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Atención en psicología de emergencias

En psicología existen muchos ámbitos para trabajar, algunos son bastante conocidos por la mayoría de la gente como la psicología clínica o el trabajo en Recursos Humanos (que es un área de la psicología del trabajo). Sin embargo, hay otros que no son tan conocidos como es la atención psicológica en emergencias o psicología de emergencias.

Y esto es precisamente de lo que os quiero hablar hoy. Si habéis ido leyendo mi blog sabréis que trabajo como voluntaria dentro del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes (GIPEC) del Colegio de Psicología de Navarra. En este grupo en primer lugar nos formamos con cursos y jornadas por parte de profesionales que trabajan en diferentes áreas de este ámbito para tener los conocimientos y habilidades necesarias para intervenir en una situación de este tipo. Es una formación continua ya que hay múltiples problemáticas que se pueden dar y nuevas técnicas que aprender. A continuación, os explicaré brevemente en qué consiste el trabajo que realizamos una vez formadas/os y con quiénes intervenimos.

¿Qué hace un psicólogo de emergencias?

Por un lado el grupo hace una labor de formación: a otras entidades sobre la intervención psicológica en crisis (primeros auxilios básicos, formación específica con diferentes colectivos (cuerpos de seguridad, bomberos, etc.), formación específica sobre situaciones que pueden surgir en situaciones de crisis (abordaje del duelo por ejemplo), actividades preventivas para promover una adecuada gestión de las catástrofes.

También, para completar la formación que nosotras/os recibimos de personas externas, realizamos formaciones internas por parte de personas del grupo con experiencia en este tipo de situaciones y participamos en simulacros tanto internos como organizados por otros grupos.

Y por último, actuamos en las situaciones de emergencia en las que hay múltiples víctimas, atendiendo tanto a las víctimas directas como a los familiares y allegados de estas. Estas intervenciones dependiendo de cada caso podemos realizarlas en el lugar del accidente, en tanatorios, hospitales, colegio, etc.

¿Con quiénes interviene un psicólogo/a de emergencias?

Como ya he comentado la intervención se realiza con las víctimas directas y sus familiares y allegados. El objetivo en estas intervenciones es minimizar el impacto emocional de la situación, facilitar el adecuado afrontamiento de ésta y fortalecer las capacidades propias de cada uno. Es una primera intervención en la que principalmente tratamos de apoyar a las víctimas escuchando sus demandas y necesidades, escuchando lo que necesiten contarnos y reforzando tanto sus capacidades como los recursos (familia, amigos e incluso recursos psicológicos) para afrontar la situación vivida.

Además, también intervenimos con los propios intervinientes (policías, bomberos, sanitarios o psicólogos) que hayan estado atendiendo a las víctimas. Nuestra labor en este caso es, previamente a que suceda una situación de emergencias, es la formación de estos colectivos en cuanto a recursos de autoprotección y autocuidado e incrementar sus capacidades y habilidades para afrontar este tipo de situaciones. Durante y después de que haya habido una intervención volvemos a reforzar todo lo aprendido previamente y ayudamos a disminuir el nivel de estrés derivado de la intervención.

 

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Descuento Día de la Salud Mental

Aprovechando que esta semana se ha celebrado el Día Mundial de la Salud Mental, quiero ofrecer un descuento a todos aquellos que soliciten cita durante este mes ya que pienso que el apoyo psicológico y el tratamiento de los problemas de ésta índole es muy importante y debería ser accesible a todos.

Tal y como expliqué en ese post la salud mental no hace únicamente referencia a no padecer enfermedades o trastornos psicológicos, sino que a mi modo de verlo, engloba el bienestar psicológico. Es decir, que aunque no padezcamos un trastorno de ansiedad, si estamos pasando por una situación temporal en la que estamos sometidos a mucha presión y estamos estresados, creo que es importante abordarlo. Quizá no todos los que se encuentren en esa situación necesiten ayuda de un profesional porque con el apoyo de familiares y amigos y las herramientas de las que ya dispone para hacer frente a la situación son suficientes. Pero hay otras personas que no tienen un entorno o unas herramientas suficientes para poder afrontarlo y en esos casos sería recomendable acudir a un psicólogo/a.

En ocasiones, nosotros mismos no somos conscientes de que no estamos bien, puede que a veces racionalicemos mucho las situaciones para no sentir ese malestar. Esto puede generar que a medio o a largo plazo la acumulación de esos sentimientos y emociones reprimidas explote llevándonos a situaciones complicadas de las que nos resulta difícil salir. Por eso, también creo que el tener a un amigo o alguien cercano al que podamos contarle nuestros problemas, que nos escuche y que quizá nos de algún consejo puede ser beneficiosos.

Por todo esto, quiero animaros a todos aquellos que nos os encontréis del todo bien a hablar con vuestro entorno, contarles cómo os sentís; y si no os ayuda del todo a mejorar vuestra situación os recomiendo que busquéis a un psicólogo/a que os ayude.

Si tenéis dudas, queréis consultarme algo o queréis informaros sobre el descuento que ofrezco este mes, podéis contactar conmigo a través del Formulario de contacto o del correo info@psicologiasmr.es Cualquier consulta que me realicéis será sin compromiso.

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Día Mundial de la Salud Mental

Hoy día 10 de Octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental y quiero aprovechar para recordaros la importancia de encontrarnos bien psicológicamente. La salud mental no tiene que ver únicamente con padecer alguna enfermedad mental, como puede ser la esquizofrenia, el alzheimer o la depresión; sino el propio bienestar psicológico.

A veces, podemos no encontrarnos del todo bien, porque estamos estresados, estamos pasando por una situación complicada (en el ámbito familiar, personal o laboral) o porque no terminamos de estar a gusto con algún aspecto nuestro y nos genera angustia. Todo este tipo de situaciones no pueden catalogarse de enfermedades o trastornos ya que bien por la duración o por los síntomas que presentan no pueden encuadrarse en ningún diagnóstico. Sin embargo, eso no significa que no se le deba buscar una solución, ya que cualquiera de estas situaciones si se prolonga en el tiempo, nos puede llevar a padecer una enfermedad.

Por todo esto, me gustaría poner en valor el trabajo que realizamos los psicólogos. A veces, no nos planteamos que nuestra salud mental influye en nuestra salud física, y esta influencia puede ser positiva o negativa. La salud física es algo que tenemos claro que es importante y sabemos que cuando algo no va como debería debemos acudir a un profesional para solucionarlo. En cambio, la salud mental, quizás por no tener siempre un origen tan claro y tangible, a veces se menosprecia y se le quita importancia a los problemas que puedan estar relacionados con ella.

Así que me gustaría animaros a que si estáis en una situación difícil a la que no encontréis una solución o no sepáis cómo afrontarla, o si sentís algún tipo de malestar emocional, e incluso si queréis mejorar algún aspecto de vuestra vida, os pongáis en contacto con un psicólogo y consultéis por vuestra situación. Aunque os recomiendo que antes leáis la pequeña guía que escribí para cuando alguien se plantea acudir a terapia.

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Síntomas de estrés laboral

Continuando con el post 4 factores de estrés laboral que publicamos anteriormente en el blog, hoy os hablamos de los síntomas que pueden aparecer cuando padecemos estrés en el trabajo. A grandes rasgos, los síntomas pueden ser de tipo emocional/psicológico o de tipo físico, y habitualmente se da una mezcla de factores de ambos tipos.

En cuanto a los síntomas de tipo emocional podemos encontrar cambios de humor, mayor irritabilidad, ansiedad, miedo o temor, inseguridad, incapacidad o dificultad para concentrarnos o para desempeñar nuestro trabajo adecuadamente, incapacidad o dificultad para tomar decisiones (especialmente si éstas son importantes), estado de ánimo bajo o deprimido, problemas de memoria (como olvidos o dificultad para recordar).

Todos estos síntomas, además, pueden llevar a conductas más agresivas debido a la irritabilidad, aunque también a comportamientos más inhibidos cuando los síntomas están relacionados con el estado de ánimo bajo o la inseguridad. Algunos de estos síntomas pueden ser percibidos fácilmente por parte del entorno (los cambios de humor, la irritabilidad o la dificultad para concentrarse cuando eso provoca un peor rendimiento en general), sin embargo, otros son más difíciles de detectar (los problemas de memoria o la depresión, por ejemplo).

Por otro lado están los síntomas físicos, que suelen estar provocados por nuestros pensamientos o nuestras emociones ante la situación. Son bastante habituales los dolores de cabeza, malestar intestinal o estomacal, náuseas y mareos, sudoración excesiva, fatiga, alteración del sueño y/o de la alimentación, hiperventilación, taquicardia, tensión muscular y contracturas.

Además, si estos síntomas físicos se prolongan en el tiempo pueden llegar a generar que nuestras defensas bajen, teniendo como consecuencia que nos pongamos enfermos con gastroenteritis o simplemente que nos resfriemos más fácil o con síntomas más duraderos o más fuertes.

En cuanto al resto de ámbitos de nuestra vida, el estrés laboral y sus síntomas tienen unas consecuencias. En el entorno social pueden provocar que tengamos relaciones más conflictivas con familiares y amigos o que nos alejemos de ellos porque no tengamos ganas de hacer nada. En el entorno laboral pueden llevar a absentismo en el trabajo, a desmotivarnos en su desempeño o incluso a generar un rechazo muy fuerte que pueda provocarnos sentimientos de angustia cuando tenemos que ir a trabajar. En el plano personal suelen aumentar las conductas nocivas o negativas como un aumento del consumo de sustancias (cafeína, alcohol, drogas), aumento de conductas violentas con el peligro de sufrir lesiones físicas.

Como podéis ver, sufrir estrés en el trabajo puede tener síntomas muy diversos pero creo que es importante estar atento si padecemos varios de ellos a la vez y teniendo en cuenta también los factores de estrés laboral que os comenté en el otro post, ya que sufrir estrés laboral puede tener consecuencias importantes en nuestra vida.

Más adelante, os contaré algunas acciones que podemos realizar para prevenir el estrés laboral y también algunas soluciones que podemos aplicar en caso de que ya estemos padeciendo estrés en el trabajo. Mientras tanto, si queréis consultar alguna duda al respecto o padecéis estos síntomas y queréis superarlos, podéis contactar conmigo a través de la página de contacto o del correo info@psicologiasmr.es

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Cumplimos 4 años

Estamos de aniversario: este mes de Octubre nuestro centro cumple 4 años. Y como queremos que el próximo año sea mejor que este estamos preparando algunas novedades, tanto para incluir en nuestra web como para ofreceros a vosotros.

Queremos agradeceros a todos los que seguís nuestro blog y nuestras páginas de las redes sociales por interesaros por el trabajo que realizamos. Como ya sabéis siempre estamos dispuestos a escuchar vuestras peticiones respecto a servicios que consideréis necesarios y también en cuanto a los temas sobre los que os interesaría leer post en nuestro blog.

Podéis contactar con nosotros para informaros sobre servicios y tarifas o para hacer vuestras sugerencias desde la página de contacto o desde el correo info@psicologiasmr.es ¡Esperamos vuestros mensajes!

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Jornadas GIPEC 2018: Intervención con intervinientes

El pasado sábado 22 de Septiembre el Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes (GIPEC) al que pertenezco, realizó unas jornadas muy interesantes en relación a la intervención con intervinientes en el Civican de Pamplona. En estas jornadas han participado más de 150 personas de diferentes perfiles profesionales que actúan en las emergencias: policías, bomberos, enfermeros, etc.

Las las Jornadas fueron inauguradas por Rosa Ramos, decana del Colegio de Psicología de Navarra; Dolores Escalante, coordinadora del Área de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes del Consejo General de la Psicología de España; e Izaskun Cibiriain, directora de la Escuela de Seguridad y Emergencias de Navarra. Posteriormente Javier Torres, decano del Colegio Oficial de Baleares y Coordinador del área de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes del Consejo General de Psicología de España, explicó el papel del propio Consejo en la Gestión de las Emergencias.

A continuación varias psicólogas, Lidia Rupérez, Marta Díaz de Rada, Sara Mendizabal y Ana Ruiz;  miembros del GIPEC de Navarra presentaron al grupo y explicaron su labor: cómo es la organización cuando hay que intervenir en una emergencia y cuál es la labor del grupo, cómo se maneja el estrés en el personal interviniente, qué son y cómo se realizan los primeros auxilios psicológicos en estas situaciones y las aportaciones de la psicología en emergencias a los propios equipos de emergencias.

Además, la psicóloga Experta en Emergencias y miembro del GIPEC de Asturias, Natalia Lorenzo, realizó una ponencia referente a la resistencia y resiliencia en el personal interviniente, donde explicó la importancia de la formación previa en materia de estrés ante las emergencias, dirigida a estos profesionales y en la posibilidad de solicitar apoyo psicológico tras haber intervenido en una situación de este tipo.

Por la tarde se realizó una mesa de experiencias en la que se abordó la importan de la intervención con los equipos de emergencias y las necesidades de éstos. Se trabajó desde una experiencia personal de las personas participantes. Los perfiles profesionales que intervinieron fueron desde: la psicología, Maite Armiño; la labor policial, Roberto Valencia; la labor de enfermería, Elena Yangua; la labor del bombero (Help-na), Diego Mariezcurrena y Protección Civil Milagro, José María Cambra.

Para cerrar las jornadas Natalia Lorenzo, habló sobre las herramientas de trabajo en intervinientes para su propio cuidado. Y la clausura corrió a cargo de la decana del Colegio Oficial de Psicología de Navarra, Rosa Ramos.

Esperamos que las del próximo año os resulten interesantes y acudáis también, estaremos encantadas/os de recibiros y compartir con vosotros la experiencia. ¡Nos vemos en las próximas Jornadas!

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Comunicación y redes sociales

social media

Hoy en día disponemos de una infinidad de vías por las que comunicarnos con los demás: teléfono, carta, e-mail, fax y todas las redes sociales. Sin embargo, ¿El papel que están cumpliendo estas redes sociales es realmente facilitar la comunicación?

En principio su misión era mantenernos conectados con nuestros seres queridos, poder compartir con ellos fotos, videos, comentar todo aquello que quisieran publicar formando parte del momento aunque no pudiéramos estar ahí. Pero en los últimos años, y cada vez más, parece que en vez de crear esa unión lo que hacen es distanciarnos de los demás.

Hay muchas personas, grupos de amigos o familias, que cuando están juntas en vez de hablar, disfrutar el momento y hacer cosas juntos, están cada uno con su móvil o tablet metidos en su pequeño mundo virtual. A veces, parece más importante ese mundo que la vida real, la vida que se están perdiendo. Personalmente soy una persona a la que no le gusta mucho hacerse fotos, aunque sí que me gusta tener alguna que otra de momentos que vivo con otras personas: una cena con amigos, una comida con la familia o un viaje con mi pareja. Sin embargo, hay personas que esto lo llevan al extremo y en vez de hacer alguna foto y dedicarse principalmente a disfrutar del momento, están la mayor parte del tiempo haciendo fotos y buscando la pose perfecta para poder luego publicarlo en sus redes sociales. En esas ocasiones me pregunto si realmente son conscientes y están disfrutando ese momento o simplemente están documentando su vida a la vez que la despojan de todo sentimiento.

redes sociales

Esto es algo que estoy viendo en mucha gente últimamente, veo mucha gente que no se dedica a disfrutar de lo que hacen sino que van como si estuvieran programados y luego publican todo como si cada día fuera el mejor día de sus vidas. Si esto fuera cierto, me parecería genial, porque cada uno publica lo que quiera si eso le hace feliz; el problema es que muchas veces detrás de todo eso se esconde una realidad que poco se acerca a lo que se refleja en las redes sociales. Hay muchas de estas personas que en realidad se sienten solas o vacías, que no tienen una meta que les motive a hacer cosas para sí mismas y que se refugian en las redes sociales para escaparse de la realidad que no les gusta en vez de enfrentarse a los problemas que ésta pueda presentarles.

En las redes sociales es muy fácil parecer una persona feliz, con muchos amigos y que disfruta cada momento, pero ¿hasta qué punto todo esto es real? Creo que a veces sería bueno, que nos distanciasemos del mundo digital y nos planteasemos qué estamos haciendo en nuestra vida y con nuestra vida, y si eso es lo que realmente queremos.

Está bien mantenernos en las redes sociales para poder estar en contacto con gente a la que quizá no podamos ver habitualmente, o para conocer nuevas personas con las compartamos aficiones y podamos hablar, pero deberíamos intentar que no fuera el centro de nuestra vida.

Ya os hablé en un post anterior sobre las adicciones a las nuevas tecnologías, y más adelante publicaré otro post relacionado con el de hoy y con el post anterior sobre adicciones. Si os interesa el tema o algún aspecto concreto podéis escribirme y os responderé.

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Ser fieles a nosotros mismos

diferente

Hoy en día es difícil ser nosotros mismos; la sociedad nos dicta cómo vestir, qué pensar, qué decir e incluso qué sentir. Las tiendas tienen todas el mismo estilo de ropa, la información que recibimos nos guía a una línea de pensamiento y si nos salimos del camino que se nos marca se nos aísla.

Siempre es difícil mostrarnos tal y como somos, porque todos tenemos inseguridades y queremos proyectar una buena imagen ante los demás. Como ya he dicho en otras ocasiones, nuestra autoestima se forma en gran parte por el mensaje que recibimos de los demás, por su reacción ante lo que ven en nosotros. Por todo esto, la mayoría prefiere pasar desapercibido siendo lo más parecido posible a los demás.

Sin embargo, muchas veces no nos sentimos a gusto con nosotros mismos al hacer esto ya que estamos intentando ser algo que en realidad no somos. Quizás nuestra forma de vestir o las opiniones que en realidad tenemos nos haría recibir algunas miradas o comentarios de reproche, pero a la larga nos reportaría mucha satisfacción al saber que estamos siendo auténticos, que no estamos actuando.

Para poder tener una buena autoestima y sentirnos a gusto con nosotros mismos, lo que a la larga también significa una mejora de nuestra vida, nuestras relaciones sociales, familiares y de pareja, hay que ir poco a poco. En primer lugar hay que saber ver nuestras cualidades, habilidades y todos los aspectos positivos que tenemos, aunque a veces nos parezcan insignificantes. Es importante valorar lo que tenemos, es decir, el poder caminar, poder ver u oír por ejemplo nos parecen cosas normales y obvias que todos tenemos. Sin embargo, si nos paramos a pensarlo esto no es así, hay gente que no tiene esas capacidades. Éste es el tipo de cosas al que me refiero, cosas que no valoramos habitualmente porque las damos por sentadas. Si empezamos valorando esas cosas, nuestra autoestima irá en aumento.

La segunda parte sería ver qué defectos tenemos y qué cosas podemos mejorar de nosotros mismos, pero no para agradar más a los demás sino para sentirnos nosotros mejor. Por ejemplo, muchas personas nos planteamos adelgazar y también muchos fracasamos al intentarlo. Esto en muchas ocasiones se debe a que la motivación no es la adecuada; si queremos adelgazar porque así vamos a gustar más a los demás o porque es lo que se espera de nosotros, no va a funcionar. Lo ideal es encontrar un motivo propio que sea el que nos impulse a conseguirlo, puede ser poder ponerte cierto tipo de ropa que te encanta pero con el que ahora mismo no te sientes bien o por un motivo de salud (por ejemplo, que al mejorar tu forma física podrás realizar algunas actividades que te gustan y ahora mismo no puedes o te resultan complicadas). La cuestión es que nos fijemos la meta de mejora personal que sea, el motivo por que la elijamos tiene que ser nuestro, no algo impuesto desde fuera ya que esto a largo plazo nos va a llevar a abandonar ese objetivo y nos va a generar malestar por no haberlo cumplido.

Como veis volvemos al tema del inicio, a ser fieles a nosotros mismos, a ser lo que somos y no lo que los demás nos dicen que tenemos que ser. Es cierto, que hay situaciones que requieren ser un poco flexibles con esto. Quiero decir, tenemos que adaptarnos a las situaciones o a los diferentes ámbitos de nuestra vida; en el trabajo tendremos que seguir una serie de normas y si el trabajo lo requiere llevar un uniforme (que probablemente no sea de nuestro estilo), pero es simplemente trabajo. Hay que saber aceptar también estos papeles, aunque no significa que dejemos de ser nosotros mismos, podemos serlo de una forma diferente como por ejemplo aportando ideas de mejora u opiniones a nuestros jefes (asumiendo que pueden o no ser aceptadas por éstos).

En resumen, para mi es importante tener nuestras propias ideas y valores, y crear nuestras metas a partir de nosotros mismos, de lo que nos motiva. Mantenernos fieles a nosotros mismos hace que nuestra autoestima sea mejor y como consecuencia también mejoran nuestras relaciones con los demás (y la forma en la que nos perciben).

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4 Factores de estrés laboral

El estrés laboral es un problema que últimamente está aumentando, cada vez estamos más estresados con nuestro trabajo. Y ese estrés afecta a otros aspectos de nuestra vida como las relaciones con la familia, los amigos y la pareja, a nuestro bienestar psicológico, etc. Pero, ¿cómo podemos saber si padecemos estrés laboral?

En estos momentos, el tema del trabajo sigue estando en un punto complicado, ya que la crisis económica ha provocado la destrucción de muchos puestos de trabajo y a generar otros que son precarios (pocas horas, poco sueldo, trabajo temporal). Por esto, ha habido una búsqueda de trabajo fuera del país por parte de algunas personas; las que se han quedado a trabajar y estaban desempleadas o perdieron su trabajo lo que se han encontrado han sido trabajos que no responden a lo que buscaban. Mucha gente está en un puesto de trabajo que no es áquel para el que han estudiado o en el que le gustaría estar, éste es uno de los factores que puede influir en nuestro estrés laboral: tener un puesto de trabajo que no nos gusta o que no nos satisface.

El hecho de que exista este factor puede generar estrés porque sentimos la necesidad de tener otro trabajo y aunque lo intentamos, no lo encontramos. Esto nos genera frustración, porque es igual si tienes formación de un tipo o de otro, o mucha experiencia trabajando, lo que importa es que cuando acudas a una entrevista de trabajo le gustes a la persona que está ahí y que piense que puedes desempeñar bien el trabajo. El problema de esto es que realmente no se tiene claro qué es lo que buscan por lo que esas entrevistas nos generan ansiedad también, y si somos rechazados añaden frustración.

Por otro lado, hay otro factor que a mí me parece muy importante en cuanto al estrés laboral se refiere, son las condiciones laborales. Quiero decir, ya tienes un trabajo que puede gustarte más o menos, pero las condiciones laborales son incómodas o malas. Por ejemplo: en el sector servicios hay muchos empleos como los de hostelería o peluquería y estética, que tienen unas condiciones complicadas. En estos tipos de empleo aparecen una serie de condiciones que nos generan malestar; suelen ser empleos en los que los festivos se tiene que trabajar, que se trabajan muchas horas, los horarios pueden ser de muchas horas seguidas o se termina muy tarde por la noche. Hay muchos tipos de empleo en los que las condiciones laborales son desfavorables (y que no son sólo del tipo que he descrito aquí) pero creo que estos dos ejemplos lo ilustran bastante bien.

Todas estas condiciones surgen en muchos casos de que las empresas saben lo que el mercado laboral nos ofrece y usan a su favor nuestros puntos débiles; si saben que nos cuesta encontrar trabajo tienen bastante seguro que aceptaremos algunas condiciones negativas por poder trabajar, si tenemos un hijo o alguna obligación económica saben que necesitamos ese dinero para poder seguir adelante, etc. Todo eso son situaciones normales que las empresas pueden ver como puntos de referencia para mantenerte en el trabajo.

Y hablando de la empresa, tenemos otro factor que puede influir en nuestro estrés laboral: el ambiente de trabajo. Con ambiente de trabajo me refiero tanto a la relación que tengamos con nuestros compañeros como con los jefes. Si nos llevamos bien con los compañeros, el trabajo y las responsabilidades se reparten de forma equitativa, se trabaja en equipo, el jefe sabe liderar (en vez de dar órdenes), si el jefe es sensible a las necesidades de los trabajadores y acepta sugerencias de mejora, etc. Si estas pequeñas cosas son positivas el trabajo es más agradable, pero si son negativas afectan a cómo nos sentimos con lo que aumentan nuestro malestar y estrés laboral.

Por último, y si ponemos en una balanza estos factores en un lado y el sueldo en el otro, podemos valorar si nos compensa ese sueldo y ese trabajo o no. Por lo que también el sueldo puede ser un factor de estrés laboral si consideramos que nuestra aportación a la empresa por medio de nuestro trabajo vale más de lo que recibimos como sueldo.

En conclusión, haciendo una valoración de todos estos factores, si pesa más lo negativo que lo positivo nos puede estar generando un estrés laboral del que no seamos conscientes. Quizá podamos llegar a darnos cuenta si hay un cambio, generalmente a peor, que sea la "gota que colme el vaso" y en ese momento es cuando podremos ver algunas (o muchas) de estas situaciones que os he explicado. Y como siempre, si quieres puede enviarnos un comentario, consultar dudas o solicitar información sobre nuestros servicios a través del Formulario de contacto de la web o del correo electrónico info@psicologiasmr.es

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La forma de expresarnos y el poder de la mente

Hoy en día disponemos de multitud de formas de comunicarnos, tanto los medios tradicionales (cartas o llamadas telefónicas), como todo lo que las tecnologías nos ofrecen (e-mail, redes sociales, mensajería instantánea, etc.). Sin embargo, a pesar de haber tal cantidad de medios, muchas veces no nos paramos a pensar qué es lo que queremos decir o si lo que hemos escrito es realmente lo que estábamos pensando. En mi opinión, es tan importante el contenido que queremos expresar como la forma de hacerlo; ya que si no sabemos expresarlo adecuadamente probablemente no refleje lo que queremos decir o incluso pueda haber malentendidos.

Por otro lado, la forma que tenemos de expresarnos influye en quienes reciben el mensaje, y esta influencia puede ser positiva o negativa. Un mismo mensaje expresado con unas u otras palabras o en un tono u otro puede generar en la persona que lo recibe diferentes reacciones y sentimientos. Además, el vocabulario que usemos tanto al hablar con otras personas como al dirigirnos a nosotros mismos, también nos influye.

Pongamos un ejemplo: Si todas las mañanas nos levantamos y decimos: "vaya hoy tengo otro día horroroso por delante, tengo que trabajar mucho, encima no he dormido bien y seguramente esté lloviendo todo el día". Lo más probable es que empecemos el día de mal humor y con pocas ganas de hacer cosas. Sin embargo, aunque la situación sea la misma (que tengamos mucho trabajo, que hayamos dormido poco y que haga mal tiempo), si nos levantamos y buscamos la parte positiva (como pensar que el fin de semana tendremos tiempo para descansar, que podremos dormir un poco más y mejor, y que la lluvia no significa que al día siguiente no pueda hacer sol), nuestra actitud será mejor. Este es un ejemplo muy tonto, pero sirve para entender lo que quiero decir.

Esta misma influencia la vemos reflejada en nuestra autoestima, si nos lanzamos mensajes negativos a nosotros mismos, nuestra autoestima se verá dañada poco a poco cada vez más. De este modo, podemos ver que al igual que los mensajes con lenguaje negativo que nos dirigimos a nosotros mismos  nos "debilitan" de alguna manera, ocurre lo mismo con los mensajes que les mandamos a los demás. El lenguaje y las reacciones que nos provocan los mensajes recibidos son muy potentes y las consecuencias en referencia al bienestar psicológico están muy influenciadas por éste.

Pongamos otro ejemplo: Si a una persona que ha pasado por una situación traumática la llamamos víctima, de alguna manera le estamos diciendo que esa situación la supera, que es impotente ante esa situación, que no puede hacer nada para superarlo. Sin embargo, si a esta persona la llamamos superviviente, le enviamos el mensaje de que tiene la capacidad y la fuerza de sobreponerse a aquello que le ha ocurrido, que a pesar de todo, puede seguir adelante. Quizá parezca una tontería, pero la realidad es que de forma inconsciente nos acabamos adaptando (y comportando como las etiquetas que nos ponen).

Del mismo modo, y centrándome en mi propio ámbito de trabajo, a las personas que acuden a un psicólogo/a siempre se les ha llamado pacientes. Creo que no es una palabra adecuada por varias razones; en primer lugar paciente es alguien pasivo, es quien padece una acción externa, no es activo; sin embargo, en la consulta los psicólogos/as tratamos de dar herramientas y técnicas para que la persona tenga los recursos para superar la situación ella misma. Por lo tanto, la persona que acude a un psicólogo/a tiene que empezar a ser un agente activo para que la terapia funcione. Por otro lado, paciente siempre ha estado asociado a la medicina y esa asociación a su vez nos hace pensar en enfermedad. Es cierto que una parte de las personas que solicitan consulta en psicología pueden padecer enfermedades (trastornos de ansiedad, depresión, fobias, etc.), pero otra parte acuden debido a situaciones temporales que les impiden realizar su vida con normalidad (sin llegar al punto de ser un trastorno) o porque quieren mejorar algún aspecto de su vida o de ellos mismos (crecimiento personal). Por ello, no me gusta la palabra paciente para denominar a aquellas personas que acuden a mi consulta.

Como podéis ver, en mi opinión el lenguaje es muy importe para una comunicación adecuada, para expresar lo que realmente queremos, para hacernos entender y para que nuestras palabras generen en el otro la reacción que realmente buscamos. Es cierto que no podemos estar todo el día dándole vueltas a lo que vamos a decir o cómo lo vamos a decir, pero si que podemos hacer un cambio progresivo que no nos suponga reevaluar todo nuestro lenguaje de golpe. Por ejemplo, si usamos muchas palabras negativas (desastre, horror, terrible, etc.), podemos intentar reducir el número de veces que las decimos; también podemos intentar relativizar las cosas, palabras como "nunca", "siempre", "todo" o "nada" no suelen ser ciertas y podemos cambiarlas por "pocas veces", "a menudo", "bastante" o "apenas" dejando un margen a otras posibilidades. Estos pequeños cambios, pueden ir haciendo que poco a poco nuestra actitud sea más positiva, lo que a su vez, nos da fuerza para enfrentarnos a los retos diarios. Del mismo modo, podemos mandarnos a nosotros mismos mensajes positivos, que a largo plazo nos harán sentir mejor y aumentarán nuestra autoestima.

Así que te animo a intentarlo y comprobar si te funciona. En cualquier caso, si necesitas apoyo psicológico o quieres solicitar consulta conmigo para tratar algún problema no dudes en contactarme en el correo info@psicologiasmr.es o a través del Formulario de contacto de la web.