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Comuniación asertiva

comunicacion

Ya hemos hablado en otras ocasiones de los estilos de comunicación que podemos utilizar al relacionarnos con los demás. Hoy queremos centrarnos en la comunicación asertiva, que como ya sabréis si habéis leído nuestros anteriores post es el estilo de comunicación más adecuado. Sin embargo, no hemos llegado a explicarlo muy en profundidad hasta ahora. Creemos que es importante conocer es tipo de comunicación ya que nos puede ayudar a mejorar nuestras relaciones con los demás. Así que esperamos que este post os resulte interesante.

¿Qué es la asertividad?

La asertividad como ya hemos dicho es una forma de comunicación, que incluye todos los componentes de la misma (comunicación verbal, no verbal y la actitud). Este estilo de comunicación consiste en poder expresar lo que sentimos, lo que queremos (tanto hacer peticiones a otros como rechazar peticiones) o lo que pensamos siendo respetuosos con nosotros mismos y con los demás.

Existen una serie de derechos asertivos que nos concretan más esto, pero principalmente es el respeto a la hora de comunicarnos y va un poco en consonancia con la frase "tu libertad acaba donde empieza la del otro". Este estilo de comunicación nos dice que tenemos que ser conscientes de que todos tenemos los mismos derechos y por lo tanto si nosotros tenemos derecho a hacer, por ejemplo, una petición a alguien, esa persona también tiene derecho a hacernos una petición (y ambos casos tanto la persona como nosotros tenemos derecho a negarnos a la petición).

Lo importante de la asertividad no es el mensaje que transmitimos en sí mismo sino la forma de transmitirlo. Es decir, siguiendo con el ejemplo, si nos hacen una petición y queremos rechazarla por la razón que sea tenemos diferentes maneras de hacerlo. Probablemente si nuestra forma de comunicarnos es inhibida aceptaremos y luego intentaremos evitarlo pero sin llegar a expresar que no queremos hacerlo, si es agresiva probablemente faltemos al respeto a la otra persona bien porque la insultemos al hacernos la petición o porque quizá le amenacemos con algo cuando le digamos que no.

En el caso de la asertividad trataríamos de explicarle (dando más o menos detalles) que no queremos hacer lo que nos ha pedido y haciéndole ver que sabemos ponernos en su lugar, pero que aun con ello no queremos hacer aquello que nos ha pedido (la razón puede ser muy importante como que va en contra de nuestros principios o algo menos importante como que ese día lo necesitamos para nosotros).

¿Por qué usar la comunicación asertiva?

Usar la comunicación asertiva tiene muchos beneficios tanto a nivel personal como interpersonal. A nivel personal podemos reducir la ansiedad y el estrés, mejorar nuestra autoestima y autoconfianza que a su vez mejorará nuestra capacidad para tomar decisiones, nos ayuda a entender mejor nuestras propias emociones y por lo tanto a controlarlas mejor con lo que también nos resultará satisfactorio. A nivel interpersonal nos ayuda a mejorar nuestras habilidades sociales y con ello nuestras relaciones con los demás lo que conlleva unas relaciones con mayor confianza y respeto mutuo.

Además, usando este estilo de comunicación evitaremos los otros dos de los que ya hemos hablado que serían el estilo agresivo y el inhibido. Éstos, van justo hacia el lado opuesto de la asertividad, ya que nos generan frustración que aumenta el estrés disminuye nuestra autoestima y empeora nuestras relaciones con los demás. Digamos que para los demás estos estilos de comunicación nos vuelven personas difíciles de tratar, bien porque tendemos a generar problemas o porque habitualmente no tomamos parte al tomar decisiones.

chicas hablando

¿Cómo puedo transformar mi estilo de comunicación?

Antes de empezar a transformar tu estilo de comunicación tienes que conocer la forma en la que te comunicas ahora. Deberías valorar lo que hemos comentado antes sobre los estilos de comunicación inhibida y agresiva. Si tiendes a decir que sí a compromisos con los demás a pesar de no tener tiempo, si no defiendes tus derechos (incluso cuando crees que están siendo injustos contigo) o si habitualmente haces lo que te piden los demás sin pensar en ti mismo o en lo que quieres probablemente tengas un estilo inhibido con lo que deberás centrarte en defender tus derechos y expresar tus opiniones y deseos.

Por otro lado, si tiendes a culpar a los demás, les obligas a aceptar tus opiniones como ciertas sin importar lo que ellos digan o sueles poner tus deseos por encima de las necesidades de los otros probablemente tengas un estilo de comunicación agresiva y en este caso deberás intentar ser más amable con los demás, intentar ponerte en su lugar para comprender sus deseos e intentar comprender que los mismos derechos que tienes tú los tienen ellos.

Dado que las técnicas para modificar nuestra comunicación son muchas, las explicaremos brevemente en un post dentro de unos días. Así podréis tener una pequeña guía de lo que podéis ir modificando en vuestro día a día para conseguir todos los beneficios que la comunicación asertiva nos ofrece.

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¿Quién es el responsable de lo que nos ocurre?

Cada día vivimos muchas situaciones diferentes y todas ellas tienen un impacto sobre nosotros, ya sea positivo o negativo. A menudo tenemos claro que esas situaciones son el resultado de alguna acción que nosotros mismos hemos realizado. A veces, el resultado es el que esperábamos conseguir, otras veces no.

Esto se debe al locus de control. El locus de control es una variable de personalidad, que es relativamente estable, y refleja la atribución que hacemos sobre el origen causal de las situaciones que ocurren en nuestra vida cotidiana. Es decir, es algo subjetivo que percibimos, no es un hecho objetivo sino que depende de nuestras propias creencias.

El locus de control es un continuo cuyos extremos serían el locus de control interno y el locus de control externo. El locus de control interno (si vamos al extremo) significa que todos los resultados son consecuencia de nuestras acciones (sean estos resultados positivos o negativos). Por otro lado, el locus de control externo (yendo de nuevo al extremo) significa que todos los resultados son consecuencia de un agente externo.

Locus de control interno vs. locus de control externo

Partiendo de aquí, como he dicho podemos planear una acción para conseguir un resultado concreto, y este puede lograrse o no. Según sea nuestro locus de control haremos una atribución diferente.

En el caso del locus de control interno cuando hemos logrado lo que nos proponíamos, nos sentiremos bien con nosotros mismos y orgullosos ya que nuestras acciones han logrado el objetivo. Sin embargo, si no hemos logrado lo que nos proponíamos podemos o bien buscar otro modo de conseguir ese objetivo (cuando pensamos que el resultado depende de nuestras acciones) o si pensamos que el resultado depende de nuestras cualidades personales nos frustrará, nos generará sentimientos de no ser capaces y de impotencia (e incluso puede tener un impacto negativo en nuestra autoestima si el objetivo era importante para nosotros).

Por otro lado, cuando el locus de control es externo y hemos tenido éxito en lograr el objetivo, nos sentiremos felices por haberlo conseguido pero agradeceremos la acción a agentes externos, pensando que es por la acción de otros. En el caso de haber fracasado con este tipo de atribución, pensaremos que nada podemos hacer ya que todo depende de personas o acciones sobre las que no tenemos ningún tipo de control. Este tipo de locus de control, si se repiten consecuencias negativas lleva a la indefensión aprendida sobre la que ya os hablé en otro post. Esto es una falta de reacción ante las situaciones por la creencia de que no somos capaces de hacer nada para mejorar ni para cambiar lo que está ocurriendo. Nos resignamos a que las cosas ocurran, sin tomar partido en ellas, aunque éstas sean negativas o nos hagan daño del algún modo.

¿Qué impacto tiene el locus de control?

En primer lugar, el locus de control influye durante nuestro desarrollo personal e influye directamente sobre la personalidad que vamos desarrollando durante nuestras etapas de aprendizaje. Como ya he dicho, si el locus de control es interno la persona se responsabilizará de sus acciones y se atribuirá tanto el éxito como el fracaso, y generalmente tratará de buscar soluciones alternativas cuando fracase en algo. Si por el contrario la persona tiene un locus de control externo, atribuirá tanto sus éxitos como sus fracasos a agentes externos, por lo que tendrá una percepción de no poder hacer nada para cambiar su vida o las situaciones que le gustaría que fueran distintas.

Esto puede influir en el desarrollo de una buena autoestima, de autoconfianza o de desarrollar una actitud más extrovertida en el caso de tener un locus de control interno; o tener una autoestima baja, sentimiento de impotencia o una actitud inhibida en el caso de tener un locus de control externo. Además, en este segundo caso la persona tiene más probabilidades de sufrir indefensión aprendida (que a largo plazo reforzará su locus de control externo).

Sin embargo, y como os habréis dado cuenta al leer este post, en todo momento he hablado de los extremos. La mayor parte de las personas tenemos un locus de control mixto, hay personas en quienes predomina el locus de control interno y otras en quienes predomina el locus de control externo (hay diferentes grados), pero en general no solemos atribuir todo a nosotros mismos ni todo a agentes externos.

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Autoestima y comunicación asertiva

¿Qué es y cómo se desarrolla la autoestima?

En post anteriores ya hemos hablado sobre la autoestima y su impacto en nuestra vida a todos los niveles. Hoy queremos profundizar un poco más en ello explicando de nuevo qué es y cómo influye en nuestra forma de comunicarnos.

La autoestima es, dicho de forma genérica,  el amor a uno mismo o la valoración que hacemos de nosotros mismos. Nuestra autoestima será más alta o más baja en función de si esta valoración que hacemos es más positiva o más negativa. La autoestima parte del autoconcepto, que está relacionado con los diferentes ámbitos de nuestra vida. Estos ámbitos son nuestro aspecto físico estético y funcional, la forma de relacionarnos con los demás, nuestra personalidad, cómo nos ven los demás (partiendo tanto de lo que nos dicen como de lo que nosotros creemos que piensan), nuestro desempeño en el trabajo o los estudios, nuestro funcionamiento mental (capacidad para resolver los problemas, para aprender, etc.) y nuestra sexualidad.

La autoestima es algo que se va construyendo a lo largo de nuestras vidas, y que comienza en la infancia pero puede modificarse a lo largo de los años. Su construcción depende, en los primeros años principalmente de lo que nos digan y nos demuestren los demás. Por ejemplo, si a un niño se le dice que es muy listo y se le refuerza positivamente cuando realiza actividades de desarrollo intelectual; ese niño se verá válido y se sentirá seguro, por lo que realizará más ese tipo de actividad mejorando sus capacidades y confirmando lo que ya le han dicho. Además, al verse capaz se sentirá bien consigo mismo, con lo que su autoestima se elevará.

A partir del momento en el que empezamos a desarrollar nuestras capacidades de razonamiento y juicio, empezamos a hacer estas valoraciones nosotros mismos. Habitualmente comparamos nuestras habilidades con el grupo de iguales o con los estereotipos que nos ofrece la sociedad, y en función del parecido nos valoramos positiva o negativamente. Si partimos de una autoestima baja en la infancia, será más difícil hacer valoraciones positivas porque hay una tendencia a infravalorar nuestros éxitos y sobrevalorar los de los demás, que es lo que se ha aprendido de niños. Si nuestra autoestima es buena en la infancia, en esta etapa nos valoraremos más positivamente y seguirá aumentando.

Consecuencias de nuestro nivel de autoestima

Ahora bien, todo esto está claro que nos afecta a nosotros mismos y a cómo nos sentimos; pero, ¿qué influencia tiene en nuestra forma de comunicarnos y qué repercusión tiene ésta última? Cuando nuestra autoestima es baja tenemos tendencia a ser más introvertidos y a presentar un comportamiento más inhibido cuando nos relacionamos con otros. Esto tiene varias consecuencias; por un lado, al ser más introvertidos nos relacionaremos menos con los demás e intentaremos pasar desapercibidos, por lo que nuestro grupo de amigos será más reducido y nuestra relación con la mayoría de ellos será más superficial. Por otro lado, nuestro comportamiento inhibido afectará a la forma en la que nos comunicamos con los otros, de forma que mostraremos más fácilmente nuestra inseguridad y cederemos antes a las peticiones que nos hagan otras personas (incluso poniendo estas peticiones por encima de nuestros deseos o necesidades).

Sin embargo, si nuestra autoestima es alta seremos más extrovertidos, tendremos más relaciones sociales, nuestro grupo de amigos será mayor y tendremos tanto relaciones más superficiales como amigos más íntimos. Y en cuanto a nuestra forma de comunicarnos aprenderemos a ser más asertivos. La comunicación asertiva nos permitirá valorar cuándo atender a la petición de alguien y cuando no, hacer peticiones a otras personas de forma correcta (no exigiendo ni realizando acusaciones) y también a aceptar que nos digan que no a una petición que hagamos. Sería una forma de comunicación en la que te respetas a tí mismo y a los demás, sin necesidad de hacer cosas contra tu voluntad y sin faltar al respeto de los otros.

Por último, hay una tercera forma de comunicación, que sería la agresiva. En ésta depende más de los valores y creencias que tengamos que de nuestro nivel de autoestima; ya que en caso de autoestima baja puede ser una forma de defenderse aunque no se le haya atacado, y en el caso de una autoestima alta puede ser un deseo de demostrar que está por encima de los demás. Quien usa este tipo de comunicación no hace peticiones sino que exige que se haga, no acepta que le nieguen algo que ha pedido y suelen anteponer sus deseos a los de los otros y a las necesidades de los demás.

El hecho de que existan estos tres tipos de comunicación no significa que una persona se comunique el 100% de las veces de esa forma, sino que tiene una tendencia comunicarse más de un modo que de otro. Todos podemos tener los 3 tipos de comunicación, en función de la situación concreta, de la persona con la estemos hablando etc. Aunque como podéis observar, lo más correcto sería intentar comunicarnos la mayor parte del tiempo de forma asertiva.

Más adelante, os hablaré un poco más sobre los tipos de comunicación y qué podemos hacer para ir cambiando poco a poco nuestro estilo de comunicación por uno más adecuado. Además, os explicaré cómo nuestro estilo de comunicación nos puede ayudar también a mejorar nuestra autoestima.

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Ser fieles a nosotros mismos

diferente

Hoy en día es difícil ser nosotros mismos; la sociedad nos dicta cómo vestir, qué pensar, qué decir e incluso qué sentir. Las tiendas tienen todas el mismo estilo de ropa, la información que recibimos nos guía a una línea de pensamiento y si nos salimos del camino que se nos marca se nos aísla.

Siempre es difícil mostrarnos tal y como somos, porque todos tenemos inseguridades y queremos proyectar una buena imagen ante los demás. Como ya he dicho en otras ocasiones, nuestra autoestima se forma en gran parte por el mensaje que recibimos de los demás, por su reacción ante lo que ven en nosotros. Por todo esto, la mayoría prefiere pasar desapercibido siendo lo más parecido posible a los demás.

Sin embargo, muchas veces no nos sentimos a gusto con nosotros mismos al hacer esto ya que estamos intentando ser algo que en realidad no somos. Quizás nuestra forma de vestir o las opiniones que en realidad tenemos nos haría recibir algunas miradas o comentarios de reproche, pero a la larga nos reportaría mucha satisfacción al saber que estamos siendo auténticos, que no estamos actuando.

Para poder tener una buena autoestima y sentirnos a gusto con nosotros mismos, lo que a la larga también significa una mejora de nuestra vida, nuestras relaciones sociales, familiares y de pareja, hay que ir poco a poco. En primer lugar hay que saber ver nuestras cualidades, habilidades y todos los aspectos positivos que tenemos, aunque a veces nos parezcan insignificantes. Es importante valorar lo que tenemos, es decir, el poder caminar, poder ver u oír por ejemplo nos parecen cosas normales y obvias que todos tenemos. Sin embargo, si nos paramos a pensarlo esto no es así, hay gente que no tiene esas capacidades. Éste es el tipo de cosas al que me refiero, cosas que no valoramos habitualmente porque las damos por sentadas. Si empezamos valorando esas cosas, nuestra autoestima irá en aumento.

La segunda parte sería ver qué defectos tenemos y qué cosas podemos mejorar de nosotros mismos, pero no para agradar más a los demás sino para sentirnos nosotros mejor. Por ejemplo, muchas personas nos planteamos adelgazar y también muchos fracasamos al intentarlo. Esto en muchas ocasiones se debe a que la motivación no es la adecuada; si queremos adelgazar porque así vamos a gustar más a los demás o porque es lo que se espera de nosotros, no va a funcionar. Lo ideal es encontrar un motivo propio que sea el que nos impulse a conseguirlo, puede ser poder ponerte cierto tipo de ropa que te encanta pero con el que ahora mismo no te sientes bien o por un motivo de salud (por ejemplo, que al mejorar tu forma física podrás realizar algunas actividades que te gustan y ahora mismo no puedes o te resultan complicadas). La cuestión es que nos fijemos la meta de mejora personal que sea, el motivo por que la elijamos tiene que ser nuestro, no algo impuesto desde fuera ya que esto a largo plazo nos va a llevar a abandonar ese objetivo y nos va a generar malestar por no haberlo cumplido.

Como veis volvemos al tema del inicio, a ser fieles a nosotros mismos, a ser lo que somos y no lo que los demás nos dicen que tenemos que ser. Es cierto, que hay situaciones que requieren ser un poco flexibles con esto. Quiero decir, tenemos que adaptarnos a las situaciones o a los diferentes ámbitos de nuestra vida; en el trabajo tendremos que seguir una serie de normas y si el trabajo lo requiere llevar un uniforme (que probablemente no sea de nuestro estilo), pero es simplemente trabajo. Hay que saber aceptar también estos papeles, aunque no significa que dejemos de ser nosotros mismos, podemos serlo de una forma diferente como por ejemplo aportando ideas de mejora u opiniones a nuestros jefes (asumiendo que pueden o no ser aceptadas por éstos).

En resumen, para mi es importante tener nuestras propias ideas y valores, y crear nuestras metas a partir de nosotros mismos, de lo que nos motiva. Mantenernos fieles a nosotros mismos hace que nuestra autoestima sea mejor y como consecuencia también mejoran nuestras relaciones con los demás (y la forma en la que nos perciben).

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La importancia de la autoestima II

La autoestima es un punto base muy importante tanto para la formación de nuestra personalidad como para alcanzar la felicidad. La autoestima como bien indica su propio nombre es el amor a nosotros mismos, lo que no quiere decir que no queramos a otras personas. En ocasiones esta definición se malinterpreta porque se asume que si te amas a ti mismo no puedes amar a otros y, además, eres egoísta por hacerlo.

Sin embargo, no puede estar más lejos de la realidad. Del nivel de autoestima que tengamos depende en buena parte la calidad de nuestras relaciones sociales. Si nuestra autoestima es alta, nos sentimos seguros y satisfechos con nosotros mismos y por ello nos acercamos a otros para conocerlos y que nos conozcan. Si nuestra autoestima es baja, las inseguridades respecto a nuestras capacidades y habilidades nos hacen retraernos e intentar evitar el contacto con otros.

Hoy en día la autoestima no es algo que tengamos muy en cuenta, ni que consideremos un problema. Tenemos presentes problemas que consideramos «más graves» como depresiones o ansiedad. Sin embargo, no nos paramos a pensar que en muchos de estos problemas también encontramos una baja autoestima. Es importante tanto para nuestra salud como para nuestra felicidad tener una buena autoestima.

Pero, exactamente ¿qué es la autoestima? Como hemos dicho, una definición genérica sería el amor a uno mismo. Es la valoración que hacemos de nosotros mismos, y en función de si ésta es positiva o negativa, nuestra autoestima será alta o baja. La autoestima es el concepto que tenemos sobre nosotros mismos en cada ámbito de nuestra vida. Estos ámbitos serían los siguientes: Nuestro aspecto físico (en donde se debería valorar tanto la parte estética como la funcional), Cómo nos relacionamos con los demás, Nuestra personalidad, Cómo nos ven los demás, Nuestro rendimiento laboral y/o académico, Nuestro funcionamiento mental (capacidad de resolución de problemas, de aprender, cultura general, etc.) y Nuestra sexualidad.

Al analizar cada uno de estos puntos y en función de la importancia que le demos a cada uno de ellos se formará nuestro autoconcepto. En muchas ocasiones, a veces por la idea que nos «ofrece» la sociedad, valoramos mucho nuestro aspecto físico (que no suele coincidir con la imagen que creemos «ideal») y no tenemos en cuenta todo lo positivo que tenemos. Por eso, os aconsejamos que le deis una vuelta al concepto que tenéis de vosotros mismos y reevaluéis lo que es más importante. Una buena autoestima ayuda a tener una buena salud y relaciones satisfactorias con los demás.

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Hombres, mujeres y estereotipos

Hombres y mujeres, dos géneros, dos estereotipos, dos maneras de vivir. La sociedad tiene claro cuál es el futuro de cada persona desde el momento en que nacemos y formamos parte de uno de los dos sexos.

¿Qué es ser una chica o una mujer según la sociedad? Es ser una niña rodeada de juguetes, ropas y accesorios de color rosa, jugar con cocinitas y muñecas. Desde la adolescencia será esclava de su físico ya que se la juzgará por su apariencia y será muy importante que sea guapa, esté siempre bien maquillada y bien vestida. La edad adulta será complicada también porque los altos cargos no son para ella, y tendrá más posibilidades de encontrar trabajos «de mujer» como limpiar o ser enfermera.

Por su parte el chico vestirá el azul o el verde, jugará con coches y armas. Cuando sea adolescente tendrá que demostrar a sus amigos que es un hombre y no podrá llorar ni mostrar sus sentimientos porque «son cosas de mujeres» y si llorase sería «una niña». Tendrá que hacerse fuerte y luchar por un puesto importante ya que es lo que se espera de él.

Esto es lo que nos dice la sociedad que debemos ser; sin embargo, los niños pequeños no tienen esos conceptos establecidos; a un niño puede gustarle vestirse de princesa y jugar con muñecas del mismo modo que a una niña puede gustarle tener un coche teledirigido y jugar con herramientas de bricolaje. Los niños llegan a la conclusión de que uno no puede jugar con algo porque los adultos que le rodean le regalan cosas «propias de su género» y si le ven jugando con el juguete «equivocado» se lo quitan diciéndole «eso es para chicas/chicos».

Todas estas ideas que vamos enseñando a los niños se reflejan posteriormente en discriminación hacia los niños que han sido libres de jugar con lo que han querido y que por tanto son unos «mariquitas» o unas «marimachos». Además de mantener el problema de la violencia contra las mujeres, ya que la sociedad nos enseña que quien debe ostentar el poder en una relación es el hombre, y tiene derecho sobre la mujer. Por lo tanto es aceptable que se ejerza violencia sobre la mujer como forma de defender su posición.

Necesitamos liberarnos (y liberarlos) de los estereotipos que nos obligan a tener un determinado comportamiento y una forma de ser simplemente por el sexo al que pertenezcamos. De esta manera podremos ser iguales como personas ante los ojos de los demás y las etiquetas que nos bloquean y nos hacen sentir mal cuando hacemos algo propio del otro género no significarán nada.

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La importancia de la autoestima I

Como ya dije en una entrada anterior la autoestima es la imagen que tenemos sobre nosotros mismos, el valor que nos damos a nosotros mismos en base a diferentes aspectos. También vimos que la autoestima se va formando a lo largo de la vida en base a lo que recibimos de los demás. Principalmente en la infancia y más aún en la adolescencia la imagen que creamos de nosotros mismos refleja lo que opinan los demás sobre nosotros.

Sin embargo, y a pesar de que las opiniones que recibamos no sean positivas podemos mejorar nuestra autoestima por nosotros mismos. La mayoría de nosotros damos una importancia demasiado elevada al aspecto físico porque eso nos ha inculcado la sociedad, pero no valoramos el aspecto funcional.

Para poder mejorar nuestra autoestima es importante que valoremos todo lo bueno que tenemos y a todos los niveles, quizás poseemos cualidades que las personas de nuestro alrededor no valoran pero que realmente tienen un valor, o quizás alguna parte de nuestro cuerpo nos parece poco atractiva pero realiza su función adecuadamente.

Hace tiempo estuve trabajando con mujeres que padecían fibromialgia y aprendí de ellas que es importante valorar cada pequeña cosa que eres capaz de hacer. En el caso de las personas con esta enfermedad suelen tener muchos problemas de movilidad debido a los dolores que padecen, por ello es importante que, en su caso, valoren cada pequeña actividad que pueden realizar como ser capaces de dar un breve paseo. Esto mismo se puede aplicar a todas las personas, padezcan o no alguna enfermedad.

Además, nuestra autoestima es muy importante para nuestras relaciones sociales ya que la imagen que proyectamos a los demás depende mucho de la propia opinión sobre nosotros mismos. Por eso, os animo a que cojáis una hoja y escribáis todos los aspectos positivos que poseéis, conservadla y releedla de vez en cuando para recordaros a vosotros mismos cuántas cosas positivas tenéis. En otro post que haré más adelante os dejaré una pequeña guía de qué aspectos podéis valorar, por si os habéis dejado alguno.

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Taller de habilidades sociales y asertividad

Hoy os quiero presentar un taller que nuestro centro va a realizar en colaboración con la psicóloga Ainara López de Mendiguren. Los datos del taller están en el cartel que publicamos a continuación.

Como veis es un taller en el que trabajaremos en grupos reducidos de 8 personas, por las tardes. La edad es una referencia aproximada, así que si eres menor o mayor de la edad planteada pero te interesa participar en el taller, serás bienvenido, organizaremos los grupos de forma que sean lo más homogéneos posible.

Los datos de contacto de ambas psicólogas, los encontraréis en el cartel. En cualquier caso si tenéis alguna duda, aparte de los teléfonos que aparecen en el cartel podéis contactar a través de esta web o de nuestro correo electrónico info@psicologiasmr.es.