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Nuestras elecciones y sus consecuencias

Decisiones. Continuamente estamos tomando decisiones, desde que suena el despertador por la mañana (¿me levanto? ¿me quedo 5 minutos más?) hasta que nos acostamos por la noche (¿a qué hora me voy a la cama? ¿veo un poco más la tele?) . Y todas y cada una de las decisiones que tomamos influyen en mayor o menor medida en nuestras vidas. Sin embargo, la mayor parte de ellas pasan desapercibidas ya que son decisiones cotidianas a las que no les damos demasiada importancia.

Por ejemplo, el caso del despertador que he comentado en principio es una decisión bastante sencilla y aparentemente sin importancia. Pero si la analizamos veremos que tiene implicaciones: si decido levantarme quizá me ponga de mal humor porque me gustaría quedarme un poco más en la cama pero iría muy justa de tiempo aunque levantándome me dará tiempo a hacer todo antes de salir; si decido quedarme 5 minutos más, seguramente tendré que vestirme y prepararme más rápido y quizá tenga que saltarme el desayuno pero habré disfrutado esos 5 minutos más.

Como podemos ver, en un ejemplo tan tonto como éste vemos que ambas decisiones tienen su parte buena y su parte mala; y en función de la importancia que tengan estas consecuencias elegiremos una opción u otra. Esto es así en todas las decisiones que hacemos aunque realmente no nos paramos a analizarlo en cada decisión que tomamos. Algunas decisiones las tomamos por un impulso momentáneo, otras las meditamos más. Esta diferencia tiene que ver con la importancia que percibamos tanto de la propia decisión que debemos tomar como de las consecuencias de la misma.

¿Y si no tomo una decisión?

Si no tomamos una decisión, realmente ya estamos tomando una: no elegir (o posponer la decisión). Hay casos en los que podremos decidir no decidir, y puede que otros decidan por nosotros; otras veces podemos no decidir algo pero a medio o largo plazo tenemos que tomar esa decisión. Con lo que al final en cualquiera de los casos no tomar una decisión tiene sus consecuencias: bien tener que aceptar lo que otros decidan o tomar una decisión definitiva más adelante. A veces, puede ser que pospongamos tanto una decisión que acabemos "no teniendo elección"; por ejemplo, si nos estamos planteando matricularnos en algún curso y lo posponemos demasiado por no querer decidir es posible que acabe pasandose el plaza de inscripción y no podamos realizar ese curso. Aparentemente en este caso no hemos podido elegir, pero en realidad hemos elegido no hacer ese curso, hemos pospuesto la decisión hasta que ya no podíamos matricularnos (aunque quizá haya sido una elección incosciente).

¿Es tan importante tomar decisiones?

Algunas decisiones serán importantes y otras no, depende de muchos factores. En primer lugar depende de la importancia que tenga para ti el tema sobre el que debes tomar una decisión. Si ese tema es importante para ti, seguramente pensarás más en qué decisión tomar buscando los pros y los contras. Por otro lado, también pueden influir las consecuencias que pueda tener para ti o para alguien que te importe el que tomes una u otra decisión. A veces, también puede ser que sea una decisión realmente difícil porque ambas opciones te parecen igual de buenas pero son incompatibles; en este caso sería bueno recurrir a las técnicas de toma de decisiones.