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Autoestima y comunicación asertiva

¿Qué es y cómo se desarrolla la autoestima?

En post anteriores ya hemos hablado sobre la autoestima y su impacto en nuestra vida a todos los niveles. Hoy queremos profundizar un poco más en ello explicando de nuevo qué es y cómo influye en nuestra forma de comunicarnos.

La autoestima es, dicho de forma genérica,  el amor a uno mismo o la valoración que hacemos de nosotros mismos. Nuestra autoestima será más alta o más baja en función de si esta valoración que hacemos es más positiva o más negativa. La autoestima parte del autoconcepto, que está relacionado con los diferentes ámbitos de nuestra vida. Estos ámbitos son nuestro aspecto físico estético y funcional, la forma de relacionarnos con los demás, nuestra personalidad, cómo nos ven los demás (partiendo tanto de lo que nos dicen como de lo que nosotros creemos que piensan), nuestro desempeño en el trabajo o los estudios, nuestro funcionamiento mental (capacidad para resolver los problemas, para aprender, etc.) y nuestra sexualidad.

La autoestima es algo que se va construyendo a lo largo de nuestras vidas, y que comienza en la infancia pero puede modificarse a lo largo de los años. Su construcción depende, en los primeros años principalmente de lo que nos digan y nos demuestren los demás. Por ejemplo, si a un niño se le dice que es muy listo y se le refuerza positivamente cuando realiza actividades de desarrollo intelectual; ese niño se verá válido y se sentirá seguro, por lo que realizará más ese tipo de actividad mejorando sus capacidades y confirmando lo que ya le han dicho. Además, al verse capaz se sentirá bien consigo mismo, con lo que su autoestima se elevará.

A partir del momento en el que empezamos a desarrollar nuestras capacidades de razonamiento y juicio, empezamos a hacer estas valoraciones nosotros mismos. Habitualmente comparamos nuestras habilidades con el grupo de iguales o con los estereotipos que nos ofrece la sociedad, y en función del parecido nos valoramos positiva o negativamente. Si partimos de una autoestima baja en la infancia, será más difícil hacer valoraciones positivas porque hay una tendencia a infravalorar nuestros éxitos y sobrevalorar los de los demás, que es lo que se ha aprendido de niños. Si nuestra autoestima es buena en la infancia, en esta etapa nos valoraremos más positivamente y seguirá aumentando.

Consecuencias de nuestro nivel de autoestima

Ahora bien, todo esto está claro que nos afecta a nosotros mismos y a cómo nos sentimos; pero, ¿qué influencia tiene en nuestra forma de comunicarnos y qué repercusión tiene ésta última? Cuando nuestra autoestima es baja tenemos tendencia a ser más introvertidos y a presentar un comportamiento más inhibido cuando nos relacionamos con otros. Esto tiene varias consecuencias; por un lado, al ser más introvertidos nos relacionaremos menos con los demás e intentaremos pasar desapercibidos, por lo que nuestro grupo de amigos será más reducido y nuestra relación con la mayoría de ellos será más superficial. Por otro lado, nuestro comportamiento inhibido afectará a la forma en la que nos comunicamos con los otros, de forma que mostraremos más fácilmente nuestra inseguridad y cederemos antes a las peticiones que nos hagan otras personas (incluso poniendo estas peticiones por encima de nuestros deseos o necesidades).

Sin embargo, si nuestra autoestima es alta seremos más extrovertidos, tendremos más relaciones sociales, nuestro grupo de amigos será mayor y tendremos tanto relaciones más superficiales como amigos más íntimos. Y en cuanto a nuestra forma de comunicarnos aprenderemos a ser más asertivos. La comunicación asertiva nos permitirá valorar cuándo atender a la petición de alguien y cuando no, hacer peticiones a otras personas de forma correcta (no exigiendo ni realizando acusaciones) y también a aceptar que nos digan que no a una petición que hagamos. Sería una forma de comunicación en la que te respetas a tí mismo y a los demás, sin necesidad de hacer cosas contra tu voluntad y sin faltar al respeto de los otros.

Por último, hay una tercera forma de comunicación, que sería la agresiva. En ésta depende más de los valores y creencias que tengamos que de nuestro nivel de autoestima; ya que en caso de autoestima baja puede ser una forma de defenderse aunque no se le haya atacado, y en el caso de una autoestima alta puede ser un deseo de demostrar que está por encima de los demás. Quien usa este tipo de comunicación no hace peticiones sino que exige que se haga, no acepta que le nieguen algo que ha pedido y suelen anteponer sus deseos a los de los otros y a las necesidades de los demás.

El hecho de que existan estos tres tipos de comunicación no significa que una persona se comunique el 100% de las veces de esa forma, sino que tiene una tendencia comunicarse más de un modo que de otro. Todos podemos tener los 3 tipos de comunicación, en función de la situación concreta, de la persona con la estemos hablando etc. Aunque como podéis observar, lo más correcto sería intentar comunicarnos la mayor parte del tiempo de forma asertiva.

Más adelante, os hablaré un poco más sobre los tipos de comunicación y qué podemos hacer para ir cambiando poco a poco nuestro estilo de comunicación por uno más adecuado. Además, os explicaré cómo nuestro estilo de comunicación nos puede ayudar también a mejorar nuestra autoestima.

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La forma de expresarnos y el poder de la mente

Hoy en día disponemos de multitud de formas de comunicarnos, tanto los medios tradicionales (cartas o llamadas telefónicas), como todo lo que las tecnologías nos ofrecen (e-mail, redes sociales, mensajería instantánea, etc.). Sin embargo, a pesar de haber tal cantidad de medios, muchas veces no nos paramos a pensar qué es lo que queremos decir o si lo que hemos escrito es realmente lo que estábamos pensando. En mi opinión, es tan importante el contenido que queremos expresar como la forma de hacerlo; ya que si no sabemos expresarlo adecuadamente probablemente no refleje lo que queremos decir o incluso pueda haber malentendidos.

Por otro lado, la forma que tenemos de expresarnos influye en quienes reciben el mensaje, y esta influencia puede ser positiva o negativa. Un mismo mensaje expresado con unas u otras palabras o en un tono u otro puede generar en la persona que lo recibe diferentes reacciones y sentimientos. Además, el vocabulario que usemos tanto al hablar con otras personas como al dirigirnos a nosotros mismos, también nos influye.

Pongamos un ejemplo: Si todas las mañanas nos levantamos y decimos: "vaya hoy tengo otro día horroroso por delante, tengo que trabajar mucho, encima no he dormido bien y seguramente esté lloviendo todo el día". Lo más probable es que empecemos el día de mal humor y con pocas ganas de hacer cosas. Sin embargo, aunque la situación sea la misma (que tengamos mucho trabajo, que hayamos dormido poco y que haga mal tiempo), si nos levantamos y buscamos la parte positiva (como pensar que el fin de semana tendremos tiempo para descansar, que podremos dormir un poco más y mejor, y que la lluvia no significa que al día siguiente no pueda hacer sol), nuestra actitud será mejor. Este es un ejemplo muy tonto, pero sirve para entender lo que quiero decir.

Esta misma influencia la vemos reflejada en nuestra autoestima, si nos lanzamos mensajes negativos a nosotros mismos, nuestra autoestima se verá dañada poco a poco cada vez más. De este modo, podemos ver que al igual que los mensajes con lenguaje negativo que nos dirigimos a nosotros mismos  nos "debilitan" de alguna manera, ocurre lo mismo con los mensajes que les mandamos a los demás. El lenguaje y las reacciones que nos provocan los mensajes recibidos son muy potentes y las consecuencias en referencia al bienestar psicológico están muy influenciadas por éste.

Pongamos otro ejemplo: Si a una persona que ha pasado por una situación traumática la llamamos víctima, de alguna manera le estamos diciendo que esa situación la supera, que es impotente ante esa situación, que no puede hacer nada para superarlo. Sin embargo, si a esta persona la llamamos superviviente, le enviamos el mensaje de que tiene la capacidad y la fuerza de sobreponerse a aquello que le ha ocurrido, que a pesar de todo, puede seguir adelante. Quizá parezca una tontería, pero la realidad es que de forma inconsciente nos acabamos adaptando (y comportando como las etiquetas que nos ponen).

Del mismo modo, y centrándome en mi propio ámbito de trabajo, a las personas que acuden a un psicólogo/a siempre se les ha llamado pacientes. Creo que no es una palabra adecuada por varias razones; en primer lugar paciente es alguien pasivo, es quien padece una acción externa, no es activo; sin embargo, en la consulta los psicólogos/as tratamos de dar herramientas y técnicas para que la persona tenga los recursos para superar la situación ella misma. Por lo tanto, la persona que acude a un psicólogo/a tiene que empezar a ser un agente activo para que la terapia funcione. Por otro lado, paciente siempre ha estado asociado a la medicina y esa asociación a su vez nos hace pensar en enfermedad. Es cierto que una parte de las personas que solicitan consulta en psicología pueden padecer enfermedades (trastornos de ansiedad, depresión, fobias, etc.), pero otra parte acuden debido a situaciones temporales que les impiden realizar su vida con normalidad (sin llegar al punto de ser un trastorno) o porque quieren mejorar algún aspecto de su vida o de ellos mismos (crecimiento personal). Por ello, no me gusta la palabra paciente para denominar a aquellas personas que acuden a mi consulta.

Como podéis ver, en mi opinión el lenguaje es muy importe para una comunicación adecuada, para expresar lo que realmente queremos, para hacernos entender y para que nuestras palabras generen en el otro la reacción que realmente buscamos. Es cierto que no podemos estar todo el día dándole vueltas a lo que vamos a decir o cómo lo vamos a decir, pero si que podemos hacer un cambio progresivo que no nos suponga reevaluar todo nuestro lenguaje de golpe. Por ejemplo, si usamos muchas palabras negativas (desastre, horror, terrible, etc.), podemos intentar reducir el número de veces que las decimos; también podemos intentar relativizar las cosas, palabras como "nunca", "siempre", "todo" o "nada" no suelen ser ciertas y podemos cambiarlas por "pocas veces", "a menudo", "bastante" o "apenas" dejando un margen a otras posibilidades. Estos pequeños cambios, pueden ir haciendo que poco a poco nuestra actitud sea más positiva, lo que a su vez, nos da fuerza para enfrentarnos a los retos diarios. Del mismo modo, podemos mandarnos a nosotros mismos mensajes positivos, que a largo plazo nos harán sentir mejor y aumentarán nuestra autoestima.

Así que te animo a intentarlo y comprobar si te funciona. En cualquier caso, si necesitas apoyo psicológico o quieres solicitar consulta conmigo para tratar algún problema no dudes en contactarme en el correo info@psicologiasmr.es o a través del Formulario de contacto de la web.

 

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La manipulación y el chantaje emocional

manipulacion

La manipulación y el chantaje emocional son una forma de comunicación en la que una de las partes, más o menos sutilmente, intenta convencer a la otra parte de hacer algo o de que la parte manipuladora es la que está en lo cierto mientras la otra está equivocada. Las personas que utilizan este tipo de comunicación suelen valerse de la relación afectiva que les une y usarla en su favor. Suelen utilizar frases que hacen sentir culpa a quien las recibe, del tipo "yo pensaba que eras mi amiga", "con lo que dices que me quieres no me esperaba esto de ti", etc. Suelen recurrir a sentimientos de decepción o de sentirse menos queridos por la otra persona para que ésta se sienta culpable y ceda, para conseguir su objetivo.

Hay personas que hacen esto de forma inconsciente y sin pensar realmente en lo que están haciendo, porque desde pequeños han aprendido a conseguir las cosas de esta forma. Para ellos es natural hacerlo así. Sin embargo, hay otras personas que lo han ido adquiriendo a lo largo de su vida debido a situaciones por las que ha podido pasar y que le han enseñado que, dependiendo de la persona con la que trates, es una forma fácil de conseguir lo que quieres sin tener que ceder en nada.

¿Por qué hay personas que manipulan de esta forma?

Como ya hemos dicho, hay quienes lo hacen de forma inconsciente porque desde niños han hecho las cosas de esta manera y otros porque las experiencias que han vivido les han enseñado que es una buena forma, incluso a veces fácil, de conseguir lo que quieren. Pero, ¿realmente qué hay detrás de todo esto? A veces, lo que nos encontramos detrás de esto puede ser una persona que no ha desarrollado la capacidad de defender sus ideas con argumentos lógicos y de peso que convenzan al otro. Otras veces, puede ser una disonancia cognitiva lo que mueve este tipo de funcionamiento.

La disonancia cognitiva es una incongruencia entre lo que pensamos y lo que sentimos. Por ejemplo, si estamos en una relación de pareja en la que nos encontramos a gusto pero nos empieza a llamar la atención otra persona. En este caso quizá queramos romper la relación actual y conocer a esa tercera persona, pero eso nos haría sentir mal. Pensamos que queremos estar con otra persona pero sentimos que no está bien. Una persona manipuladora en este caso haría y diría cosas que provocasen que su pareja actual fuese la que le dejase y no al revés. De esta forma se habría roto la relación "por culpa" de su pareja (y no por la suya propia) y sería libre para intentarlo con esa tercera persona.

Manipulación

¿Podemos evitar que nos manipulen?

Una vez sepamos que nos podemos encontrar este tipo de personas a lo largo de nuestra vida y en muchos ámbitos, nos podemos plantear qué podemos hacer nosotros para que no nos manipulen. Cómo podemos conseguir tener realmente capacidad de decisión y no tener que ceder siempre ante las exigencias de este tipo de personas para así llegar a un acuerdo que nos satisfaga a ambos.

Hay veces, que dependiendo de la situación no es posible llegar a un entendimiento con lo que las posibles opciones que nos quedan son o bien ceder y aceptar lo que el otro nos dice o pide, o negarnos por completo y que ninguno de los dos consiga lo que quiere. La primera opción no es muy buena para el que está siendo manipulado ya que queda a expensas de lo que quiera el otro, y la segunda opción puede traernos algún problema con la otra persona (una discusión, un distanciamiento o incluso la ruptura de la relación). En estos casos es importante valorar la situación y decidir si en ese caso concreto es mejor ceder o no, qué nos compensa más a largo plazo.

En la mayoría de las ocasiones sí podemos hacer algo. En mi opinión, la forma adecuada de abordar este tipo de situaciones es usando la asertividad. La asertividad es una forma de comunicación "intermedia", quiero decir que no es un comportamiento inhibido como sería el aceptar las condiciones que nos exigen ni una forma agresiva como lo sería la manipulación. La asertividad lo que pretende es que mediante la empatía y el ponernos en el lugar del otro, podamos expresar qué queremos, cómo nos sentimos respecto a la actitud de la otra persona y qué nos gustaría que hiciera o que no hiciera para sentirnos mejor. Esto dicho así suena un poco enrevesado así que os voy a poner un ejemplo para verlo más claro.

Qué podemos hacer para que no nos manipulen psicológicamente

Una persona quiere que le prestemos dinero y para ello recurre a nuestra amistad intentando hacernos sentir culpables, ante eso y dado que no queremos prestarle el dinero tendríamos que mostrarle la situación desde nuestro punto de vista. En primer lugar deberíamos realizar una escucha activa de su petición, sin interrumpirle ni cortarle y entendiendo qué es lo que nos pide. Luego al responderle debemos usar un lenguaje verbal claro y conciso, darle razones (y no excusas), ser positivo, usar la primera persona y no justificarnos (todo ello con un lenguaje no verbal adecuado, que no sea agresivo ni inhibido).

Otras opciones que tenemos para dar una negativa es pedirle algo de tiempo para pensarlo de modo que no nos pille desprevenidos y podamos darle una respuesta negativa con nuestras razones meditadas. Podemos también pedir más información acerca de la petición que nos hace, lo que puede hacer que cambiemos de opinión o que encontremos razones que fundamenten nuestra decisión. Por último, podemos ayudar a la persona a buscar otras soluciones diferentes con las que no tengamos que hacer lo que nos pide. En cualquier caso, nunca debemos justificarnos porque decir no es un derecho que tenemos.

Cambiar nuestra forma de responder ante estas personas lleva algo de tiempo, más o menos dependiendo de cómo sea nuestra forma actual de reacción. Pero con un poco de trabajo, podemos aprender a controlar nuestra reacción y con un poco más de tiempo también podemos ser capaces de identificar a estas personas antes de que lleguen a un punto en que nos resulte complicado ser asertivos y evitar la manipulación y/o el conflicto.

Más adelante publicaré algún otro post sobre la asertividad y alguna pauta para empezar a trabajarla. Hasta entonces podéis dejar vuestros comentarios, o contactar conmigo si tenéis alguna duda o queréis resolver algún problema.

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Familias reconstituidas

Este término hace referencia a aquellas familias en las que uno o ambos miembros la actual pareja tienen uno o varios hijos. Hoy en día esto ocurre relativamente a menudo ya que cada vez más parejas deciden separarse cuando no funciona la relación, tengan o no hijos.

El inicio de una familia reconstituida suele ser difícil ya que todos los miembros que la forman deben adaptarse a la situación. Habitualmente esta adaptación suele resultar más difícil para los hijos ya que el padre o madre sí ha podido elegir a la persona con la que formar esa familia y los hijos deben aceptar una nueva figura.

Esta adaptación al principio suele ser complicada ya que aunque la pareja tenga una buena relación no suele ser tan fácil con los hijos de sus pareja. Los hijos suelen tender a rebelarse contra el padrastro o madrastra, no obedeciendo a lo que esta persona les dice, diciendo que no puede mandarle ya que no es su padre o madre, etc. Si los dos miembros de la pareja actual tienen hijos puede ser beneficioso para la adaptación dependiendo de las edades de los niños y de su actitud frente a la nueva situación. Otras veces, lo que genera es más complicaciones.

Por todo esto, y porque para la pareja también resulta muy difícil llevar esta situación, lo mejor es ir dando pequeños pasos para que todos los miembros puedan adaptarse. Cuando la relación se convierte en algo serio y la pareja se plantea convivir, casarse o avanzar de alguna manera en la relación, lo ideal sería esperar un poco e ir ayudando a los hijos a hacerse a la idea. Es decir, cuando la pareja llegue a ese punto sería el momento de explicar a los niños que su padre o madre ahora está con otra persona, que esa persona le hace feliz y que quiere conocerles a ellos también. Es muy importante hablarles de forma que puedan entender la situación ya que si los niños son capaces de comprender la razón les resulta más fácil aceptar la nueva situación. Después, antes de convivir sería bueno para todos que de vez en cuando se juntasen todos los miembros de la futura familia para que los niños puedan conocer a la pareja, y en su caso a sus hijos. A partir de este punto, habría que ir avanzando en función de la adaptación que consigan los miembros de la familia, si apareciese algún problema con alguno de sus miembros lo recomendable es solucionarlo antes de dar ningún paso más.

A pesar de que toda esta adaptación vaya bien, cuando la familia conviva hay que seguir adaptándose a los cambios, ya que al igual que una pareja que no tiene hijos tiene que llegar a acuerdos una vez se van a vivir juntos, lo mismo tiene que hacer una familia reconstituida. Es muy importante la comunicación, establecer una serie de normas que han de cumplirse y para que no haya problemas futuros establecer los roles y quién puede tomar qué decisiones.

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Instrumentalización de los hijos en las separaciones

Cada día se separan parejas y matrimonios.

Esto como premisa no debería ser un problema, las relaciones no siempre funcionan como nos gustaría a veces simplemente no es la persona adecuada, otras hay algo más de por medio. Pero ¿qué pasa cuando en una relación de pareja que termina hay hijos?

En primer lugar creo que es importante que sepamos que no por mantener unida a la pareja los hijos van a estar mejor. Si los padres están todo el día discutiendo, peleándose delante de los hijos o incluso involucrándolos pidiendo que se posicionen de parte de uno de ellos será mucho más dañino para ellos que sigan juntos a que se separen. Por otro lado si la pareja tiene claro que no pueden seguir juntos y han intentado todo para poder mantenerse unidos (o uno de ellos está decidido a no seguir juntos) lo mejor es hacerlo cuanto antes y de forma definitiva. No es bueno dar falsas esperanzas a los hijos sobre que puede que vuelvan a convivir con sus dos padres.

Una vez dicho todo esto, lo ideal sería una ruptura “pacífica”. con esto quiero decir que lo mejor sería llegar a un acuerdo entre los padres de cuáles van a ser las condiciones de la separación, cómo van a organizar la custodia del hijo o hijos, etc. Lamentablemente, cuando la razón de la ruptura es una infidelidad por parte de uno de los miembros de la pareja o un hecho que el otro miembro interpreta como una traición es muy difícil poder llegar a este tipo de acuerdos y lo más habitual es la instrumentalización del hijo.

Instrumentalizar a un hijo quiere decir que uno de los miembros de la pareja utiliza al hijo como “arma arrojadiza” para hacer daño a la otra persona. Lo más típico en estos casos es no permitir que vea a hijo, convencer al hijo para que no quiera ver a la otra persona, hablar mal de la otra persona o contarle cosas que ha hecho la otra persona para hacerle daño (que no tienen por qué ser ciertas y que además no debería conocer de esa manera el hijo).

De esta forma, la persona que ha instrumentalizado al hijo consigue que éste no quiera ver al otro progenitor, o que aunque quiera no puede hacerlo; bien porque no se lo permiten o bien porque tiene miedo de hacer lo que, en ocasiones bajo amenazas, le ha prohibido el progenitor con el que convive.

Este tipo de situaciones suelen acabar en los Juzgados debido a los conflictos que genera y se trabaja con ellas a través de la mediación familiar que se gestiona desde el mismo Juzgado. Muchas veces uno de los progenitores sólo puede ver al hijo en los puntos de encuentro, otras se consigue una custodia compartida.

Por todo esto creo que si tenemos una relación de pareja que no funcione bien (sobre todo si hay hijos), lo mejor que podemos hacer tanto por nosotros mismos como por nuestros hijos es intentar solucionar ese problema cuanto antes y por todos los medios de que dispongamos. Y en caso de no poder resolverlo llegar a un acuerdo entre los miembros de la pareja para tener una ruptura lo más cordial que podamos para que los hijos no se encuentren confundidos y sufran lo menos posible con esa situación. También es importante explicar al niño la situación, hacerle saber que va a poder ver a sus dos padres, aunque ellos no estén juntos y que no es culpa suya que haya ocurrido esa situación.

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Comunicación en la pareja

La comunicación es muy importante en cualquier tipo de relación, pero todavía más si cabe en la de pareja. Las relaciones de pareja son muy íntimas y muy cercanas, por eso cuando no hay buena comunicación se ven muy afectadas. Para poder tener una buena comunicación es imprescindible que ambos miembros pongan de su parte, y ambos deben aprenden a hablar pero también a escuchar. Para que la relación de pareja sea satisfactoria para los dos miembros es importan que en primer lugar nos descubramos a nosotros mismos y seamos capaces de reconocer y asumir nuestras limitaciones. Ya que si sabemos en qué parte estamos fallando habremos dado un gran paso para solucionarlo.

Una vez hayamos llegado a este punto hay que aprender cómo deben decirse las cosas, lo mejor para comunicar una opinión o formular una queja ante otra pasada es ser asertivos. Esto significa que no podemos decir las cosas de forma agresiva, dando por hecho que nuestra versión del problema es la única posible pero tampoco podemos aceptar todo lo que se nos diga a pesar de que no pensemos así. Una forma de comunicación agresiva va a provocar en la otra persona la misma agresividad y lo único que obtendremos es una discusión en la que cada uno defenderá su punto de vista sin escuchar al otro (incluso insultándolo) y no lograremos ninguna solución. Si por el contrario aceptamos cada palabra que la otra persona diga a pesar de nuestra opinión, la otra persona creerá que la relación y la comunicación están bien pero aquella que no da su opinión no estará bien en esa relación.

La forma asertiva de comunicarnos consiste en expresar nuestra opinión, formular una queja, hacer una petición, etc. razonándolo, siempre respetando la opinión del otro, y en caso de ser una queja pidiendo un cambio concreto que nos gustaría que hiciera. Aprender a hacer esto de forma adecuada resulta difícil cuando estamos acostumbrados a comunicarnos de forma agresiva o pasiva. Esta forma de comunicarnos es la más adecuada independientemente de la relación que tengamos con la otra persona y es la mejor opción si queremos hacer una petición. Sin embargo, de la misma forma en que asertivamente hacemos una petición debemos saber rechazar la que nos puedan hacer y aceptar que rechacen una petición que nosotros hagamos.

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Relaciones de pareja

La personas somos animales sociales y por ello necesitamos estar en contacto con otros. A lo largo de nuestras vidas vamos creando diferentes tipos de relaciones: familiares, de amistad, con los compañeros de clase, laborales, amorosas, etc. Todas estas relaciones nos proporcionan bienestar y nos hacen sentir queridos. Cada persona es única y por eso la importancia de cada tipo de relación varía, además a lo largo de la vida también van cambiando conforme ampliamos nuestros círculos sociales.

Sin embargo, a pesar de estas diferencias, normalmente conforme nos hacemos mayores valoramos mucho la relación de pareja. Esto suele deberse a que a partir de cierta edad la mayoría de nuestros amigos tienen pareja y cuando nos juntamos acuden en ocasiones con esas parejas, nos distanciamos un poco de nuestras familias de origen para independizarnos y nos planteamos cómo queremos vivir nuestra vida en pareja.

Con todo esto en mente, la relación de pareja se vuelve muy importante y es necesario cuidarla. Muchas veces nuestras relaciones de pareja fracasan por no cuidarlas, por no prestar suficiente atención, por no comunicarnos bien con nuestra pareja, etc. Aunque también hay relaciones que se rompen por problemas más graves como el mentir constantemente a la pareja o comunicarse (uno o los dos miembros de la pareja) de forma agresiva, incluyendo insultos o amenazas.

A veces, estos problemas provienen de alguna dificultad individual de alguno de los miembros de la pareja (o de los dos). Puede haber problemas de inseguridad, de autoestima, no saber manejar adecuadamente sus habilidades sociales, etc. Pero todos estos problemas se pueden trabajar y podemos mejorar nuestras relaciones de pareja con un poco de esfuerzo para sentirnos mejor con nosotros mismos y más satisfechos con nuestra relación de pareja. Por eso, lo primero que debemos hacer es identificar el problema y a partir de ahí ver de qué forma podemos abordarlo. Luego hay que trabajarlo mucho en pareja, pero si ambos tenemos la intención de solucionarlo, solo es cuestión de tiempo y esfuerzo conseguirlo.

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La comunicación en la actualidad

Cada día gracias a la tecnología nuestras formas de comunicación se amplían: podemos hablar por teléfono, escribir y recibir mensajes de texto, comunicarnos por diferentes redes sociales, etc. y todo ello desde cualquier lugar y en cualquier momento, por lo que nuestra comunicación mejora ¿o no?

La verdad es que cada vez tenemos más formas de comunicarnos, pero creo que realmente nos comunicamos cada vez menos y peor. Hay muchas personas que viven más en internet que sus vidas reales, quienes estando con sus amigos en un bar no despegan la pantalla del móvil o quienes hacen toda su vida pública a través de las redes sociales.

Hoy en día desde muy pequeños los niños tienen móviles y no un simple teléfono que permita a los padres poder localizarlos si es necesario o a los niños llamar a sus padres si tienen algún problema, llevan teléfonos inteligentes o “smartphones” que están conectados a internet y tienen toda una serie de servicios que no son imprescindibles para un niño pequeño. Los niños deberían relacionarse entre sí a través de juegos creativos no de las aplicaciones que ofrece un smartphone. Los juegos tradicionales de los niños fomentan el aprendizaje, les enseñan a relacionarse con los demás y les proporcionan un medio de ser creativos. Todo esto es muy importante en los niños, pero también a los adolescentes y a los adultos nos beneficia no estar constantemente pegados a nuestros móviles. Muchos adolescentes, al no ser capaces de dejar de lado las redes sociales, se desconcentran cuando están estudiando, no prestan atención suficiente a las clases, etc. Y en cuanto a los adultos creo que se resiente nuestra capacidad de comunicarnos adecuadamente con los demás, no sabemos muy bien cómo enfrentarnos a ciertas situaciones en la vida real.

Creo que, como en todo, en su medida adecuada las nuevas formas de comunicación nos harían tener una mejor comunicación porque nos facilita el contacto con los demás, podemos hablar con otros, enviarles fotos, videos, audio, documentos, y muchas más cosas. Todo esto es muy útil, no sólo para nuestras relaciones personales sino también en el ámbito laboral. Sin embargo, es importante que seamos conscientes del uso que le damos a nuestro smartphone.

Así que por un día, dejad a un lado vuestro móvil, salid con amigos, quedad con vuestra pareja, haced alguna actividad que os guste o pasad un día en familia. Disfrutad de un día sin preocuparos por el móvil.

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La violencia en la sociedad

Hoy quiero hablaros de un tema que creo que es muy importante: la violencia. El significado de esta palabra es básicamente el mismo en todas las culturas, ahora bien, cada cultura incluye dentro de éste término unos actos determinados. Además, éstos actos pueden variar a lo largo del tiempo dentro de una misma cultura.

Normalmente parte de los actos violentos quedan reflejados en castigos por parte de la legislación del país. De este modo, los más graves quedan claros para toda la sociedad. Sin embargo, y a pesar de que cada vez somos más conscientes de qué es violencia y qué no, hay muchos actos que pasan desapercibidos y que se interpretan como normales cuando en realidad se está usando la violencia en ellos.

Dentro de estos actos podemos encontrar los primeros “problemas” en una relación en la que se da violencia de género, y que no por ser más sutiles son menos dañinos, también situaciones que podemos ver en el acoso escolar o laboral como el menosprecio del trabajo de uno o el ignorar a la persona; incluso en las relaciones normales entre familiares, amigos y pareja podemos encontrar momentos de violencia cuando estamos enfadados y nos enfrentamos verbalmente al otro.

Todo esto son actos violentos pero no a todos les damos la misma importancia, y creo que es importante que nos paremos a reflexionar si la forma en la que nos dirigimos a los demás es la más adecuada. Pienso, y por lo que he visto hasta ahora creo que así es, que un acto violento en un momento puntual puede servirnos para lograr lo que queremos, pero a largo plazo o bien las personas se alejarán de nosotros por ser violentos o bien acabaremos por no conseguir nada a través de ella. Por todo esto, creo que deberíamos re-educarnos y aprender a dirigirnos a los demás de una forma más adecuada, más asertiva.

Si os interesa leer sobre este tema y los estilos de comunicación creo que os podría resultar muy interesante el libro “Ratones, dragones y seres humanos auténticos”, en el que se aclara mucho la forma adecuada de comunicarnos con los demás.