de una oferta especial con un plazo muy corto para poder adquirirlo a ese precio. En este caso, hazte las preguntas y si tu decisión al responderlas es comprarlo, valora si puedes esperar esas 48 horas o no (puede que sea una oferta de un único día o si es posible que el producto se agote). Si puedes esperar, espera; si no puedes esperar, haz la compra informándote antes de las condiciones de devolución. Una vez que tengas el producto, espera las 48 horas y vuelve a hacerte las preguntas y añade esta última: si lo fuera a comprar hoy, ¿lo haría? En función de esta valoración ya puedes decidir si te lo quedas o si lo devuelves. Esto sería lo que podemos hacer para prevenir las compras "en caliente".

Por otro lado si ya tenemos en casa cosas de más (y no nos sintamos a gusto con ello), lo que podemos hacer es reducirlo a lo necesario. Para ello lo ideal es ir por tipo o por habitación y dedicarle el tiempo suficiente. Podemos elegir en primer lugar una habitación que no tenga demasiadas cosas de más para que nos resulte más sencillo y luego ir pasando poco a poco a los sitios donde tengamos más (seguramente quienes tengan trastero ése sea el lugar en el que sobren más cosas). Para deshacernos de cosas podemos basarnos en varias reglas:

  • Tirar todo aquello que esté estropeado y no tenga arreglo o que no nos compense arreglarlo.
  • Donar o regalar a alguien que sí le vaya a dar uso todo aquello que esté sin estrenar o no lo hayamos usado en el último año.
  • Donar o regalar todo lo que ya no nos guste o no vayamos a usar más (aunque sí lo hayamos usado con anterioridad).
  • Donar o regalar aquello que sustituyamos por algo similar. Por ejemplo: si tenemos una batidora y compramos otra que nos aporte más funciones, lo ideal sería sacar la vieja y quedarnos sólo con la nueva. Es decir cuando entra uno, sale el otro.
  • Restaurar o arreglar lo que nos gustaría seguir utilizando pero por su estado actual no podemos (y nos merece la pena arreglar). Y después aplicar las reglas si seguimos sin usarlo.

En definitiva, todo aquello que no esté haciendo su función debería salir de nuestras casas. Una vez hayamos hecho esta tarea, lo recomendable es ordenar todo poniendo en los lugares más accesibles aquello que usemos a diario y progresivamente en lugares menos accesibles el resto de cosas en función de su uso. Las cosas que sean "de temporada" como ropa de invierno/verano, decoraciones de navidad/cumpleaños/etc o accesorios que usemos ocasionalmente los podemos guardar en armarios altos, debajo de las camas o en el trastero si tenemos uno. Esto también es aplicable a suscripciones como revistas, el gimnasio, etc.

Este tipo de limpieza y orden lo ideal es hacerlo cada cierto tiempo, por ejemplo si hacemos cambio de ropa de invierno/verano es un buen momento para revisar lo que no usemos antes de guardar la que retiremos o de colocar en nuestro armario la de la temporada. También cuando hagamos alguna renovación en el alguna habitación (sea pintarla, cambiar algunos muebles o redecorarla) podemos aprovechar para hacerlo. Si conseguimos no acumular cosas nos sentiremos mejor y además nuestra casa estará más limpia y ordenada. Así que os animamos a ello para encontrar esta paz mental de la os hablaba al principio.

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¿Héroes contra el coronavirus?

Desde que empezó esta situación de alerta sanitaria en la que todo el personal de hospitales y demás centros sanitarios están teniendo unos niveles de trabajo muy elevados, se les ha comenzado a llamar héroes.

Si bien es cierto que el personal sanitario realiza (y actualmente sigue realizando) una labor muy importante tanto en la prevención como en el tratamiento de las diferentes enfermedades, y concretamente ahora en el caso del coronavirus, no dejan de ser personal sanitario.

Quiero decir, la palabra héroe lleva implícita una serie de responsabilidades y tiene unas connotaciones muy concretas. Normalmente las personas a las que llamamos héroes son aquellas que para desempeñar su trabajo se han formado en situaciones de riesgo y peligro tanto para otras personas como para ellos mismos. En general estaríamos hablando de los diferentes cuerpos de seguridad y bomberos.

Los sanitarios, aunque hacen un papel muy importante para nuestra salud, incluyendo salvar vidas, no están preparados para este tipo de situaciones. Lo que estamos viviendo es una situación muy excepcional, que nunca se había vivido y que está suponiendo un reto tanto para el personal sanitario como para el resto de la población y está poniendo a prueba la resistencia de los diferentes países que la estamos padeciendo.

A los sanitarios se les está llamando héroes como muestra de nuestro apoyo y agradecimiento por el trabajo que están realizando en esta situación tan complicada, pero a muchos de ellos les genera un problema ya que esta denominación implica esa responsabilidad de hacer cosas a veces imposibles. Además, los héroes son siempre fuertes, no se rinden, pueden con todo y no piden ayuda. Como consecuencia de ser llamados héroes estas personas pueden padecer problemas de estrés, angustia, sentimientos de impotencia y de culpa, etc.

Todas estas consecuencias también son aplicables a otros sectores como el personal de los supermercados, repartidores, personal de correos… Y, aunque el impacto probablemente será menor debido a que están más preparados para ello, a todos los cuerpos de seguridad y bomberos; para los que también esta situación es excepcional y supone una presión adicional a la que conlleva su trabajo habitual.

Me gustaría resaltar la importancia de tener siempre presente que todos estos profesionales no dejan de ser personas, que esta situación les está exigiendo mucho más de lo que todos esperábamos y sería bueno que, unidos a esos aplausos solidarios de cada día, pongamos de nuestra parte para descargarles en la medida de nuestras posibilidades de esa presión extra. Creo que el agradecimiento a todos ellos es bueno, porque después de una jornada dura ese reconocimiento puede darles el impulso que necesitan para seguir adelante. Tenemos que ser conscientes de que no se trata de decir que son héroes o de todos esos otros apelativos que les ponemos sino de apoyarles con nuestras acciones y siendo coherentes con todos esos mensajes de ánimo y agradecimiento que les mandamos.

Por eso, nosotros queremos agradecer desde aquí la labor de todos estos colectivos y les enviamos ánimos para seguir adelante. Y al resto os pedimos que os quedéis en casa, que sigáis con las medidas de prevención y de higiene que se han establecido, que salgáis sólo lo estrictamente necesario y también el tiempo imprescindible. Es una situación difícil para todos, pero esto es lo mejor que podemos hacer para recuperar nuestras rutinas lo antes posible.

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¿Cómo afrontar el confinamiento debido al coronavirus?

Esta última semana, y más todavía desde el viernes, nuestra sociedad se ha visto sometida a unas medidas extraordinarias para la prevención y contención del coronavirus (covid-19). Entre las medidas que se han establecido encontramos el cierre de muchas empresas, de los colegios y las restricciones de movimientos de todos los ciudadanos. Todo ello puede llevarnos a situaciones desagradables por la sensación de "estar atrapados". Por eso hoy queremos daros algunas pautas y consejos para estos días en los que todos debemos colaborar y desplazarnos únicamente cuando sea algo totalmente justificado.

En primer lugar creemos que es importante desconectar un poco de toda la información que estamos recibiendo respecto a la situación actual. Hoy en día con las nuevas tecnología, y sobre todo con las redes sociales y la mensajería instantánea, nos llegan cantidades ingentes de información sobre todo lo que ocurre día a día. Sin embargo, el hecho de leer mucha información sobre el coronavirus más que ayudarnos puede resultar agobiante, ya que parece que no hay nada más en el mundo. Además, en relación a esto nos gustaría resaltar la importancia de que las fuentes a las que recurramos para informarnos sean oficiales. Cuando ocurren situaciones extraordinarias de importancia surgen muchos bulos, gente que quiere aprovecharse de la situación con estafas, etc. Por ello, siempre que os informéis recurrid a fuentes oficiales que son las que ofrecerán la información veraz. Por nuestra parte, al final del post os dejaremos la página que ha habitado el Gobierno de Navarra sobre este asunto.

Ahora bien, toda esta situación ha supuesto el cambio (en mayor o menor medida) de las vidas de todos nosotros. Por un lado están quienes tienen que trabajar asumiendo el riesgo de contagio y quienes no tienen que trabajar porque sus empresas cierran estos días; también están quienes tienen hijos (que estos días estarán en casa) y quienes no; quienes tienen perros a los que tienen que pasear y quienes no. En fin, cada persona tiene unas circunstancias muy diferentes y por ello no hay una respuesta genérica para todos. Por ello queremos daros unas pautas y os vamos a facilitar una serie de ideas para que estos días sean más amenos y podamos encontrarnos psicológicamente bien.

Es importante que establezcamos un horario, intentando ser flexibles. En este horario os recomendamos lo que consideramos las pautas básicas para mantener una buena salud tanto psicológica como física. Quienes trabajen, que acudan en los horarios que tengan establecidos y se organicen el resto de su tiempo; quienes no trabajen tendrán más tiempo disponible para incluir las diferentes actividades. Si tienes hijos sería bueno que ellos también tuvieran su propio horario donde se incluyan horas de estudio y horas de ocio (con actividades para hacer dentro de casa). Además, podemos establecer tareas u objetivos diarios tanto para nosotros como para los niños; si se cumplen podemos premiar a los niños (o a nosotros mismos) para reforzarlo.

A la hora de crear este horario lo ideal es añadir las horas de las actividades obligatorias (trabajo, tareas domésticas que tienen que hacerse como hacer la comida, bañar al niño o pasear al perro). Una vez tengamos esto hecho podemos incluir el resto; es bueno crear una rutina de sueño en la que nos acostemos y levantemos a la misma hora; y los horarios de las comidas también es bueno que sean estables.

Por otro lado, aunque no podamos salir a la calle para ello, sería recomendable hacer una rutina de ejercicios. Si tenéis hijos es bueno que los incluyáis en ella porque de este modo estarán entretenidos y además también se moverán (algo necesario para su salud). En Internet podéis encontrar multitud de vídeos con ejercicios, también hay consolas con juegos para ejercitarnos y algunos gimnasios han habilitado el formato online.

Además, y esto es algo que deberíamos hacer en nuestra rutina normal también, es muy importante incluir actividades que nos gusten como leer, hacer manualidades, cocinar o bricolaje en nuestras casas. En muchas de estas actividades además podemos contar con los niños y que sea parte también de su horario de ocio. También el tiempo para nosotros mismos es importante, un ratito cada día para dedicarlo a desconectar de todo, a relajarnos, a hacer nuestra "sesión de spa" casera. Este tiempo de relax podemos aprovecharlo practicando técnicas de relajación y respiración como la que os explicamos en un post anterior. 

Hasta aquí son pautas que creemos adecuadas para nuestra rutina normal, sin tener en cuenta el confinamiento. Ahora bien, durante este confinamiento vamos a aislarnos socialmente por ello creemos que es importante mantener el contacto con nuestros seres queridos (a través del teléfono o de videoconferencias o videollamadas) y también la participación en la iniciativas colectivas, que aunque sea desde nuestra ventana, terraza o balcón, nos conecta con las personas de nuestro barrio. En relación a todo esto y lo que puede conllevar tanto el aislamiento social como la propia situación creemos muy importante hablar de nuestros sentimientos, expresar cómo nos sentimos con esta situación porque seguramente haya más personas que sientan lo mismo y eso (junto con la empatía de los demás) nos ayudará a mitigar los sentimientos desagradables.

Por último, pero algo que consideramos muy importante es que debemos seguir las pautas de prevención indicadas por las autoridades como son el lavado de manos y la higiene adecuada; respetar la distancia cuando estemos con otras personas; evitar el contacto físico como dar la mano, abrazos o besos; no acudir a los centros hospitalarios salvo si tenemos síntomas de gravedad, etc. Esto es algo que deberíamos aplicarlo todos trabajemos o no estos días.

A continuación os dejamos los links a las webs oficiales del Gobierno de Navarra y del Gobierno de España sobre el Coronavirus (covid-19) y también un documento con actividades que podéis hacer en vuestras casas para sobrellevar estos días.

Web informativa sobre el coronavirus en Navarra

Web informativa sobre el coronavirus Gobierno de España

Actividades para hacer en casa

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La importancia de la salud

Hoy en este artículo queremos hablaros sobre aspectos que influyen en nuestra salud y ofreceros alguna pautas para mejorar algunos hábitos que a su vez nos ayuden a mejorar nuestra salud y cómo nos sentimos.

La salud engloba muchos aspectos de nuestra vida, aunque habitualmente cuando pensamos en salud nos vienen a la cabeza principalmente los aspectos físicos. Por ello, hoy queremos hablaros de estos y otros aspectos que no son tan obvios pero que también afectan a nuestra salud, y como consecuencia a nuestra vida. Vamos a empezar hablando del aspecto físico por ser el principal en el que tendemos a pensar.

Dentro de esta parte de la salud hay muchos factores que nos pueden ayudar a vivir mejor pero también hay muchos que nos pueden generar problemas. A la hora de encontrarnos bien físicamente deberíamos fijarnos por un lado en la alimentación; que debería ser equilibrada y en las cantidades adecuadas, además si tenemos algún problema de salud al que afecte lo que comemos (colesterol, tensión alta, intolerancias, etc.) también tenemos que tenerlo en cuenta.

Otro factor importante es el sueño. Los hábitos de sueño, el número de horas que dormimos y la calidad del mismo afectan a nuestro cuerpo. Por ello, es importante que tengamos unas rutinas de sueño adecuadas, durmiendo las horas suficientes y procurando que tanto los factores externos como los internos nos faciliten un sueño que nos permita descansar realmente.

Por último, el tercer factor importante para nuestra salud física es el deporte. No es necesario que estemos en ningún equipo ni tenemos por qué ir al gimnasio, pero nuestro cuerpo sí que necesita moverse. Hay muchas personas a las que el gimnasio no les ayuda porque no tienen motivación. Para estas personas hay muchas  opciones: clases de baile, yoga, pilates o de entrenamientos en grupo; salir con amigos o grupos organizados a correr, al monte o a hacer alguna actividad física en el exterior; e incluso hacer ejercicio en casa a través de vídeos con cursos o programas donde podemos elegir qué tipo de ejercicio hacer y sobre todo cuándo.

Además del aspecto físico la salud mental es muy importante para sentirnos bien y poder vivir nuestra vida tal y como queremos. Además hay muchos problemas de este tipo que acaban afectando directamente a nuestra salud física. Cuando hablamos de salud mental, no nos referimos exclusivamente a personas con un trastorno o una enfermedad mental como tal. Hay personas que por su modo de vida o su trabajo están sometidos a niveles de estrés elevados (y pueden padecer, o no, un problema de ansiedad) que les llevan a no estar satisfechos con su situación, otras personas puede que perciban algo en sí mismas que quieren cambiar porque les impide llevar la vida que quieren, e incluso hay personas que a pesar de estar bien tal y como están quieren mejorar su vida. Todo este tipo de situaciones estarían incluidas dentro de la salud mental.

Para poder mejorar en este aspecto lo que debemos hacer es modificar hábitos, pensamientos y actitudes o respuestas a situaciones. Dependiendo de la situación de cada persona y de su objetivo habrá que modificar unos aspectos u otros. Modificar hábitos es lento y conlleva esfuerzo pero la manera de hacerlo es sencilla. Tendremos que hacer una reflexión sobre qué hábitos que tenemos son los que nos están generando malestar, ver que opciones alternativas tenemos a realizarlos y poco a poco ir sustituyéndolo. Como digo, el planteamiento es sencillo, pero cuando son hábitos es porque ya llevan instalados en nuestra rutina durante mucho tiempo y lleva tiempo y esfuerzo conseguir el cambio. Para mantener esa fuerza de voluntad lo mejor es que nos centremos en nuestro objetivo y en todo lo que nos aportará llevarlo a cabo.

Cuando el problema está en las actitudes o respuestas que tenemos en determinadas situaciones, el planteamiento también es sencillo. Sería examinar en qué situaciones nuestra reacción no es la que nos gustaría, ver las posibles respuestas que podemos dar y hacer el cambio. Si es un tipo de conducta que tenemos de forma habitual, nos pasará lo mismo que en el caso anterior: Nos llevará tiempo y esfuerzo lograrlo.

Por último, la modificación de pensamientos. Este aspecto además del esfuerzo y el tiempo necesarios, tiene un proceso más complicado ya que nuestros pensamientos parten de nuestras creencias, dependen de nuestra personalidad y las experiencias que hemos vivido y son lo que nos puede generar diferentes miedos. Es muy difícil enfrentarse a aquello que nos da miedo, sobre todo cuando está respaldado por experiencias previas. Por eso, en este caso tenemos que replantear ese pensamiento cuestionando por qué y qué consecuencias reales tiene. Aquí el trabajo a realizar depende mucho de cada persona, de lo profundos que estén arraigados esos pensamientos y de las herramientas y recursos de los que disponga cada persona.

En cualquier caso, es importante que seamos conscientes que realizar cualquier cambio en nuestra vida (sea dentro del aspecto físico o del psicológico) nos va a llevar tiempo y esfuerzo. Además tenemos que tener en cuenta que probablemente haya momentos en los que recaigamos en esos viejos hábitos que nos generan malestar. Hay que intentar quitarle importancia a esas recaídas, ya que son parte del proceso y nos llevan a plantear nuevas formas de cambiarlo y de mejorar. Nos tenemos que dar ese permiso para equivocarnos, siempre volviendo a intentarlo con toda nuestra energía; ya que si hemos comenzado un cambio es porque hay un objetivo que queremos lograr (y con lo que nos sentiremos mejor).

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El impacto de las Redes Sociales en la actualidad

En la actualidad estamos, en general, muy vinculados a las Redes Sociales. Utilizamos éstas para muchos fines como estar conectados con los nuestros, conocer gente nueva, compartir nuestras experiencias, etc. Sin embargo, hay una parte de la población cuya relación con las RRSS es más intensa; pudiendo llegar a crear una especie de obsesión por exponer cada cosa que hacen.

Como es normal, en nuestro día a día tenemos rutinas, más o menos aburridas, y de vez en cuando hacemos actividades que nos resultan agradables y con las que nos sentimos satisfechos. La mayor parte de nosotros llevamos una vida en la que trabajamos o estudiamos, dedicamos una parte del día a tareas de la casa y (aunque quizá no podamos todos los días) algo de tiempo al ocio o simplemente a desconectar de las obligaciones del día. Además de estar actividades, algunos realizamos otras actividades que nos gustan como ir al gimnasio, estudiar un idioma, salir a hacer deporte en la calle, etc. Y cuando tenemos más tiempo libre podemos hacer excursiones o visitar lugares que queríamos ver, e irnos de vacaciones.

Sin embargo, si visitamos las Redes Sociales, podemos ver que hay personas que parece que están permanentemente de vacaciones, saliendo con amigos por ahí, yendo de compras, etc. En este caso no hablo de aquellas personas que cuando comparten algo en las Redes sea algo de este estilo, pero que sus publicaciones en realidad están espaciadas en el tiempo. Estoy hablando de personas que casi cada día parece que han estado en un sitio diferente, que publican cada día o varias veces a la semana este tipo de actividades. Este tipo de personas parecen tener una obligación de ser siempre felices, de estar haciendo siempre algo relajado, divertido o simplemente que parece salirse de una rutina normal. Pero, ¿es esto real?, ¿estas personas de verdad tienen esa vida que muestran en las Redes Sociales?

Seguramente no, ya que la mayoría de las actividades que aparecen necesitan dinero y por lo tanto necesitan ganarlo de alguna forma. Este tipo de publicaciones inunda las redes y genera una presión a quienes se ven influenciados por ellas. Este tipo de cuentas, seguramente esté generando problemas a dos grupos de personas. Por un lado, a los que tienen esas cuentas ya que se imponen la obligación de publicar solo cosas «felices», «positivas» y mostrar al mundo que su vida es perfecta. Por otro lado, a quienes las ven y puedan creer que todo es cierto, porque si su comparan su vida con esto, se pueden frustrar al ser su vida «aburrida» o no tener tanto tiempo o dinero para poder vivir así.

Por ello, a muchas personas las Redes Sociales les pueden llegar a causar ansiedad, debido a esta necesidad de tener y compartir experiencias agradables; frustración, cuando alguien con unas publicaciones realistas se compara con una persona con este tipo de cuenta y ve que su vida no es así; y también puede llegar a generar adicción, provocar que se viva más en las Redes Sociales que en la vida real, ya que la vida online es «mejor» porque puedes ser quien quieras y hacer lo que quieras (o al menos mostrar que estás haciéndolo).

Por otro lado, y unido al tema del positivismo de que os hablaba en uno de los últimos post, un porcentaje muy elevado de publicaciones en Redes Sociales son de cosas que percibimos como buenas y suelen ir acompañados de mensajes que nos incitan a ser positivos. Es lógico que queramos compartir las cosas agradables, pero a veces este entusiasmo por mostrar este tipo de actividades lo que pretende no es compartir un buen momento sino ocultar y reprimir todo lo que nos resulta desagradable. A veces, quienes hacen este tipo de publicaciones continuamente y quienes están enganchados a ese tipo de cuentas, lo que pretenden es escapar de una realidad que no siempre es de color de rosa y que supone una felicidad continua. Eso es algo que no es real, pero que en las RRSS podemos fingir que sí lo es.

Esta situación ha llevado a que surjan publicaciones falsas, con fotomontajes o quizás rescatadas de viajes que hicieron hace tiempo; lo que a su vez incrementa la magnitud de este problema. Por eso, creo que es importante que hagamos una reflexión sobre este asunto, que seamos realistas, que seamos críticos en el sentido de cuestionar si eso que vemos es posible que sea real o no y sobre todo que demos valor a lo que tenemos. Y, si lo que tenemos actualmente no es lo que realmente queremos, plantearnos qué queremos y con metas realistas dar los pasos necesarios para lograrlo. De esta forma es como podemos lograr estar satisfechos con nosotros mismos y con nuestra vida; de forma que aquello que tengan los demás no tenga un impacto tan importante en nuestras vidas.

 

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Emociones: Ser positivos y aceptar

pensando

En un post de hace poco os hablé de las emociones y de cómo puede cambiar nuestra percepción de las mismas en función de la situación. También os hablaba de la importancia de cómo las llamamos; si las dividimos entre buenas y malas o si las clasificamos como agradables y desagradables.

En el post de hoy, como os dije, quería hablaros un poco sobre el tema del positivismo. Creo que es muy bueno que intentemos ser positivos en nuestro día a día, pero como ya comenté hay ocasiones que no van a tener un punto positivo. En nuestra vida ocurren muchas cosas día tras día; algunas de las cuales las percibimos como algo bueno porque son agradables y otras las percibimos como algo malo porque nos resultan desagradables o incómodas. Como veis hago una distinción entre cómo estamos evaluando algo (como lo percibimos) y cómo nos hace sentir.

Esta diferenciación me parece importante porque si lo que percibimos lo tomamos como algo intrínseco a la emoción en sí, estamos ante algo que no podemos controlar. De esta forma si es bueno nos encontraremos bien pero si es malo nos encontraremos mal, como algo automático. En cambio si lo separamos podemos pararnos, relativizar un poco esa emoción y quizá modular el impacto que tiene sobre nosotras. Obviamente, todos sabemos que en la vida hay situaciones que no podemos evitar ni controlar, lo que sí podemos controlar es nuestra percepción de las mismas y el impacto positivo o negativo que tienen en nosotras.

En cuanto al positivismo, os comentaba en el otro post que no siempre es algo bueno. Si siempre estamos intentando buscar el lado positivo, vamos a cargar con una presión importante por intentar obligarnos a nosotros mismos a ser felices todo el tiempo. Como decía, hay situaciones que no podemos controlar y que son desagradables, en estos casos, el intentar ser positivos nos puede frustrar u obligar a reprimir emociones que percibimos como malas. Si esto nos ocurre, con el tiempo podemos desarrollar síntomas o cuadros de ansiedad y/o depresión por la carga que nos supone.

Por todo esto, creo que una buena forma de intentar ser positivos es acompañando este positivismo con realismo. Es decir, si la situación que estamos viviendo no está bajo nuestro control y es desagradable deberíamos dejar fluir esas emociones, que irán pasando poco a poco. Creo que es importante saber aceptar esas emociones porque forman parte de la vida. En el caso de que la situación tenga un punto positivo es importante centrar nuestra atención en él, pero sin obsesionarnos. Si nos paramos a pensar, la mayoría de las situaciones tienen su lado bueno y su lado malo, por ello podemos valorar ambos y prestar más atención a lo que nos resulta agradable.

Mi recomendación es que intentéis ser positivos en vuestro día a día pero que sepáis aceptar aquellos momentos y emociones desagradables sin tener la obligación de estar bien y felices todo el tiempo. Las obligaciones que nos autoimponemos son las que a largo plazo nos limitan, nos frustran y nos generan un malestar importante en nuestras vidas.

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Emociones: Cómo las clasificamos y cómo las percibimos

chica pensando

Normalmente solemos dividir nuestras emociones en dos tipos diferentes: las positivas o "buenas" y las negativas o "malas". Pero hoy quiero invitaros a hacer una reflexión sobre este tipo de clasificación: ¿realmente una emoción puede ser buena o mala por sí misma?

A mi modo de ver las cosas hay emociones que nos resultan agradables y otras desagradables, más que el hecho de que una emoción concreta sea intrínsecamente buena o mala. Para quienes piensan en términos de bueno/malo, es muy importante evitar en la medida de lo posible esas emociones malas, y suelen estar constantemente pendientes de buscar lo positivo a todo en su día a día.

Para mí, esta forma de vivir la vida no es sana a nivel psicológico, porque siempre va a haber cosas en nuestra vida que nos hagan daño y que nos hagan sentir estas emociones desagradables. Para que podáis entender bien a qué me refiero os voy a poner un ejemplo que seguramente hayáis vivido.

A todos seguramente se nos ha muerto alguien importante, y no importa por donde lo mires, no tiene un lado bueno. A medio plazo, cuando hayamos pasado el duelo por esta pérdida, las emociones que sintamos al pensar en la persona querida serán menos intensas y más agradables. Obviamente, no significa que nos alegremos de que haya muerto, pero la tristeza intensa que podemos haber sentido en el momento de la pérdida, suele transformarse en melancolía y tendemos a acordarnos de cosas buenas o agradables que hemos vivido con esa persona (normalmente con un toque de tristeza por no poder seguir disfrutando de ello). Aunque esa tristeza siga ahí, no sufrimos ni lo pasamos mal recordando a la persona que hemos perdido, sino que nos alegramos de haber podido disfrutar de todo lo vivido. La emoción que sentimos, la tristeza, puede ser la misma pero con menor intensidad y contextualizándola en nuestra mente de una manera diferente; todo ello hace que la percepción cambie y clasifiquemos esta emoción de otra forma.

Como este ejemplo podemos pensar en muchos más y en la versatilidad de las emociones en función de su contexto y de cómo queramos dirigir nuestros pensamientos. Por ello, como decía, no creo que las emociones sean por sí mismas buenas o malas, sino que depende más de cómo las percibimos nosotros/as.

Por otro lado, como os comentaba, hoy en día se ha extendido mucho el ser "positivo" todo el tiempo. Es algo que como concepto está muy bien, pero si somos realistas de verdad no es posible mantenernos así todos los minutos del día, durante todos los días, semanas, meses, etc. Como decía, todos vivimos situaciones que nos van a generar esas emociones desagradables y muchas de ellas no dependen de nosotros, por lo que no podemos controlarlas.

Mi experiencia como psicóloga me ha hecho ver, que esa idea de ser siempre positivo a todas horas, está haciendo daño a mucha gente. Es una presión constante el intentar estar "feliz" todo el tiempo, y creo que es más un ideal que una realidad alcanzable. Como es un tema bastante profundo y del que creo que hay que entender muchas cosas, seguiré hablando de ello en un post más adelante.

De momento, me gustaría finalizar este post volviendo a la pregunta del principio e invitándoos a intentar ese cambio a la hora de clasificar las emociones: Intentad no pensar en términos de emociones buenas y malas, sino emociones agradables o desagradables; porque, ¿realmente una emoción puede ser buena o mala por sí misma?.

 

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Día Mundial de la Salud Mental

Mujer Triste

Hoy es el Día Mundial de la Salud Mental y, como cada año hay un tema principal en el que se centra esta celebración. Este año ese tema es la prevención del suicidio. El tema elegido para este año ha sido "Conect@ con la vida".

El suicidio en un problema importante a nivel mundial ya que cada 40 segundos alguien se suicida, esto supone que en un año hay más de 800.000 personas que mueren debido a ello. En España, la cifra se sitúa en 10 personas al día lo que al año son más de 3600. Sin embargo, detrás de todos estos suicidios que es lo que vemos, hay muchas personas que lo han intentado y han fallado. Estas personas tienen un riesgo alto de volver a intentarlo y lograrlo, pasando a aumentar la cifra de personas fallecidas por esta causa.

tristeza

El suicidio es un asunto complicado ya que la sociedad y los medios de comunicación no saben tratarlo de la forma adecuada la mayoría de las veces. Es importante hablar de él para poder trabajar en su prevención. El suicidio no es algo que surja de repente. La persona que se suicida, la mayor parte de las veces, lo hace como última opción para salir de una situación en la que está sufriendo.  Habitualmente estas personas llevan emocionalmente mal durante un periodo más o menos largo, y han probado lo que han podido para salir, sin éxito. Muchos de ellos sufren depresión o algún otro trastorno del estado de ánimo, aunque también es cierto que en un gran número de ocasiones no es fácil ver los síntomas.

El suicidio es un problema muy importante, y concretamente en cuanto a la salud mental es algo que viene de un sufrimiento y que al consumarse provoca más sufrimiento. La persona que se suicida deja atrás a familiares, amigos y todos sus seres queridos, que sin entender en la mayoría de los casos qué ha pasado ni por qué, tendrán que ir poco a poco rehaciendo sus vidas sin esta persona y curándose del impacto que les ha provocado la pérdida de esta persona.

Por todo esto, es importante que estemos atentos (sin estar obsesionados) con las personas a nuestro alrededor que sufren síntomas de depresión o problemas emocionales muy graves o si somos nosotros mismos quienes estamos sufriéndolos, es importante saber que se puede hacer algo más. Un primer paso puede ser hablar con alguien de confianza como un familiar o amigo, que puede apoyarnos y que puede ayudarnos a tomar la decisión de acudir a un profesional de la salud mental. Hay asociaciones que se dedican a trabajar con ello, aparte de los psicólogos que podemos encontrar en la seguridad social y en el ámbito privado. Todos estos servicios pueden ser de ayuda para resolver los problemas que nos provocan sufrimiento y salir de esta situación. Así que, como nos dice la Organización Mundial de la Salud: "Conect@ con la vida"

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¿Qué es la ansiedad y por qué la sufrimos?

Ya hemos hablado en ocasiones anteriores sobre la ansiedad y hoy queremos retomar un poco el tema. En los últimos post que hemos publicado sobre este tema nos centramos en la ansiedad que podemos sufrir dentro del ámbito laboral o a causa de nuestro trabajo. Sin embargo, podemos sufrir ansiedad que no esté vinculada a nuestro trabajo y es de lo que queremos hablar hoy.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una reacción automática normal que nos prepara para una amenaza, aumentando nuestras facultades de percepción. Por lo tanto, no tiene por qué ser un problema. El problema aparece cuando esta reacción se da ante situaciones que no son realmente una amenaza, pero que por diferentes motivos nuestro cerebro sí las percibe como peligrosas. Es decir, por un lado tenemos la ansiedad que nos ayuda a la preservación de nuestra vida, que es necesaria y está relacionada con situaciones o aspectos que bien por herencia genética o aprendizaje percibimos como peligrosas (y que además lo son). Por otro lado, tenemos la ansiedad desadaptativa que es aquella cuyas reacciones nos entorpecen en nuestro día a día, en las relaciones con los demás, etc.

Dentro de la ansiedad desadaptativa hay diferentes tipos de problemas de ansiedad: ansiedad generalizada, de pánico, estrés postraumático, fobia social, fobias específicas y trastorno obsesivo-compulsivo. Cada una de ellas responde a un tipo de estímulo o situación estresora diferente aunque los síntomas suelen ser similares, pudiendo variar de una persona a otra.

¿Cuáles son los síntomas?

En primer lugar hay diferentes tipos de síntomas; a nivel de pensamientos hay un preocupación excesiva por algún tema concreto (economía familiar, salud, trabajo, etc.) sin que realmente haya signos de un problema al respecto. También suele haber una negatividad que genera unas expectativas irreales con resultados muy negativos e incluso catastróficos. Además, es muy difícil conseguir estar relajado, lo que puede derivar en problemas de insomnio cuyas consecuencias pueden ser la irritabilidad, fatiga o dolores de cabeza. Y finalmente, pueden aparecer también problemas para concentrarse o para recordar algunas cosas.

Por otro lado también hay síntomas a nivel físico como una sensación de nerviosismo y tensión constantes, un aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada (que pude generar hiperventilación y mareo), sudoración excesiva, temblores, sensación de debilidad o problemas gastrointestinales (además de una disminución o un aumento del apetito).

Habitualmente no se dan todos los síntomas a la vez, pero suele haber una combinación de los síntomas relacionados con los pensamientos y de los síntomas físicos. La aparición de estos síntomas genera un malestar e incomodidad que pueden afectar negativamente a diferentes áreas de nuestra vida. Las interferencias o dificultades que pueden aparecer son muy variadas en función del origen del problema, de los recursos personales y de las habilidades de afrontamiento de cada persona, y pueden darse en un único área de nuestra vida, en varios o en todos.

¿Por qué sufro ansiedad?

Las causas pueden ser muy variadas y no son excluyentes, es decir, que puede haber varios factores que influyan en que padezcamos ansiedad. En primer lugar tendríamos el origen genético, puede que exista cierta herencia genética que nos haga ser más nerviosos o más sensibles a los acontecimientos estresantes. Luego están las causas circunstanciales, que suele ser el origen más habitual, puede ser una mala racha económica, estar pasando por un mal momento con la pareja o en la familia, etc. En tercer lugar encontramos las experiencias vitales significativas, son aquellas situaciones que suponen un cambio como un embarazo o una situación traumática que hayamos vivido (como un accidente de tráfico). Por último, estarían las drogas; hay ciertos tipos de droga como el éxtasis o el LSD que generan ansiedad, del mismo modo que para algunas personas la cafeína o la teína les puede afectar en este sentido (en ambos casos se debe a las reacciones químicas que provocan estos componentes en el cerebro).

¿Qué puedo hacer para afrontarla?

En primer lugar habría que evitar en la medida de lo posible todo aquello que aumente nuestro nerviosismo (reducir el consumo de cafeína o si se consumen drogas dejarlas), además habría que hacer una revisión de nuestros hábitos de vida para intentar mejorar aquellos que no sean saludables (alimentación y horas de sueño estables, ejercicio periódico, etc.). Si conocemos el origen principal, podríamos intentar modificar esa situación o la manera en que nosotros la vemos para que no nos genere tanto estrés. Y por último, intentar modificar nuestra actitud buscando los aspectos positivos o la forma de darle la vuelta a la situación para que no nos afecte (o al menos el impacto no sea tan importante).

Si la situación de ansiedad se prolonga en el tiempo y vemos que no conseguimos mejorar, sería recomendable acudir a un psicólogo para poder trabajar el problema ya que de lo contrario, además de las dificultades que experimentamos cada día la ansiedad puede derivar en una depresión.